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Una campaña electoral con promesas inviables y mal organizada en Irán

Artemis Razmipour

Teherán, 16 jun (EFE).- Los candidatos presidenciales de Irán han intentado atraer este viernes a las urnas a los decepcionados ciudadanos con promesas astronómicas, durante una campaña electoral limitada por la covid-19, principalmente televisada y caótica en su organización.

Los tres debates electorales celebrados en la televisión estatal han sido el centro de la campaña, junto a encuentros de los candidatos con distintos sectores económicos y sociales del país, ruedas de prensa y algún acto para los seguidores.

Con el fin de ganar votos y conscientes de que los ciudadanos atraviesan serios problemas económicos, los aspirantes a la Presidencia se han dedicado a prometer ayudas en muchos casos aparentemente inviables.

SUBSIDIOS Y VIVIENDAS ECONÓMICAS

Mohsen Rezaí, secretario del Consejo de Discernimiento y antiguo comandante de la Guardia Revolucionaria, garantizó el pago de 4,5 millones de riales mensuales (equivalente a unos 15 euros o 18 dólares en el mercado libre), lo que implica multiplicar por ocho el subsidio que se otorga a las clases bajas.

El clérigo ultraconservador y actual jefe del Poder Judicial, Ebrahim Raisí, que es el favorito, prometió un plan de construcción anual de un millón de viviendas a precios reducidos con el objetivo de animar a los jóvenes a contraer matrimonio.

Unas medidas que el candidato moderado y exgobernador del Banco Central, Abdolnaser Hematí, calificó de 'demagógicas' en uno de los debates televisados, en los que fue el principal blanco de las críticas de los conservadores.

'No están informados de la situación del país, yo que soy consciente digo que estas promesas no se cumplirán', subrayó Hematí, quien aseguró que con su gestión se logrará un crecimiento económico del 5 % (frente al 2,5 % que estima el FMI para este año).

Todos los candidatos han reconocido con unanimidad que existe una 'amplia corrupción' en el sistema del país y han asegurado que van a erradicar esa lacra con el objetivo de lograr la confianza de la población.

LAS MUJERES Y LAS RESTRICCIONES

Además de las promesas económicas, los candidatos han abogado durante la campaña por eliminar ciertas restricciones, en un país donde imperan estrictos códigos de vestimenta islámica para las mujeres, está prohibido el alcohol y muchas redes sociales están bloqueadas.

La iniciativa de Hematí de mandar a su mujer a un programa televisivo para captar apoyo y mostrar una visión más abierta fue copiada incluso por algunos de los candidatos conservadores, que en general defienden las restricciones existentes en el país.

Por ejemplo, Raisí indicó en uno de los debates que las denominadas 'patrullas de orientación', dedicadas a detener a las mujeres que no respetan los códigos de vestimenta islámicos, vigilarán a 'los directores', dando a entender que no perseguirán a la gente en la calle sino a los responsables y funcionarios.

Hematí fue más allá y prometió 'eliminar las restricciones sociales impuestas a los jóvenes y las mujeres', criticando la intervención del sistema en la vida privada de la población y la censura en la música y el arte.

Además, todos los candidatos se mostraron 'opuestos a la filtración de internet', algo que fue recibido con sorna por los internautas iraníes haciendo viral el tema en redes sociales.

UNA CAMPAÑA SIN BRILLO NI BUENA ORGANIZACIÓN

Una evidente frialdad ha dominado el ambiente electoral en estas presidenciales debido a la apatía de los ciudadanos y a que los protocolos sanitarios para controlar la pandemia de la covid-19 impidieron actos multitudinarios.

No ha habido por tanto mítines electorales, salvo un par de eventos con seguidores a los que asistió Raisí en la ciudad suroccidental de Ahvaz y en Islamshahr, a sur de Teherán, que fueron duramente criticados por otros aspirantes.

Raisí en Teherán visitó la bolsa de valores y el Gran Bazar, mientras que el exnegociador nuclear Said Yalilí acudió a un centro cultural para hablar con jóvenes y Hematí ofreció una rueda de prensa.

Los escasos actos de campaña estuvieron muy mal organizados, con convocatorias canceladas en el último momento, cambios de localización o eventos en los que se prometía la asistencia del candidato pero este no aparecía.

Ese fue el caso de un mitin en la plaza teheraní de Haftetir, donde se reunieron esta semana entre 200 y 300 personas con banderas de Irán y fotos de Raisí, separados por una valla hombres y mujeres, que esperaron varias horas sin que se produjera la aparición del clérigo.

Los debates televisivos no tuvieron tanta audiencia como en rondas pasadas, cuando las calles se vaciaban notablemente de gente. En esta ocasión, incluso en muchas tiendas los televisores estaban apagados y uno de los comerciantes dijo a Efe que prefería 'no perder el tiempo escuchando mentiras'. EFE

ar-mv/hma

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