"Conservadores dominaron la política"

Dicen que el caudillismo ha permeado la historia política de la República Dominicana

José Chez Checo revisa los temas que anotó en su libreta para tratarlos en el Diálogo Libre.

SANTO DOMINGO. Para poder llevar a cabo la gesta de independencia proclamada el 27 de febrero del 1844, los grupos liberales, encabezados por Juan Pablo Duarte, tuvieron que aliarse a los grupos conservadores, y al final fueron esos últimos los que quedaron dominando el escenario de la naciente república, y así se han mantenido en el devenir de la historia política del país.

El planteamiento lo hacen los historiadores Mu-Kien Adriana Sang Ben y José Chez Checo, invitados al Diálogo Libre, que conduce el director del periódico Diario Libre, Adriano Miguel Tejada.

Sang Ben señala el hecho de que, cuando se redacta el acta de independencia se hace bajo el lema de separación vida o muerte, que era el sentir de los conservadores, distinto al Juramento Trinitario, que era la máxima expresión del pensamiento liberal.

"En el documento en sí, se habla de separación, y no de independencia, que era el objetivo primario de los liberales", comenta la historiadora, que recuerda que igual predomino se dio en otros eventos históricos.

"En 1844 se produce la alianza de liberales y conservadores, y en el manifiesto de enero ¿quiénes son los que lo firman? Después se produce la guerra restauradora. ¿Quién inicia la guerra restauradora? Los liberales, pero ¿quién termina dominando el escenario político? Báez. En 1874, cuando fracasa el intento de anexión de la República Dominicana a los Estados Unidos y del arrendamiento de la península y bahía de Samaná, que termina por una acción de González ¿quién domina los escenarios? Fueron los 'gonzalistas'. Lo mismo pasó con la Revolución de Luperón. ¿Quién dominó el escenario político posteriormente? Lilís, que sale de sus filas", cuenta.

Sang Ben también menciona lo ocurrido con Ulises Francisco Espaillat en el 1876, y en la historia más reciente, con Juan Bosch en el 1963, que dio paso al dominio de Joaquín Balaguer. También cita el proceso de alianza entre reformistas y peledeístas en 1996.

"Realmente ha sido una constante en la historia política dominicana, donde el proyecto liberal, y por eso yo lo titulé en mi libro de Espaillat, una utopía, y sigue siendo una utopía", comenta. Entiende que, desde el inicio, a los dominicanos le tocó vivir en el país de la denominación estructural y el país de la realidad, donde se legaliza el caudillismo que ha permeado la historia política.

Chez Checo abunda que si en el acta de independencia primó la palabra separación, se debió a que ése era el sentir que se vivió en la época, y fue precisamente por lo que se distinguió Duarte.

"Duarte tuvo el acierto de concebir que nosotros, un país atrasado, despoblado, pobre, y con todas las características negativas, que nosotros éramos capaces de constituirnos en una república que se llamaría la República Dominicana, libre, soberana e independiente. Ahí está la gran diferencia, porque todos eran separatistas: los Bobadilla, los Santana; los Báez, todos los grupos, pero querían que nos separáramos de Haití para anexarnos o a España de nuevo o a Francia, que eran las dos opciones más importantes".

Ante esa corriente anexionista, Duarte y los trinitarios se negaron, y plantearon que el país tenía que separarse de Haití, pero para ser un ente autónomo, libre, soberano e independiente, destaca.

El historiador José Chez Checo se atreve a parafrasear la obra de "Las Venas Abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, para nombrar las Venas Abiertas domínico-haitianas. Con el título trata de englobar el sentimiento predominante en las sociedades de ambos países, marcadas por las heridas que dejó la gesta independentista, y que aún no cicatrizan.

Chez Checo entiende que esa cicatrización será una tarea muy difícil, aunque no imposible de lograr. Pero para lograrse, hay que partir de la premisa de que son dos sociedades con realidades distintas, una nación haitiana y una dominicana, que deben tener una relación de buena vecindad. "Mientras siga pensándose que la República Dominicana tiene que hacerse cargo en muchas cosas de problemas de la otra nación, siempre va haber problemas, y esa relación nunca van a cicatrizar". En contra de ello está, según dice, las provocaciones existentes y los "enchinchadores". Cita como ejemplo un movimiento de ciudadanos haitianos que tiene como eslogan "Tomando Nuestro Territorio", lo que dice, es una provocación.

Para Mu-Kien Adriana Sang Ben, es una realidad el antidominicanismo haitiano y el antihaitianismo dominicano. "Hay haitianos que no quieren saber de los dominicanos en lo absoluto, hay otros que tienen una mentalidad más conservadora, y ocurre lo mismo en esta parte de la isla". A su juicio, las heridas sólo podrán sanar cuando haya un diálogo franco y políticas claras para enfrentar un tema que además de histórico, es económico y político.

Heridas entre Haití-RD aún no cicatrizan

El historiador José Chez Checo se atreve a parafrasear la obra de "Las Venas Abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, para nombrar las Venas Abiertas domínico-haitianas. Con el título trata de englobar el sentimiento predominante en las sociedades de ambos países, marcadas por las heridas que dejó la gesta independentista, y que aún no cicatrizan.

Chez Checo entiende que esa cicatrización será una tarea muy difícil, aunque no imposible de lograr. Pero para lograrse, hay que partir de la premisa de que son dos sociedades con realidades distintas, una nación haitiana y una dominicana, que deben tener una relación de buena vecindad. "Mientras siga pensándose que la República Dominicana tiene que hacerse cargo en muchas cosas de problemas de la otra nación, siempre va haber problemas, y esa relación nunca van a cicatrizar". En contra de ello está, según dice, las provocaciones existentes y los "enchinchadores". Cita como ejemplo un movimiento de ciudadanos haitianos que tiene como eslogan "Tomando Nuestro Territorio", lo que dice, es una provocación.

Para Mu-Kien Adriana Sang Ben, es una realidad el antidominicanismo haitiano y el antihaitianismo dominicano. "Hay haitianos que no quieren saber de los dominicanos en lo absoluto, hay otros que tienen una mentalidad más conservadora, y ocurre lo mismo en esta parte de la isla". A su juicio, las heridas sólo podrán sanar cuando haya un diálogo franco y políticas claras para enfrentar un tema que además de histórico, es económico y político. 

Cultura, clave para la separación

La realidad cultural de los pueblos de América jugó su papel determinante al momento de su independencia y el caso dominicano no fue la excepción. Tanto la religión como el lenguaje fueron elementos diferenciadores y presentes en el deseo separatista y libertador que reinó a partir del 1821 en el territorio nacional, según señalan los historiadores Mu-Kien Adriana Sang Ben y José Chez Checo. Sang Ben recuerda que, a pesar de que las ideas liberadoras que influenciaron a los gestores de la independencia nacional, surgieron en Europa con carácter aconfesional, este carácter no llegó a América, ni a Santo Domingo cuando se importaron esos ideales, que al final terminaron acoplándose a la realidad de la parte este de la isla.

Muestra de ello, señala, es que, tanto el juramento trinitario y los símbolos patrios establecen la religión, al anteponer a Dios en sus consignas, tales son el "juro por Dios y la Patria" y el grito de "Dios, Patria y Libertad". Chez Checo explica el fenómeno como una consecuencia del devenir histórico de los dominicanos, que fueron colonizados por los españoles, dejando como herencia su idioma y su religión, la católica. "Cuando llega el momento de nosotros independizarnos, de constituir un estado libre y soberano, eso es posible de materializar, porque ya la realidad de la parte este de la isla, lo que iba a ser República Dominicana, tenía concretizado todas aquellas características que distinguen a una nación, diferenciadas de la otra realidad, y que son el idioma y la religión.

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