Yibuti vota a su presidente en unas elecciones sin ningún suspense
Nairobi, 9 abr (EFE).- La normalidad marcó hoy las elecciones presidenciales en Yibuti, en las que el jefe del Estado, Ismail Omar Guelleh, que dirige el pequeño país del Cuerno de África desde 1999, aspira a un quinto mandato de cinco años sin casi ninguna oposición.
Unos 215.000 electores -de los 990.000 habitantes de Yibuti- estaban llamados a las urnas, que abrieron a las 06:00 hora local (03:00 GMT) y deben cerrar a las 19:00 hora local (16:00 GMT).
'La votación va por el buen camino a pesar de que no hay mucha gente hasta ahora, son las 08:35 (horas)', declaró Iba Dohma Ibrahim, presidente del colegio electoral de Balbala, uno de los barrios más populosos de la ciudad de Yibuti, capital del país.
'Esto es normal porque los viernes la gente no se levanta temprano en Yibuti', agregó Ibrahim, citado por el portal de información panafricano Africa Global Village.
Tras el cierre de las urnas, la Comisión Electoral podría anunciar esta misma noche el resultado de los comicios.
En la capital ejerció su derecho democrático Guelleh, de 73 años. 'He votado. Esta mañana fui al colegio electoral con la familia para ejercer mi derecho. ¡Feliz votación a todos!', escribió el mandatario en su cuenta de Twitter sobre unas elecciones boicoteadas por los partidos de la oposición tradicional.
Dada la ausencia de la oposición, que sostiene que los comicios no serán ni libres ni transparentes, el gobernante se enfrenta a un único adversario en la carrera presidencial: el empresario Zakaria Ismail Farah, de 56 años y un desconocido para el gran público.
Farah, dedicado a la importación de productos de limpieza y que se postula por el Movimiento para el Desarrollo y el Equilibrio de la Nación Yibutí (MDEND, en sus siglas en francés), es considerado por los analistas como un rival sin opciones de vencer a un líder que lleva más de veinte años en el poder.
Guelleh, jefe de la Concentración Popular por el Progreso (RPP, en sus siglas en francés), partido que domina la política nacional desde 1979, cerró este miércoles la campaña electoral con un multitudinario mitin en el Estadio Gouled de la ciudad de Yibuti.
LA INTEGRIDAD DE LOS COMICIOS, BAJO SOSPECHA
'Un país se construye piedra a piedra, las elecciones de hoy harán nuestro mañana', dijo el presidente, conocido por sus siglas IOG, en un discurso dirigido especialmente a la juventud, porque 'es a ella a quien beneficiarán todas nuestras acciones'.
Farah, que cree que 'ya es hora de reaccionar' contra el jefe del Estado y se presenta como 'abanderado de los pobres yibutíes', celebró mítines modestos en la campaña, aunque no desarrolló ninguno en la última semana debido, según él, a la falta de seguridad.
El dirigente opositor Daher Ahmed Farah, líder del Movimiento para la Renovación Democrática y el Desarrollo, cuestionó este jueves la integridad de las elecciones.
'Mañana (viernes) en Yibuti, el dictador Ismail Omar Guelleh se reelige a sí mismo. Un no evento. A esto, la respuesta de la inmensa y sufrida mayoría de Yibuti es obvia: permanecer en casa', aseveró Ahmed Farah en Twitter.
El quinto mandato de Guelleh debería ser el último, según una reforma constitucional de 2010 que eliminó los límites de mandato y estipuló un límite de edad de 75 años, lo que le excluiría de futuras elecciones.
Varias misiones de observadores internacionales, como las de la Unión Africana o la Liga Árabe, supervisaron los comicios.
Yibuti es un país situado estratégicamente en una de las rutas comerciales más transitadas del mundo, en el acceso al mar Rojo desde el océano Índico, y en el cruce de caminos entre África y la península arábiga, a poca distancia del Yemen.
Bajo el mando de Guelleh, segundo presidente de este país tras suceder a su tío Hassan Gouled Aptidon (que gobernó desde 1977, cuando Yibuti se independizó de Francia, hasta 1999), esta nación ha aprovechado esa ventaja geográfica para invertir en puertos e infraestructura logística.
Además, la estabilidad de Yibuti, en una región a menudo sacudida por conflictos, ha atraído a potencias como Francia, Estados Unidos y China, que han establecido allí bases militares que suponen una importante fuente de ingresos para la economía yibutí.
Pese a ese avance económico, alrededor del 20 por ciento de la población (formada, en su mayoría, por dos grupos étnicos: somalís y afar) vive en la pobreza, según datos del Banco Mundial.
El despegue de la economía también ha ido acompañado de una represión de la disidencia y un recorte de la libertad de prensa, según denuncian organizaciones pro derechos humanos. EFE

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