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Netanyahu seguirá siendo primer ministro tras acuerdo de gobierno con Gantz

Recientemente cumplió 11 años al frente del gobierno israelí

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Netanyahu seguirá siendo primer ministro tras acuerdo de gobierno con Gantz
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu (d), firma junto al centrista Beny Gantz (i) el acuerdo alcanzado este lunes mediante el cual Netanyahu seguirá siendo jefe de Gobierno israelí durante el primer año y medio de Ejecutivo unitario y que pondrá fin a más de un año de bloqueo político en el país. (EFE/ Parlamento Israelí)

Tres elecciones, tres. En ninguna de ellas ha resultado claro vencedor con mayoría suficiente para formar Gobierno. Y, sin embargo, Benjamín Netanyahu, acusado de corrupción, en funciones desde hace más de un año, se mantendrá en el cargo como primer ministro de Israel.

Tras 12 meses de idas y venidas, campañas electorales cada vez más apáticas y con menos carteles, refundaciones de partidos, alianzas entre unos y otros, cada vez más inesperadas y entre formaciones más alejadas, negociaciones, zancadillas, traiciones, insultos y ofertas tentadoras, finalmente Bibi (Netanyahu) ha logrado doblegar a su rival, Beny Gantz, que hará lo que siempre prometió que no haría: gobernar junto a él. A su vera.

Netanyahu logra así mantenerse en el puesto, pese a todas las dificultades. Recientemente cumplió 11 años al frente del gobierno israelí. De los líderes europeos, solo le supera Angela Merkel.

Según el acuerdo firmado, Bibi será primer ministro el primer año y medio, mientras Gantz sirve como viceprimer ministro, para luego intercambiar los puestos por el mismo plazo. Netanyahu demostró nuevamente ser un duro rival, y arrancó importantes concesiones en las arduas negociaciones, entre otras, tener veto para el nombramiento del próximo fiscal general y abogado del Estado, figuras claves en su proceso de acusado por tres cargos de corrupción.

El exjefe del Estado Mayor es consciente de su giro de 180 grados y la decepción que este ha provocado en muchos de sus votantes. Pero tira de una excusa que considera inapelable: el coronavirus. Tal es el viraje, que la alianza electoral que encabezaba Gantz, Azul y Blanco -que le permitió pasar en un año de la nada a ser un posible sustituto del apodado "rey Bibi"-, ha quedado hecha pedazos en el proceso.

"Prometí al Estado de Israel un gobierno nacional de emergencia que trabaje para salvar las vidas y empleos de los ciudadanos israelíes. Continuaré haciéndolo todo por vosotros, ciudadanos de Israel", escribió Netanyahu, vencedor, en Twitter.

La pandemia -pese a ser mucho más leve en Israel que en países europeos- ha sido como un flotador al que Netanyahu se ha aferrado con fuerza, y también lo hace Gantz para capitular.

Después de recibir el mandato del presidente para formar Ejecutivo, este tenía un difícil puzle en la mesa: o formar un gobierno apoyado por un disparatado grupo de 62 diputados con posturas tan distintas que garantizaba constantes choques, o tragarse sus promesas y negociar un Ejecutivo de unidad con Bibi. Conociendo a este, la posibilidad de lograr esto último, pero encabezado por Gantz, era irrealizable.

"He elegido el único camino posible en este momento, un gobierno de emergencia nacional", titulaba Gantz una columna publicada el día que anunció que apostaba por gobernar con el Likud. Cada frase sonaba a disculpa y, un poco, a agachar la cabeza, consciente de la decepción de quienes le votaron para deshacerse de Netanyahu.

"Estamos ante (...) un reto global de magnitud excepcional y ha golpeado a Israel en un momento de estancamiento político paralizante y divisiones insoportables, una combinación letal", argumentaba el exjefe del Estado Mayor. "Dirigir nunca ha sido tan difícil", escribía, obviando que la historia del país está plagada de guerras y riesgos existenciales.

Y concluía que no ha "tenido más opción que dejar la política de lado y tomar el único camino que nos permite evitar unas cuartas elecciones, porque en estos momentos, llevar a las urnas de nuevo a la gente -mucha de la cual ha perdido su forma de vida y sufre ansiedad sobre el futuro- es inconcebible".

El plazo a Gantz para formar gobierno expiró la semana pasada, y el presidente, Reuvén Rivlin, trasladó el mandato al Parlamento (Knéset), pero ambos líderes siguieron negociando, tanto el reparto de cargos entre las distintas formaciones aliadas, como aspectos referentes a la Justicia y a qué hacer si esta decide que Netanyahu no pueda ser primer ministro por estar acusado. La tensión y el tira y afloja se mantuvo hasta hoy.

Gantz ha prometido a sus votantes que nunca pondrá "en riesgo" la democracia israelí, para tranquilizar a quienes creen que la permanencia de Netanyahu en el Ejecutivo va a a permitirle limitar el poder de la Justicia que le encausa.

Probablemente era cierto que no había otra posibilidad realista. Incluso el presidente Rivlin, que tiene pocas simpatías por Netanyahu a pesar de ser de su partido, "imploró", textualmente, a los dos líderes a unirse en un Gobierno de unidad y se negó a dar una prórroga a Gantz para seguir negociando. También es seguro que Bibi supo jugar muy bien sus cartas. De nuevo, demostró que es, sobre todo, un superviviente.

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