Turquía gana peso en el conflicto libio
Mohamad abdel Kader y Javier Martín
Trípoli/Túnez, 5 feb (EFE).- La sorprendente victoria hoy de la lista liderada por el controvertido diplomático libio Muhammad Al-Manfi, un hombre conocido por su cercanía a Turquía, supone una ruptura del equilibrio tradicional de poder que existe en Libia desde el inicio en 2014 de la guerra civil y se perfila, a priori, más como una posible fuente de disenso que una vía hacia la conciliación, según diversos expertos.
Al Manfi, nacido en 1976 y doctor en ingeniería por la universidad de Tobrouk (este) ejerció como embajador en Grecia del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) sostenido por la ONU en Trípoli (GNA) hasta que en 2018 fue expulsado acusado de trabajar en favor de Ankara.
De vuelta a Libia, el político asumió diversos puestos en el seno del gobierno y del llamado Consejo de Estado, una especie de Senado creado por la ONU en 2015 para tratar de eludir la división y salvar el proceso de paz impulsado por el entonces enviado especial, Bernardino León.
Junto a Al Manfi, que será el presidente del Consejo Presidencial que debe conducir el país hasta las legislativas previstas el 24 de diciembre, fueron elegidas otras dos figuras del sur y el oeste de Libia con estrechos lazos con Turquía: Mousa al Kouni, originario de la ciudad meridional fronteriza de Ubari y diplomático en tiempos de la dictadura de Muamar al Gadafi, derrocada en 2011.
Y Abdullah Al-Lafi, representante de la ciudad de Zawiya -uno de los principales trampolines de la migración irregular a Europa- y uno de los políticos más beligerantes en contra del mariscal Jalifa Hafter, tutor del Gobierno no reconocido por la comunidad internacional en el este y hombre fuerte del país.
La nuevo Ejecutivo lo completa el millonario Abdul Hamid Dbeibah, un empresario formado en Toronto procedente de la ciudad-estado de Misrata, antigua colonia turca con lazos actuales muy estrechos con Ankara y enemiga acérrima de Hafter.
Dbeibah, fundador del Movimiento Futuro en Libia, tendrá la misión de devolver la normalidad al pueblo libio, asfixiado por el impacto de la Covid-19, los efectos de diez años de guerra y la escasez de comida, electricidad, agua corriente, seguridad y otros productos básicos.
RUPTURA DEL STATUS QUO
La candidatura liderada por Al Manfi derrotó por escaso margen a la que encabezaba el presidente del Parlamento electo en Tobruk, Aquilah Saleh, cercano al mariscal Hafter y uno de los políticos más poderosos e influyentes del este de Libia.
Saleh partía favorito en una candidatura que incluía a otros pesos pesados de la política libia en los últimos años, como Osama Abdul Salam Juwaili, uno de los cabecillas militares que lideraron la resistencia en Trípoli al asedio levantado en abril de 2019 por Hafter y Abdul Majeed Ghaith Seif Al-Nasr, representante del sur y cercano igualmente al gobierno en el este.
A ellos les acompañaba el ministro de Interior del GNA, Fathi Bashaga, un hombre con fuertes lazos tribales en Misrata, clave igualmente en la resistencia de Trípoli pero que en los últimos meses se había distanciado de Ankara para acercarse a París.
RIESGO DE NUEVA INESTABILIDAD
'Este nuevo gobierno hará que sea más difícil cerrar la brecha entre el este y el oeste', asegura el Jalel Harchaoui, investigador principal para el norte de África del centro de análisis geopolítico 'Global Initiative'.
El experto cree que pese a que Al Manfi procede del este, los líderes tradicionales orientales y las tribus de la Cirenaica no se sienten representados en el nuevo gobierno, y que existe 'un sentimiento de frustración' que aventura una difícil travesía.
Harchaoui coincide con otros expertos locales e internacionales que la resolución de este proceso, ampliamente criticado incluso antes de que concluyera este viernes, puede socavar aún más la frágil tregua en la que desde octubre se sostiene a duras penas.
'La elección no ha gustado en el este, pero tampoco en el oeste donde numerosas milicias han dicho durante las últimas semanas que no reconocen la legitimidad de un foro desiganado por la ONU sin consultar a los libios', explica a Efe un analista de inteligencia de un estado europeo afincado en Túnez.
'El resultado puede hacer que algunos en el oeste tampoco acepten el resultado y vuelvan a abrir las hostilidades en el golfo de Sirte. La tregua es muy frágil, los intereses cruzados muchos y la guerra un negocio muy lucrativo. No se puede decir que el nuevo gobierno comience su andadura con muchos apoyos, por muy contenta y confinada que se exprese la ONU', agregó el experto, que por seguridad prefirió no ser identificado. EFE
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