Contaminación visual
Extranjeros y nacionales coinciden en que el nuestro es un país bello. Donde seguramente difieren es como cada uno pondera los paisajes. Mientras el extranjero resiente su mutilación, la mayoría de los nacionales la ignora. Puesto que la contaminación visual disminuye la calidad de la experiencia turística, nuestros congresistas deben detener la barbarie paisajística.
Muchas encuestas a viajeros muestran que los paisajes figuran entre los principales imanes de la visita turística. Algunas, inclusive, los sitúan en primer lugar de importancia entre los atractivos del país anfitrión. Las razones de este aprecio no son difíciles de intuir. Los paisajes reflejan la belleza física de un destino y, en tanto una fuente de satisfacción estética, producen una reacción emocional de placer y relajación.
Los paisajes de campiña en particular se asocian con una imagen idílica del medio rural que se mezcla con la nostalgia y el romance. Son obras de arte naturales. Su huella de armonía y redención es, por ende, un sublime afrodisíaco para la estadía del visitante. Los turistas construyen su imagen del país anfitrión -con todo lo que eso puede implicar para la publicidad boca a boca del destino-- en parte sobre la base de esos paisajes.
Obviamente, los paisajes deben valorizarse como un patrimonio público de gran importancia económica. Están presentes en los folletos de los touroperadores y los sitios web de los hoteles para persuadir a los potenciales viajeros a escoger un destino, pero también proyectan lo mejor del mismo a través de las postales que los turistas envían desde aquí a familiares y amigos. Cuando al regresar a casa el turista inspecciona las fotos tomadas, los paisajes pueden inducirlo a volver.
La agresión contra el paisaje, por ende, debe figurar como un delito turístico. La contaminación visual causada por las vallas publicitarias, los postes de alumbrado, las antenas, los cables, la basura y otros elementos que afean nuestros paisajes no solo impacta al turismo. También afecta la salud de los nacionales porque causa estrés "por sobrecarga informativa y fatiga cognoscitiva" y, en las carreteras, resulta una distracción que provoca desazón y hasta accidentes. Sin duda, el desbarajuste paisajístico va en detrimento de nuestra propia calidad de vida.
Esfuerzo tímido
Hasta ahora, el esfuerzo gubernamental para proteger los paisajes es muy tímido. Aunque existen 9 "vías panorámicas" declaradas como áreas protegidas con fines recreativos, de educación ambiental y conservación, las mismas solo existen en el papel. Y si faltan los esfuerzos para mantenerlas intactas, tampoco existe una conciencia de las mismas como recurso turístico.
Esta claro que nuestro país debe cuidar los paisajes. Si por "paisajismo" entendemos las "acciones puntuales, en intervenciones concretas y operacionales, a niveles reducidos y pequeñas inversiones," esa práctica ya debe ser incorporada a nuestra política turística. La "adecuación de las intervenciones a la lógica de los fenómenos y procesos de la naturaleza" será parte de los esfuerzos por alcanzar la sostenibilidad de nuestro producto turístico.
En lugares como Costa Rica, Argentina e Islas Baleares ya existen leyes enfiladas al combate y control de la contaminación visual. Aquí un anteproyecto presentado por la senadora Cristina Lizardo en el 2007 no ha concitado mucha atención. Los congresistas se muestran ciegos, sordos y mudos en este sentido
Si alguien no admite la necesidad de que aquí tengamos algo similar solo tiene que transitar la nueva autopista Santo Domingo-Samaná. La misma esta siendo "arrabalizada" con vallas publicitarias que siembran desagradables ruidos en uno de los mas prístinos paisajes que nos quedan. Ojalá y nuestros congresistas tomen la iniciativa para evitar que esa carretera se convierta en otra Autopista Duarte.
Vías Panorámicas
Carretera Bayacanes-Jarabacoa
Carretera Cabral-Polo
Carretera El Abanico-Constanza
Carretera Nagua-Sánchez y Nagua-Cabrera
Carretera Santiago-La Cumbre-Puerto Plata
Costa Azul
Entrada Mao
Mirador del Atlántico
Mirador de Paraíso