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Senegal, un país sin atentados pero al que el yihadismo mira de reojo

María Rodríguez

Dakar, 4 mar (EFE).- Senegal está fuera de los focos de los ataques yihadistas que sacuden África occidental y, especialmente, la región del Sahel, ya que nunca ha sufrido uno de esos atentados a diferencia de Malí, Burkina Faso, Níger, Costa de Marfil o Nigeria.

Sin embargo, los fundamentalistas sí vigilan con el rabillo del ojo a esta nación considerada una de las más estables del continente, pues, como afirma el periodista senegalés especializado en yihadismo Abdou Cissé, 'ningún país está a salvo'.

Para este experto, Senegal aún no ha sido objeto de ataque porque 'las autoridades se han tomado muy, muy en serio este asunto del yihadismo' y 'han comprendido muy rápido que había que ganar la batalla de los servicios de inteligencia', es decir, tomar en serio cualquier maniobra sospechosa y anticiparse a posibles complots.

No obstante, Cissé cree que otro motivo es que los grupos yihadistas que se mueven en el Sahel 'no se han focalizado en Senegal'.

Este país de África occidental comenzó a prepararse visiblemente contra un posible ataque poco después de los ataques contra hoteles y restaurantes frecuentados por occidentales en las capitales de la región en 2016, al implantar en esos establecimientos detectores de metales, cacheos individuales y el registro de bolsos.

Estas medidas ya se han normalizado en Senegal, donde, tras el arresto entre 2017 y 2018 de seis malienses supuestamente miembros de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) en Dakar, se supo que este país también había sido uno de sus objetivos cuando ese grupo perpetró en 2016 un ataque a un complejo hotelero en la popular playa de Grand Bassam en Costa de Marfil, que causó 16 muertos.

Aunque no ha habido, de momento, ningún atentado islamista en suelo senegalés, sí que algunos de sus ciudadanos se han unido a las filas de distintos grupos yihadistas e incluso se intentó crear un Estado islámico en el sur del país.

INTENTO FALLIDO DE UN ESTADO ISLÁMICO

En julio de 2018, el senegalés Makhtar Diokhané fue condenado a 20 años de trabajos forzados como ideólogo de una célula terrorista que pretendía instaurar un Estado islámico en Casamance (sur) o Kedougou (sureste), regiones que comparten las características de estar un poco aisladas y olvidadas por el Gobierno de Senegal.

Diokhané fue sentenciado durante el mayor juicio celebrado en Senegal en relación con el yihadismo y en él se procesó a otros 28 supuestos yihadistas senegaleses, de los cuales 14 fueron absueltos.

Los senegaleses procesados tenían vínculos con Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), el Estado Islámico en Libia, y Boko Haram en Nigeria en 2015, momento en que el entonces líder del grupo nigeriano, Abubakar Sekau, juró lealtad al Estado Islámico (EI).

Diokhané, quien recibió la pena más dura, había enseñado el islam a los yihadistas en Nigeria, contratado por Boko Haram por 1.500 euros al mes y considerado peligroso por las autoridades al ser el difusor de la ideología entre los jóvenes, explica Cissé.

Diokhané también tuvo un papel principal como mediador entre los senegaleses y Shekau.

Entre los yihadistas senegaleses relevantes existían varios reclutadores, uno que formaba parte del Estado Islámico en Libia y financiaba e influía en los jóvenes que iban a Libia o Nigeria y también un imán, Alioune Ndao, que no fue finalmente condenado por yihadismo por falta de pruebas.

Si bien Ndao tenía relación con jóvenes que partieron a Nigeria, el hecho de que no abriera un correo que le envío Diokhané le hizo parecer desconocedor de los hechos.

'Afortunadamente para él, no abrió el email donde le decían que enviaban a un grupo a Senegal y que él iba a ser su emir (jefe) a la espera de que saliera bien el proyecto de instalar un Estado islámico en Casamance o Kedougou', comenta a Efe Mamadou Bamba Ndiaye, exministro de Asuntos Religiosos que siguió de cerca el proceso judicial.

EL IMÁN SALAFISTA DE DIOURBEL

Según explica a Efe el periodista Abdou Cissé, las primeras detenciones de senegaleses implicados en grupos yihadistas comenzaron en 2015, y ocurrieron tanto en Senegal, como en Níger y Burkina Faso.

Pero el incidente que dio la voz de alarma de estos movimientos tuvo lugar en 2011, cuando un imán salafista de Diourbel (bastión de la cofradía senegalesa muridí) fue atacado y su mezquita quemada tras criticar una práctica del muridismo.

A partir de ese momento, jóvenes salafistas crearon un grupo de autodefensa para proteger a su jefe en caso de necesidad.

'En un principio no era para unirse a los grupos yihadistas, pero poco a poco, se vio que había concordancias entre sus prácticas y las influencias externas. No diría que todo el grupo se volvió radical, pero una buena parte adoptó esa ideología y algunos se fueron a Nigeria y otros a Libia', precisa a Efe Cissé.

EL SALAFISMO EN SENEGAL ES PACIFISTA

Senegal es un país mayoritariamente musulmán donde la mayoría es sufí, organizada principalmente en torno a cuatro cofradías, pero también hay salafistas y chiíes.

'En Senegal no tenemos un movimiento salafista homogéneo, están los más próximos al wahabismo de Arabia Saudí y otro próximo a los Hermanos Musulmanes', cuenta Cissé.

Entre las organizaciones más radicales en Senegal se encuentra el movimiento Al Falah y, según el experto, la mayoría de los que se han unido a los grupos yihadistas estuvieron antes en este movimiento.

Sin embargo, remarca, 'no ha habido en las mezquitas discursos que se acerquen al salafismo yihadista. El salafismo en Senegal no es un salafismo radical, es pacifista'.

Por su parte, el exministro de Asuntos Religiosos certifica que 'todo yihadista es salafista, pero todo salafista no es yihadista'.

'Si nos basamos en los que han partido, podemos decir que son jóvenes cuya mayoría ha frecuentado los grupos salafistas, pero que no han sido adoctrinados en el interior de esos movimientos. Han sido ellos mismos con la influencia de internet', explica Cissé.

JÓVENES FRUSTRADOS

Que esos jóvenes se radicalicen hasta el punto de plantearse entrar en el yihadismo se debe, según Ndiaye, a la desesperación.

'No hay mejor soldado que una persona desesperada, que piensa haber perdido todo y está preparada para morir', agrega el extitular de Asuntos Religiosos.

Para él, la primera frustración comienza en la escuela occidental, por donde pasaron la mayoría de los jóvenes que fueron procesados en 2018, aunque la dejaron 'para aprender el Corán'.

'La escuela no ofrece lo que se esperaba de ella, incluso desde el punto de vista del empleo, y piensan que han perdido muchísimo tiempo', añade Ndiaye.

EL ÚLTIMO EMBAJADOR DE BOKO HARAM

En octubre del año pasado, la División de Investigaciones Criminales (DIC) de Senegal arrestó a un hombre que dijo ser embajador del líder de Boko Haram.

Llamado Muhammed Adamu, reconoció haber frecuentado a Makhtar Diokhané y a uno de los combatientes senegaleses en Nigeria y reclutador de Boko Haram, según indicó la prensa local.

No obstante, desde entonces, no se han conocido detalles sobre este nuevo caso.

'La situación ahora está más calmada -concluye el exministro-, pero eso no quiere decir que todos los elementos hayan desaparecido. Yo siempre pido más vigilancia, rigor y seguimiento'. EFE

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