Haití y la MINUSTAH

Puede que la salida de las tropas impulse a los haitianos a cortar su dependencia y encarar con mayor entereza su deber en la construcción de su país.

La Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH por sus siglas en francés), fue establecida por mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en respuesta a los disturbios y violencia que siguieron al segundo derrocamiento de Jean Bertrand Aristide en el 2004.

Después de 13 años, el pasado 13 de abril el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó la resolución 2350 la cual, extendiendo el mandato por un período de 6 meses, estableció el cierre definitivo de la misión para octubre 15 del presente año.

De esta manera culminará lo que ha sido un camino tortuoso, que no ha dejado más que una estela de humillaciones e incógnitas en un país carente de ilusiones.

Este cuerpo de paz, con un personal de 5,000 personas, repartido entre soldados, voluntarios, y oficiales internacionales y locales, posee un presupuesto de US$345 millones anuales, y es encabezada por la trinitense Sandra Honoré, Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas.

Desde sus inicios, este cuerpo especializado ha recibido crédito por proveer seguridad durante ciclos electorales, entrenar la policía haitiana, y responder en momentos de revueltas que amenazaban con empeorar el caos generalizado. Esto fue percibido en las pasadas elecciones, que dieron testimonio del rol de la misión en mantener el equilibrio entre las fuerzas que se disputan el dominio político de Haití.

Sin embargo, no finalizaba el 2004 y ya surgían denuncias sobre abusos sexuales perpetrados por contingentes militares provenientes de Pakistán, Uruguay, Brasil, y otros países.

En un reporte oficial publicado por la ONU, se observó que al menos 134 soldados de Sri Lanka abusaron sexualmente de nueve niños entre 2004 y 2007. Este reporte conllevó a que 114 soldados de ese país fueran devueltos a casa sin pena alguna, y manteniendo su rango y posición en el ejército.

En el 2011, un joven haitiano fue sujeto a una violación en grupo por miembros de un batallón de Uruguay. En este caso, los soldados filmaron la violación con un teléfono celular y la misma fue vista y compartida por millones en las redes sociales sin que ninguno de los implicados haya sido condenado o llevado a juicio.

Hasta hoy se desconoce el número de haitianas cuyos hijos fueron fruto de las extorsiones recibidas. El investigador independiente Mark Snyder situó la cifra en 564, aunque entendemos que, por la naturaleza del crimen, las víctimas pudieran ser más.

Por lo expuesto, queda claro que la MINUSTAH asumió un papel polémico y perverso en la consecución de sus tareas de mantenimiento de paz.

Todo se torna más controversial si consideramos la culpa de los batallones nepaleses en la introducción y propagación del cólera en Haití. Tuvo que ser la Universidad de Yale la que demostrara el innegable tropiezo del cuerpo de paz en introducir una enfermedad que ha acabado con la vida de 10,000 haitianos e infectado a más de 600,000.

Si a esto le agregamos la misteriosa muerte en el 2006 del jefe militar de las fuerzas de paz, teniente general brasileño Urano Bacellar, quien fue encontrado muerto en su apartamento en Puerto Príncipe, y la muerte de un infarto de otro jefe militar, el también brasileño y teniente general Luiz Jaborandy en el 2015, la trayectoria de la MINUSTAH asume un viso catastrófico.

A pesar de las reiteradas denuncias, y el interés de actores locales e internacionales en esclarecer todas estas injusticias, las mismas no solo no han sido correspondidas, sino que han sido objeto de un hipócrita y absoluto silencio aún de parte de aquellas organizaciones que tanto se afanan en denostar a la República Dominicana como país racista y xenófobo.

Puede que la salida de las tropas impulse a los haitianos a cortar su dependencia y encarar con mayor entereza su deber en la construcción de su país. El presidente Jovenel Moïse ha reiterado que esto abre una ventana de oportunidades para el restablecimiento de las Fuerzas Armadas Haitianas, disueltas en 1995.

Lo que sí queda claro es que la ejecución de este mandato de la ONU añadió otro doloroso capítulo en la historia de humillaciones sufridas por los haitianos de manos de la “comunidad internacional”.

Roberto.mallen@gmail.com