Crítica- Rey Arturo



Godofredo de Monmouth es a quien se debe la recopilación de la Leyenda del Rey Arturo; en su libro Historia de los Reyes de Gran Bretaña, da origen literario a un mito que forma parte de una triada caballeresca, junto a las historias clásicas de Troya y Tebas, y las guerras de Carlomagno contra los sajones.


Es en el siglo XII cuando la historia cobra fuerza, al convertirse en el ideal de la caballería cristiana, en el contexto de las cruzadas.


El filme se basa en supuestas evidencias arqueológicas, que vincularían la leyenda del Rey Arturo con un personaje verdadero, mestizo de madre celta y padre romano, que habría defendido la Muralla de Adriano, frontera del Imperio, en lo que hoy es territorio de Escocia hacia el siglo V de la Era Cristiana.

Además de desarrollar el concepto clásico del líder guerrero, en el cual se reúnen valentía y honor, esta película sostiene la idea que Artús, su nombre en latín, es el fundador del clan que dará origen a la nación británica. Desde el punto de vista del aporte cultural el filme es interesante, ya que entrega elementos novedosos para el cine: la influencia romana entre los celtas de la isla británica, la diversidad religiosa dentro del cristianismo, las técnicas de combate de los sajones, entre otros.

El joven director norteamericano Antonie Fuqua debe tener una de las carreras más meteóricas de la industria; logró pasar desde la filmación de video clips a grandes producciones en pocos años. Su trabajo más conocido es Día de Entrenamiento (2001), filme que le valió un Oscar a su protagonista, Denzel Washington y crédito para realizar películas con mayor financiamiento. Su talento queda en evidencia a la hora de dirigir escenas de combate, pero se nota menos contundente y algo forzado en los diálogos, que muchas veces poco aportan.

En términos narrativos se trata de una estructura lineal, con algunos racontos de los protagonistas, que ayudan a completar el relato. Sin embargo, tiene serios problemas de coherencia; el filme comienza con la narración de Lancelot uno de los caballeros, quien cuenta su origen en las estepas del este de Europa, pero al poco andar se abandona totalmente a este narrador, para pasar a contar las aventuras de los caballeros en tierras hostiles. Más adelante, el relato pasa a tener como centro a Guinevere, la princesa celta que se enamora de Arturo. Lo más interesante es la explicación que se encuentra para Excálibur, la espada mágica, piedra angular del mito nacido en la era del hierro.

Pero es en el núcleo de la leyenda que el filme se traiciona. Lejos de pretender ser un relato fundacional, el Rey Arturo es una historia de caballería y muchos siglos la separan de los modernos conceptos de nación. Es curioso que en los filmes con pretensiones históricas en este inicio de siglo se de como constante el resurgimiento de las ideas nacionalistas. Puede que los aires globalizadores estén obligando a encontrar las diferencias entre las naciones o simplemente sea otra moda superficial; ya veremos. Recomendable para todo espectador y en especial para quienes siguen esperando líderes caballerescos y románticos.

King Arthur. Estados Unidos, 2004. 130 minutos.

Dirección: Antoine Fuqua

Guión: David Franzoni

Música: Nick Glennie-Smith, Rupert Gregson-Williams, Hans Zimmer

Fotografía: Slawomir Idziak

Intérpretes:

Clive Owen

Ioan Gruffudd

Mads Mikkelsen

Joel Edgerton

Hugh Dancy

Ray Winstone

Ray Stevenson

Keira Knightley

Stephen Dillane