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Una escultura imperial confirma la importancia de la Córdoba de la era romana

Álvaro Vega

Córdoba (España), 6 oct (EFE).- La reconstrucción de un torso destinado al culto al emperador romano César Augusto confirma la dimensión y características de Córdoba (Andalucía, sur de España) como ciudad en el Imperio Romano, donde estaba, en relación a Roma, en el mismo nivel que hoy tienen en Europa capitales como Madrid, Barcelona o Londres.

Esta es la conclusión a la que ha llegado Massimo Gasparini, investigador de la Universidad de Córdoba y arqueólogo por la de Urbino (Italia), tras analizar el proceso de investigación de la escultura que representan a un Augusto divinizado, una vez restaurada.

Para Gasparini, “Córdoba era una de las ciudades más importantes del mundo romano, estaba al nivel del actual Madrid, Barcelona o Londres” y, como consecuencia, exhibía los atributos propios de esta dimensión.

La escultura representa a un personaje masculino sedente, de tamaño mayor que el natural, al que le faltan la cabeza, que iría labrada aparte, los brazos, la pierna derecha y la mitad de la pierna izquierda. Está elaborada en mármol de la isla griega de Paros, material que facilitaba el trabajo de los artistas.

La pieza es antecedente del comercio en Europa. El material procede de un lugar, Paros, se elabora en otro, Roma, y se termina e instala en un tercero, Córdoba.

En una entrevista con Efe, el arqueólogo italiano destaca que esta singularidad no era extraña en la época. “Era muy normal que se pudiera importar productos u obras de la mejor calidad a nivel internacional según la dimensión del Imperio Romano en ese tiempo”, explica.

El proceso fue el habitual. La escultura fue realizada en Roma y enviada desmontada a Córdoba, donde hubo que rebajarle el hombro en la parte trasera para colocarla en el trono donde iba ubicada.

La complicación de este comercio tampoco era tal pese a que se desarrollase en la dimensión del Imperio Romano. “Podemos tener una idea equivocada”, señala Gasparini, ya que “en barco, el traslado de la pieza podía tardar cinco días, una semana como mucho”.

El encargo probablemente se hizo por correo, 'un sistema estructurado según una serie de estaciones donde los carteros podían descansar y cambiar de caballo'. De una punta del Imperio a otra, 'el correo más importante, el que pertenece a la administración central del estado, podría llegar en tres o cuatro días”, explica el arqueólogo.

Otra peculiaridad de la escultura es que las cuatro piezas que han sido ensambladas para su reconstrucción, no fueron halladas conjuntantemente, aunque sí se sabe que estuvieron juntas en la primera mitad del siglo I después de nuestra Era, durante el reinado del emperador Claudio.

“No se puede imaginar lo complejo que puede ser estudiar una escultura dividida en distintos puntos de la ciudad”, afirma Gasparini.

César Augusto fue el primer emperador que tuvo Roma. Se convirtió en el sucesor de Julio César en el año 44 a.C y tuvo un papel preeminente en la integración de Hispania dentro de aquel gran Imperio de la Antigüedad, gracias al respeto a las costumbres y tradiciones del pueblo hispano.

En toda su trayectoria como máximo dirigente del Imperio Romano visitó en tres ocasiones Hispania, donde llevó a cabo una profunda renovación sus ciudades además de articular una red de calzadas que las unían.

Ciudades españolas como Mérida (Extremadura, suroeste), Zaragoza (Aragón, noreste), Tarragona (Cataluña, noreste) o Cartagena (Murcia, sureste) conservan gran parte de su legado.

Tras su muerte, y gracias a la gran labor que había realizado, el pueblo pidió que se le divinizara, por lo que el nombre de Augusto sería utilizado como título por los siguientes emperadores.

nac-ajs/alf

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