China y Occidente: la gran muralla del desconocimiento mutuo

Occidenre conoce muy poco de China -EFE-

PEKIN.- Un nuevo frente de la "lucha de civilizaciones" parece haberse abierto en los últimos dos meses, esta vez entre el Primer Mundo y un nuevo actor y potencia mundial: China.

Las manifestaciones contra China en el mundo -que Occidente concibe como ataques al Gobierno comunista pero los chinos consideran una humillación nacional- y las subsiguientes protestas antioccidentales en el país asiático, aunque no multitudinarias en ninguno de los dos casos, han destapado un recelo mutuo con siglos de historia pero que aparecía difuminado en los últimos años.

"Una parte de los occidentales no entiende la cultura oriental, debido a las grandes diferencias y lo difícil que es conocernos. Por otro lado, la cultura occidental considera que es más avanzada y no se suele sentirse motivada a conocer otras", estima el sociólogo Li Kaisheng, de la Universidad de Xiangtan y estudioso de esta brecha cultural.

La violencia desatada en marzo pasado en el Tíbet, las protestas al paso de la antorcha olímpica y las llamadas de boicot a los JJOO han servido para polarizar esta situación, generando dos versiones del relato, una "pro derechos humanos" (aunque los chinos la ven como "sinófoba") y otra en apoyo de Pekín 2008 y China (que los occidentales consideran "propaganda y lavado de cerebros").

Un ejemplo de las dos versiones es la visión que tienen de los JJOO de Pekín: mientras la primera los considera como la ocasión de China para hacer negocio y endiosar su sistema totalitario, la segunda los observa como la presentación al mundo de una nueva China poderosa y por fin libre de siglos de colonialismo y feudalismo.

"En China, hay una creencia de que la nación está siendo atacada porque el mundo está celoso. (...) Mientras, en las encuestas occidentales, lo que se piensa es que China es una amenaza latente, no por ser comunista sino por ser un abusón", analizaba recientemente en el diario hongkonés "South China Morning Post" el empresario y experto Stephen Vines.

Los medios de comunicación ofrecen las dos versiones, pero éstas no llegan con la misma intensidad a los dos mundos "enfrentados".

Los chinos, en un país donde la información es controlada por el Gobierno con férrea censura y la gente acepta con poco pensamiento crítico la propaganda estatal. Nadie se plantea, por ejemplo, la posibilidad de un Tíbet independiente o la liberación de disidentes.

En Europa, pese a la libertad de información, sigue predominando la versión "políticamente correcta" de que las manifestaciones tibetanas en Lhasa fueron pacíficas (algo negado por los testimonios de turistas extranjeros) y una visión negativa del régimen chino, sin considerar los aspectos positivos que éste pueda tener, como el hecho de que es el que más ha reducido la pobreza en el mundo.

"Muchos chinos ven la reacción exterior como un síntoma de que el mundo no entiende ni respeta a China", asegura Andrew J.Nathan, catedrático de la Universidad de Columbia, para quien la celebración de los JJOO "ha promovido el nacionalismo chino y ganado el apoyo público para el Gobierno".

En esta muralla de desconocimiento, los símbolos y las arengas han cobrado protagonismo.

En Occidente, la bandera tibetana está de moda -algunas irónicamente se fabrican en China-, el Dalai Lama es el primero de la lista de "hombres del año" de la revista "Time" publicada hoy, y pedir cambios radicales al régimen asiático hace que políticos como Nicolas Sarkozy o Angela Merkel ganen popularidad.

Mientras, en China, todos los jóvenes colocan el símbolo "I love China" en sus chat por Internet, defienden a través de la web la soberanía del país sobre el Tíbet y se manifiestan frente a los supermercados Carrefour -chivo expiatorio del sentimiento antioccidental- pidiendo el boicot a los productos de Occidente.

"¿Por qué todo lo que los chinos hacemos es malvado para algunos en el Primer Mundo, por qué nos juzgan con doble rasero", señala Jin, una joven china que vive en Latinoamérica y muestra, como muchos de sus compañeros, cierto resentimiento ante lo ocurrido en torno a la antorcha y los JJOO.

Los empresarios y economistas reducen estos enfrentamientos a una mera cuestión de fricción comercial.

"China no es entendida en el mundo occidental, pero no debería tampoco despreciar los miedos de los trabajadores que en todo el mundo ven amenazados sus puestos por la invasión de productos en sus mercados", señala al respecto Vines en su artículo.