Tras la puerta de un juzgado de violencia machista en España
Berta Pinillos
Madrid, 25 nov (EFE).- Son cerca de las 10.00 horas de la mañana en un juzgado de violencia de género en España. Empieza el primer juicio rápido por malos tratos y preguntan a la mujer si quiere contar lo que ha sucedido, pero ella renuncia a hacerlo. No es extraño que ocurra, casi es habitual. '¿Quiere contarnos lo que ha sucedido?', le pregunta la jueza, a lo que ella responde: “No puedo, le quiero'.
Es un día cualquiera en un juzgado de Violencia sobre la Mujer de Madrid. Su titular, la magistrada María Jesús López, explica a Efe que le espera por delante una mañana relativamente tranquila, que no suele ser lo normal, con seis juicios rápidos de agresiones denunciadas en las últimas 48 horas. En solo dos de ellos finalmente ellas deciden hablar.
Según los últimos datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) español, correspondientes al segundo trimestre del año, las víctimas de violencia machista que rehusaron declarar en España fueron 4.231, un 33,89 % más que hace un año.
No obstante, pese al incremento, acorde con el experimentado por el número total de víctimas, la ratio de mujeres que se acogieron a la dispensa fue muy similar al de hace un año: 10,53 víctimas por cada cien casos frente a las 10,31 de cada cien en el mismo periodo de 2020.
DENTRO DEL JUZGADO
Nada más llegar al juzgado la magistrada revisa los juicios rápidos tienen que celebrarse en la jornada. El primero tiene como protagonistas a dos jóvenes que no tienen más de 30 años. Primero entra ella, afirma que mantiene una relación sentimental con el detenido y rechaza declarar.
López le insiste: “¿No está coaccionada?”. Asegura que no y abandona la sala. El detenido sí opta por contar su versión de los hechos. Según él, no son pareja, y la noche anterior tuvieron una discusión en la que ella le amenazó y él la tuvo que agarrar para que se calmara. 'Soy superpacífico', dice.
Sin parte médico de lesiones, sin declaración de la víctima, el fiscal pide el sobreseimiento ya que, además, un testigo que ha declarado no ha aportado 'nada relevante'. La jueza sobresee el caso.
En el segundo, la mujer no se presenta y el detenido se acoge a su derecho a no declarar. En el tercero, la denunciante sí expone su versión de los hechos y a través de su abogado pide una orden de protección. Relata que nunca ha sido agresivo, pero el día anterior tuvieron una discusión y le arañó la cara. Aporta además varias conversaciones por WhatsApp que considera vejatorias.
La versión de él dista mucho de la de ella. No hay parte de lesiones. El fiscal considera que no hay riesgo para la mujer y pide que siga el caso, pero por un delito leve de vejaciones por los mensajes de WhatsApp.
En otro de los juicios, una mujer joven declara contra su presunto agresor, con quien tiene un hijo en común. Aunque la jueza no acuerda orden de protección porque no hay situación objetiva de riesgo, sí procede a continuar la causa.
CIRCUITOS DIFERENCIADOS Y MENORES
Las dependencias judiciales situadas en la capital de España están organizadas de forma que la víctima no tenga que cruzarse en ningún momento con el acusado; hay circuitos diferenciados. Los que están detenidos llegan directamente desde los calabozos que hay en el edificio. Es una de las medidas del Pacto de Estado contra la Violencia de Género aprobado en el Parlamento español en 2017.
Otra de las disposiciones que incluye el Pacto es habilitar 'instalaciones amigables en los juzgados para atender a los niños y niñas víctimas', como las que tienen estas dependencias judiciales madrileñas.
La sala conocida como cámara Gesell, explica la magistrada López, sirve para tomar declaración a los menores de 14 años 'de la manera que menos victimización produzca' y ello es posible gracias a que está formada por dos habitaciones anexas unidas por un espejo espía.
En los juzgados madrileños existe también la 'sala diver', una estancia de espera llena de juguetes y dibujos, similar a una clase de escuela infantil, indicada para los niños que vienen acompañando a las madres que han denunciado y tienen que declarar, pero también cuando ellos mismos tienen que hacerlo.
'Es un espacio para que desconecten del lugar y la situación por la que viene la mamá. Intento sobre todo jugar con ellos, que se lo pasen bien. Que todo sea lo menos traumático posible', detalla Alba, la educadora que los atiende.
En la jornada en la que estuvo presente EFE ningún niño tuvo que declarar, aunque las puertas de la sala siguen abiertas porque los casos de maltrato, lamentablemente, no cesan. EFE
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