Diario de la INDEPENDENCIA
Espléndido triunfo en Azua. Santana derrota a Herard
Azua. El ejército dominicano bajo el mando del general Pedro Santana obtuvo una contundente victoria ayer en esta ciudad frente al ejército haitiano que comandaba el presidente de ese país, Charles Herard ainé, en una batalla que duró unas tres horas.
Esta es la primera gran prueba de fuego para las novicias armas dominicanas y el debut no podía ser más auspicioso.
El ejército dominicano estaba compuesto por unos 2,500 soldados de diversos lugares de las regiones este y sur del país, y las tropas haitianas, por unos 8,000 hombres, oriundos mayormente de zonas de capital haitiana y de Mirabelais.
Al amanecer del día, el general Santana tenía preparadas sus tropas formando una línea de defensa que iba desde el camino del Barro en el noroeste, hasta el camino de Los Conucos, en el suroeste. En el franco derecho, Santana emplazó los fusileros azuanos, comandados por Valentín Alcántara y Vicente Noble y un contingente machetero entrenados por el coronel Antonio Duvergé. En la retaguardia de este flanco estaba Nicolás Mañón, con 200 hombre en el Cerro de Resolí.
Al centro de la defensa dominicana, franqueando el camino de Juan de la Maguana, estaba una pieza de artillería de a 24, dirigida por Francisco Soñé y el grueso de las tropas monteras y hateras comandadas por Juan Esteban Ceara, Lucas Díaz y Luis Alvarez
A la izquierda, había emplazada otra pieza de artillería y fusileros de Matías de Vargas, José Leger y Feliciano Martínez. El coronel Duvergé, como jefe de la línea de defensa, se movía de un lado a otro, según las necesidades del ataque. En la retaguardia detrás del centro, estaban el general Santana, junto a Buenaventura Báez, Felipe Alfau y Lorenzo Santamaría, junto a los hateros a caballo y un contingente de caballería reclutado por Báez.
Herard dividió sus fuerzas para cubrir las tres posiciones del ejército dominicano.
Promediada la mañana, y sin el apoyo de Artillería y creyendo que la columna del general Souffrant se encontraba en posición de apoyar el ataque, se inicia el asalto por el centro. El general Thomas Hector cometió el error de ordenar el paso de carga a columna cerrada. Aprovechando este error del enemigo, la pieza de artillería de Soñé, disparó rondas sucesivas de metralla "dejando claros terribles en las apretujadas filas haitianas". Cuando se ordenó la apertura de las filas, los fusileros dominicanos de Lucas Díaz y sus subalternos, escargaron sus armas sobre el enemigo acompañada esta acción de una carga de machete que desarticuló el enemigo en este frente.
Mientras tanto, las tropas del ala derecha atacan las posiciones del flanco izquierdo dominicano, en el camino de Los Conucos, pero la pieza de pequeño calibre emplazada allí, también cumplió su misión y el certero trabajo de los fusileros de Matías de Vargas, Leger y Martínez, terminaron con el ataque, cayendo en el intento los dos coroneles haitianos que mandaban la formación atacante.
El grueso del ejército haitiano se retiraba en desorden, cuando el ala izquierda de los haitianos se tropezó con los azuanos de Duvergé, quienes apoyados por los fusileros de Nicolás Mañón apostados en el Cerro de Resolí, iniciaron una brava carga a machete "que sembró el terror y la muerte en esta ala del ejército de Herard, la que se retiró presa del pánico y la mortandad que ocasionan las armas blancas".
Las fuerzas dominicanas persiguieron y hostigaron al ejército haitiano en desorden "hasta una legua de la ciudad", según informaron testigos de la batalla.
Según hemos podido saber, las bajas haitianas, entre muertos y heridos, son de unos 200 a 300 hombres, mientras que las bajas dominicanas han sido insignificantes.
El general Herard, derrotado de manera tan clara, se retiró al río Jura a reorganizar sus fuerzas.
Esta batalla, victoria contundente de las armas dominicanas, sin dudas que constituye una vigorosa demostración de la capacidad defensiva de los dominicanos y de su disposición de defender a cualquier precio su independencia.
En este combate había hombres de todas las comarcas de las regiones este y sur del país, lo que reafirma cómo ha calado la idea de independencia preconizada por Duarte y el clima heroico creado por el apóstol de la libertad.
En el triunfo de las armas dominicanas no puede dejar de mencionarse el denodado trabajo realizado por el coronel Antonio Duvergé, quien no sólo entrenó a los macheteros azuanos antes de la llegada del general Santana, sino que como jefe de línea se multiplicó para auxiliar los contingentes que necesitaban ayuda en el fragor de la batalla.
La llegada, en medio del combate, del capitán Lorenzo Araujo con tropas adicionales de San Cristóbal, fue un factor sicológico importante en el triunfo.
Esta espléndida victoria tiene un efecto moral adicional sobre los pretendidos planes de protectorado francés, pues hace innecesaria ayuda de los franceses.
Sin embargo, la posición dominicana en esta ciudad no es muy promisoria, debido a lo difícil de la defensa de la misma por las condiciones geográficas de la zona.
¡De última hora!: Santana se retira
Azua. En el atardecer del día de ayer, y trás la victoria obtenida contra las tropas haitianas, el ejército del general Pedro Santana, se retiró a Sabana Buey, Baní.
La retirada fue forzada por las noticias llegadas al campamento dominicano en Azua de que la columna del general Souffrant se encontraba en las inmediaciones de la ciudad. La victoria de Azua se debió, en gran medida, a que esta columna haitiana no había llegado al lugar de la batalla a apoyar al presidente Herard.
La decisión del general Santana es previsora, porque la zona de Azua es muy difícil de defender debido a lo plano del terreno y una superioridad numérica haitiana muy amplia podría inclinar la suerte de las armas a su favor.
Con la llegada de la división del general Souffrant, la proporción de haitianos a dominicanos es de 8 a 1, por lo que sostener la posición era descabellado.
El general Santana destacó patrullas de reconocimiento en esas zonas y dejó en la retaguardia de Azua, al coronel Duvergé y sus tropas azuanas.
La batalla de Azua paso a paso
Primera acción:
La vanguardia haitiana bajo el mando del general Thomas Hector, apoyada por los antiguos dragones de la caballería de Boyer, entra a la población en columna cerrada, por el camino de San Juan y es recibida por el fuego de metralla de un cañón escondido dirigido por Francisco Soñé que deja "claros terribles" en las filas haitianas. Cuando se abren las filas, la fusilería de los comandantes Lucas Díaz, Juan Esteban Ceara y José del Carmen García terminan el trabajo del cañón, y una carga de machete de los defensores de la pieza, pone en retirada desordenada al enemigo.
Segunda acción:
Los regimientos 9Þ y 19Þ, bordeando el bosque, atacan por el camino de Los Conucos la posición de los patriotas, el flanco más débil de la posición dominicana, cerca del viejo convento, donde fueron recibidos por el fuego de una pieza de pequeño calibre emplazada allí y por la certera puntería de la fuerte línea de fusileros de Matías de Vargas, José Leger y Feliciano Martínez. En la acción mueren dos coroneles haitianos y los atacantes se repliegan en desorden.
Tercera acción:
El ala izquierda del ejército haitiano compuesta por los regimientos 2Þ y 6Þ, trata de hacer un movimiento envolvente por el camino de Barro, pero se tropiezan con los azuanos del coronel Antonio Duvergé, quienes a carga de machete siembran el terror entre las filas haitianas. Mientras tanto, los fusileros del bravo Nicolás Mañón, apostados en el cerro de Resolí, apoyan el ataque con certero fuego, haciendo huir en desorden el ejército enemigo, que es perseguido "hasta una legua de la ciudad".
Al amanecer del día, el general Santana tenía preparadas sus tropas formando una línea de defensa que iba desde el camino del Barro en el noroeste, hasta el camino de Los Conucos, en el suroeste. En el franco derecho, Santana emplazó los fusileros azuanos, comandados por Valentín Alcántara y Vicente Noble y un contingente machetero entrenados por el coronel Antonio Duvergé. En la retaguardia de este flanco estaba Nicolás Mañón, con 200 hombre en el Cerro de Resolí.
Al centro de la defensa dominicana, franqueando el camino de Juan de la Maguana, estaba una pieza de artillería de a 24, dirigida por Francisco Soñé y el grueso de las tropas monteras y hateras comandadas por Juan Esteban Ceara, Lucas Díaz y Luis Alvarez
A la izquierda, había emplazada otra pieza de artillería y fusileros de Matías de Vargas, José Leger y Feliciano Martínez. El coronel Duvergé, como jefe de la línea de defensa, se movía de un lado a otro, según las necesidades del ataque. En la retaguardia detrás del centro, estaban el general Santana, junto a Buenaventura Báez, Felipe Alfau y Lorenzo Santamaría, junto a los hateros a caballo y un contingente de caballería reclutado por Báez.
Herard dividió sus fuerzas para cubrir las tres posiciones del ejército dominicano.
Promediada la mañana, y sin el apoyo de Artillería y creyendo que la columna del general Souffrant se encontraba en posición de apoyar el ataque, se inicia el asalto por el centro. El general Thomas Hector cometió el error de ordenar el paso de carga a columna cerrada. Aprovechando este error del enemigo, la pieza de artillería de Soñé, disparó rondas sucesivas de metralla "dejando claros terribles en las apretujadas filas haitianas". Cuando se ordenó la apertura de las filas, los fusileros dominicanos de Lucas Díaz y sus subalternos, escargaron sus armas sobre el enemigo acompañada esta acción de una carga de machete que desarticuló el enemigo en este frente.
Mientras tanto, las tropas del ala derecha atacan las posiciones del flanco izquierdo dominicano, en el camino de Los Conucos, pero la pieza de pequeño calibre emplazada allí, también cumplió su misión y el certero trabajo de los fusileros de Matías de Vargas, Leger y Martínez, terminaron con el ataque, cayendo en el intento los dos coroneles haitianos que mandaban la formación atacante.
El grueso del ejército haitiano se retiraba en desorden, cuando el ala izquierda de los haitianos se tropezó con los azuanos de Duvergé, quienes apoyados por los fusileros de Nicolás Mañón apostados en el Cerro de Resolí, iniciaron una brava carga a machete "que sembró el terror y la muerte en esta ala del ejército de Herard, la que se retiró presa del pánico y la mortandad que ocasionan las armas blancas".
Las fuerzas dominicanas persiguieron y hostigaron al ejército haitiano en desorden "hasta una legua de la ciudad", según informaron testigos de la batalla.
Según hemos podido saber, las bajas haitianas, entre muertos y heridos, son de unos 200 a 300 hombres, mientras que las bajas dominicanas han sido insignificantes.
El general Herard, derrotado de manera tan clara, se retiró al río Jura a reorganizar sus fuerzas.
Esta batalla, victoria contundente de las armas dominicanas, sin dudas que constituye una vigorosa demostración de la capacidad defensiva de los dominicanos y de su disposición de defender a cualquier precio su independencia.
En este combate había hombres de todas las comarcas de las regiones este y sur del país, lo que reafirma cómo ha calado la idea de independencia preconizada por Duarte y el clima heroico creado por el apóstol de la libertad.
En el triunfo de las armas dominicanas no puede dejar de mencionarse el denodado trabajo realizado por el coronel Antonio Duvergé, quien no sólo entrenó a los macheteros azuanos antes de la llegada del general Santana, sino que como jefe de línea se multiplicó para auxiliar los contingentes que necesitaban ayuda en el fragor de la batalla.
La llegada, en medio del combate, del capitán Lorenzo Araujo con tropas adicionales de San Cristóbal, fue un factor sicológico importante en el triunfo.
Esta espléndida victoria tiene un efecto moral adicional sobre los pretendidos planes de protectorado francés, pues hace innecesaria ayuda de los franceses.
Sin embargo, la posición dominicana en esta ciudad no es muy promisoria, debido a lo difícil de la defensa de la misma por las condiciones geográficas de la zona.
¡De última hora!: Santana se retira
Azua. En el atardecer del día de ayer, y trás la victoria obtenida contra las tropas haitianas, el ejército del general Pedro Santana, se retiró a Sabana Buey, Baní.
La retirada fue forzada por las noticias llegadas al campamento dominicano en Azua de que la columna del general Souffrant se encontraba en las inmediaciones de la ciudad. La victoria de Azua se debió, en gran medida, a que esta columna haitiana no había llegado al lugar de la batalla a apoyar al presidente Herard.
La decisión del general Santana es previsora, porque la zona de Azua es muy difícil de defender debido a lo plano del terreno y una superioridad numérica haitiana muy amplia podría inclinar la suerte de las armas a su favor.
Con la llegada de la división del general Souffrant, la proporción de haitianos a dominicanos es de 8 a 1, por lo que sostener la posición era descabellado.
El general Santana destacó patrullas de reconocimiento en esas zonas y dejó en la retaguardia de Azua, al coronel Duvergé y sus tropas azuanas.
La batalla de Azua paso a paso
Primera acción:
La vanguardia haitiana bajo el mando del general Thomas Hector, apoyada por los antiguos dragones de la caballería de Boyer, entra a la población en columna cerrada, por el camino de San Juan y es recibida por el fuego de metralla de un cañón escondido dirigido por Francisco Soñé que deja "claros terribles" en las filas haitianas. Cuando se abren las filas, la fusilería de los comandantes Lucas Díaz, Juan Esteban Ceara y José del Carmen García terminan el trabajo del cañón, y una carga de machete de los defensores de la pieza, pone en retirada desordenada al enemigo.
Segunda acción:
Los regimientos 9Þ y 19Þ, bordeando el bosque, atacan por el camino de Los Conucos la posición de los patriotas, el flanco más débil de la posición dominicana, cerca del viejo convento, donde fueron recibidos por el fuego de una pieza de pequeño calibre emplazada allí y por la certera puntería de la fuerte línea de fusileros de Matías de Vargas, José Leger y Feliciano Martínez. En la acción mueren dos coroneles haitianos y los atacantes se repliegan en desorden.
Tercera acción:
El ala izquierda del ejército haitiano compuesta por los regimientos 2Þ y 6Þ, trata de hacer un movimiento envolvente por el camino de Barro, pero se tropiezan con los azuanos del coronel Antonio Duvergé, quienes a carga de machete siembran el terror entre las filas haitianas. Mientras tanto, los fusileros del bravo Nicolás Mañón, apostados en el cerro de Resolí, apoyan el ataque con certero fuego, haciendo huir en desorden el ejército enemigo, que es perseguido "hasta una legua de la ciudad".
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