Sin himno, sin ruido, pero una Champions
Carlos García
Lisboa, 13 ago (EFE).- El Atlético de Madrid no es lo mismo sin su número 12, pero al 'profe' Ortega no le impide calentar desde una hora antes al once inicial. Con él, el orden es del Atlético, frente a unos jugadores del Leipzig que realizan ejercicios de forma más anárquica, bajo la mirada espía del Mono Burgos.
Intensidad, intensidad, se le escucha desde la banda a Ortega, mientras, con la mascarilla sobre la boca, se acerca a cada jugador sin mantener distancia social alguna para imprimirles bravura.
Son los cuartos de final de una Liga de Campeones única, donde el himno no desata la locura entre las aficiones tras sonar minutos antes del pitido inicial.
Llama la atención que, tras la sintonía de la Champions, algunos periodistas y los propios jugadores suplentes aplaudieran como si ellos fueran los aficionados.
La única sintonía de fondo, la de Carlos Martínez, Maldini o Valdano y las locuciones de los periodista radiofónicos de España y Alemania.
Antes del partido, la piña formada por los colchoneros en la medular para concienciarse de que sólo vale ganar, la frase más repetida del Cholo en los últimos días.
A la primera de cambio, en el minuto 13, el subconsciente le traicionó al 'profe' Ortega que saltó del banquillo para pedirle a la grada que protestara una falta sobre Carrasco. Se dio cuenta tarde y cambió la mirada hacia los suplentes, a los que arengó para que alzaran la voz.
Para el Atlético, jugar sin su '12' es un factor muy en contra, especialmente cuando recibieron al inicio del segundo tiempo el 0-1. Era el momento de los ánimos de la hinchada rojiblanca, que fueron sustituidos por un sonoro 'vamos, vamos' de Diego Simeone, que giró el gesto hacia Joao Félix y Lemar, que calentaba en la banda.
La intensidad dentro del campo es la misma, es un partido de Champions, pero la grada incolora y sin sonido aplaca los ánimos de unos y otros.
Algo le dijo Simeone a sus staff técnico y a los suplentes durante el descanso, ya que en la primera mitad sólo se oían animar a los alemanes y tras el descanso el Atléticos rugieron mucho más.
Hay una componente del fútbol que no se puede crear sin el aficionado, el sonido ambiente de cada afición, la sintonía de cada equipo. Y en Lisboa se echa mucho de menos, sobre todo en esos momentos en los que se exacerba Simeone y es coreado por la hinchada rojiblanca.
El único que lo agradece, el árbitro, porque no es lo mismo mostrarle una tarjeta a Lodi por simular penalti, sin la presión de una ensordecedora protesta que hubiera provocado entre los atléticos. EFE

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