VIDEO | Tito Suero: "Existe un traumatológico, pero no el centro integral de trauma que soñábamos"
Ortopedista, maestro universitario y pionero de la emergenciología, Tito Suero repasa una carrera marcada por la disciplina, la docencia y la atención del trauma humano
Tito Suero Portorreal es mi papá, pero también es el padre de la Emergenciología en la República Dominicana. Fundó la primera escuela y residencia de emergencia en el Hospital Docente Dr. Darío Contreras, así como en el Hospital General de la Policía Nacional.
Fue director del Darío Contreras (1993-97), jefe de Trauma de la Fuerza de Tarea Quisqueya (en Irak) y presidente de la Sociedad Dominicana de Ortopedia y de la Sociedad Dominicana de Historia de la Medicina.
Desde 1975, emplea gran parte de su tiempo en la enseñanza. Al igual que otros de su generación, presenció numerosos cambios en materia social y de salud pública en el país.
Nació en 1945. Cuando era niño, Santo Domingo era una especie de ciudad semi aldeana que tenía una población pequeña para ser la capital más antigua de América. Hacia el oeste llegaba hasta lo que hoy es la avenida Abraham Lincoln; hacia el norte, hasta la Federico Velázquez.
Al sur, el Malecón era el límite, casi una muralla.
¿Cómo funcionaba el país bajo una dictadura?
Era un gobierno autoritario, al servicio de sus intereses y de sus círculos. Pero, al mismo tiempo, en materia de seguridad ciudadana, hasta las cinco de la mañana se podía jugar dominó en la calle sin temor a pandillas o asaltos.
La dictadura tenía víctimas selectivas. Cualquier persona que emitiera una opinión considerada contraria al régimen.
Tus padres venían de origen humilde, pero te dieron una buena educación en el Colegio La Salle.
Mi mamá, Esperanza Portorreal, era costurera en Santiago. Un tío, Adriano Valdez, coronel que trabajaba con Fausto Caamaño, padre de Francisco Alberto Caamaño, le comentó sobre una oportunidad para trabajar como nana en la casa de los Caamaño. Mi madre fue por un tiempo nodriza de Francis Caamaño.
Mi papá era ebanista. Por su forma pulcra y exigente de trabajar logró tener un taller y una exhibición de muebles en la calle Arzobispo Meriño. Era la mueblería La Nacional, de Tito Suero, que tenía un espacio en La Voz del Trópico con Daniel Santos.
En el Darío Contreras
A los tres años, mi padre tropezó y cayó sobre un fondo de botella que le perforó el abdomen. Cuando un médico vio la gravedad de la herida dijo que lo llevaran al Morgan, un hospital para adultos, porque el Ramfis quedaba más lejos.
El cirujano de servicio decidió operarlo de inmediato. Cuando informaron al director del centro, este aprobó que lo hospitalizaran durante toda la convalecencia.
Ese director era el doctor Darío Contreras, cuyo nombre lleva el hospital al que mi padre brinda sus servicios desde 1963.
Una lesión que sufrió un amigo suyo hizo que regresara al Darío, cuando el hospital tenía apenas tres años de fundado, y mi papá era un adolescente.
Esa experiencia lo enamoró de la ortopedia. En 1970 se graduó de médico y luego hizo su especialización en la Unión Soviética. Al regresar al país, volvió al Darío.
En el año 2000 fundó la primera residencia de emergenciología.
¿Cómo recibió la gente esa especialización?
Poco a poco se sensibilizó. Vinieron expertos internacionales y muchos médicos acudieron al concurso. Solo se llenaron seis plazas.
Hoy la especialidad existe también en entidades como las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Hay casi 1,000 emergenciólogos.
Hablemos sobre la violencia en el tránsito.
Desde que ingresé al hospital Darío Contreras como practicante, en 1963, observé cómo el problema vial crecía.
Cada vez más pacientes llegaban por accidentes de tránsito, especialmente motociclistas. Tanto era así que en 1964 abrimos una sala llamada "Sala Honda", porque la mayoría de los casos involucraban motocicletas Honda.
Pero no toda la culpa es de los motociclistas. También los conductores de vehículos pesados violan las normas y muchas calles están obstruidas por vehículos mal estacionados.
Sostengo una sigla que muchos se toman a broma: TTR (Terror, Temor y Respeto). El terror genera temor y el temor genera respeto.
Cuando hablo de terror no me refiero a una dictadura, sino a la aplicación firme de la ley.
Dirigiste el Darío Contreras, ¿qué le hace falta?
El Darío se desarrollaba siguiendo planes iniciados durante la dirección del doctor Máximo Periche Vidal. Uno de ellos fue la construcción de un centro de emergencia de trauma con apoyo del sistema SAMU de Francia y especialistas internacionales.
Ese centro introdujo el triaje en un hospital público dominicano, además de áreas de estabilización, quirófanos exclusivos para emergencias, tomografía, resonancia magnética, cuidados intensivos y una unidad de medicina hiperbárica.
También contó con apoyo económico del Fondo Internacional de Lomé IV.
Sin embargo, durante el gobierno de Danilo Medina se eliminó esa estructura para construir otra infraestructura.
Desaparecieron la cámara hiperbárica y hasta el departamento de anatomía patológica.
Eso generó malestar entre muchos de nosotros. Hoy existe un hospital traumatológico, pero no el centro integral de trauma que soñábamos.
Aun así, el Darío sigue luchando. Las autoridades y los médicos hacen esfuerzos, pero la demanda crece cada día.
¿Aunque existan otros centros?
El Darío sigue siendo, como dice la gente, "el hospital donde hacen gente", donde reconstruyen personas. Esa ha sido siempre su filosofía.
La guerra
Estuviste en Irak.
En ese tiempo pertenecía a la Policía Nacional y trabajaba tanto en el Darío como en el Hospital General de la Policía.
Cuando me seleccionaron para ir como médico encargado del área traumatológica y quirúrgica, acepté porque era mi deber.
Duramos seis meses y realizamos una labor muy valorada por superiores dominicanos y extranjeros.
¿Qué vieron allá?
La guerra, que es la peor cosa que puede existir.
Como dijo un piloto de la Alemania nazi: "La guerra es un escenario donde jóvenes que no se conocen y se odian se matan, enviados por viejos que sí se conocen, no se odian y no se matan entre sí".
Esa es la peor plaga de la humanidad y siempre hay alguien que se beneficia porque es una industria.
Cada sábado, el profesor Suero lleva grupos de estudiantes de Historia de la Medicina a la Ciudad Colonial. Ahí les enseña sobre los hospitales coloniales, el antiguo instituto profesional y el lugar donde nació la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Tienes una larga trayectoria en la docencia. ¿Cómo ves a los alumnos de hoy?
El estudiante siempre será estudiante, pero ahora existe un elemento nuevo: la cibernética, que va desplazando al profesor. Incluso en la medicina, la robótica tiene cada vez más peso.
Lo importante es conciliar ambas cosas. El profesor debe apoyarse en lo virtual, pero sin perder la relación entre profesor y alumno.
¿Qué te llevas de todos estos años de carrera?
Una experiencia muy gratificante, porque me ha dado bienestar espiritual. Salvar vidas o aliviar sufrimientos produce una satisfacción enorme.
Y en lo académico, cada vez que alguien me dice "maestro", eso vale más que todos los millones.
Y entonces los hijos cuando ven esos ejemplos de sus padres tienen que sentirse orgullosos. No tenemos dinero, pero sí buenas enseñanzas.
La entrevista termina y mi papá se relaja un poco más. Acepta, con gusto, tomarse algunas fotos. No es un hombre de cámaras. Se siente más cómodo recorriendo los pasillos del Darío, el Colegio Médico o de la Facultad de Medicina de la UASD.
El periodista no suele elogiar a sus fuentes, pero no podría sentirme más orgullosa de tener a este hombre como padre.


Indhira Suero Acosta