Turquía acelera su plan para influir en la creación del nuevo Ejército libio
Mohamad abdel Kader y Javier Martín
Trípoli, 21 mar (EFE).- Turquía ha comenzado a dar pasos para la reconstrucción del Ejército libio, un proyecto con el que pretende lograr dos objetivos: arrinconar al mariscal Jalifa Hafter, el poderoso tutor del gobierno no reconocido en el este de Libia, y eliminar el obstáculo con el que han colisionado todos los esfuerzos de paz previos: el enorme poder de las milicias.
Un plan que parece perseguir también un tercer afán soterrado: afianzar la presencia económica, política y militar turca en Libia, que arrancó en 2019 primero con el envío de drones y otro material bélico y después con el despliegue de mercenarios reclutados en Siria y el envío de sus propios militares, adscritos en calidad de consultores a las fuerzas bajo el mando del Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU en Trípoli (GNA).
Dos semanas atrás, un dividido GNA aceptó nombrar a un nuevo ministro de Defensa, Salah Al Din Al Namroush, un hombre con estrechos vínculos con Ankara, quien días después firmó con su colega turco el acuerdo para remodelar las Fuerzas Armadas.
ARMAS Y ENTRENAMIENTO TURCO
'La cooperación con Turquía comenzó mucho antes del plan ahora acordado' Pretende 'establecer un Ejército de acuerdo con los estándares Internacionales', explicó Al Mamroush este domingo en un comunicado.
'Esto incluye la reestructuración de las fuerzas armadas y las unidades de contraterrorismo y operaciones especiales. Esperamos realizar el primer entrenamiento” en breve, agregó.
Según la nota, 'el Ejército turco proporcionará asistencia, según el modelo que se utilizó en el entrenamiento del Ejército azerbaiyano, y se espera que los asesores militares turcos proporcionen entrenamiento y asistencia logística en cooperación con Catar', país con el que también se firmó un tratado similar en agosto.
De acuerdo con el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, desde diciembre de 2019 Turquía ha enviado a Libia a más de 10.000 mercenarios reclutados entre grupos de oposición sirios para hacer frente al cerco a Trípoli levantado por Hafter en 2019.
Además, ha ocupado bases como la de Al Watiya, en la frontera con Túnez, y desplegado cientos drones artillados clase Bayraktar, de fabricación turca.
Asimismo, oficiales y agentes de Inteligencia turcos se han introducido a la estructura de mando de los ministerios de Interior y de Defensa tanto en Trípoli como en la ciudad-estado de Misrata, su principal aliado.
REDUCIR EL PODER DE LAS MILICIAS E INCORPORARLAS A LA NUEVA ESTRUCTURA
Uno de los puntos más controvertidos del plan, a detalles del cual tuvo acceso Efe, es el de incorporar a la nueva estructura a las decenas de milicias locales que se formaron en el país tras revuelta que en 2011 acabó con la dictadura de Muamar Al Gadafi y que fuertemente armadas, con arraigo en las comunidades -a las que ofrecen trabajo y protección- y un férreo sistema de solidaridad tribal, se han convertido en el principal escollo para la reunificación y en un factor decisivo de inestabilidad.
'El desarme de las milicias ha sido la principal razón del fracaso de los intentos emprendidos por la ONU, como el acuerdo de Sjirat' de 2015 que propició el nacimiento del GNA -una entidad no electa- y agudizó la división en el país, explica a Efe un asesor militar europeo en Túnez.
'Ante la complejidad, se ha puesto siempre en segundo plano pensando que el tramo político prevalecía, que se podría afrontar desde un gobierno unido. Pero los acontecimientos de estos cinco años demuestran lo contrario', agrega el oficial, que por razones de seguridad prefiere no ser identificado.
Una barrera que parecen dispuestos a afrontar, sin embargo, Turquía y Rusia, las dos países que lideran ahora los esfuerzos en Libia.
DESACTIVAR A HAFTER
Las negociaciones fomentadas por la ONU en 2015 naufragaron, asimismo, por la insistencia en que Hafter renunciara a la jefatura del antiguo Ejército Nacional Libio (LNA) y la negativa de éste a hacerlo.
Desde entonces, Hafter ha desarrollado una estructura militar más cohesionada, ganado terreno y asumido el control de los cruciales recursos energéticos, hasta poner incluso cerco a Trípoli, apoyado por Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Sudán y Rusia, que le ha proporcionado tanto mercenarios como armas pese al embargo de la ONU que pesa sobre el país.
Hafter y el viceprimer ministro del GNA, Ahmad Maiteeg, anunciaron la pasada semana un acuerdo para reanudar la producción petrolera, bloqueada por las fuerzas del mariscal desde febrero pasado.
Un pacto que el controvertido Al Namroush dijo el domingo no aceptar, decidido como la ONU en 2015 a la ciclópea tarea de sacar al mariscal de la ecuación.
'El GNA no puede aceptar participar en ninguna iniciativa con Hafter.... pero está abierto a cualquier diálogo político que no lo incluya', subrayó. EFE

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