Tejada: ajusticiamiento de Lilís abrió ventana de libertad y progreso

El historiador y periodista expuso en la Cámara de Diputados

El historiador Adriano Miguel Tejada mientras disertaba sobre Ulises Heureaux. (Fuente externa)

SANTO DOMINGO. El historiador y periodista Adriano Miguel Tejada expresó que con el ajusticiamiento del dictador Ulises Heureaux terminó una era de opresión y escándalos financieros, y se abrió de par en par una ventana de libertad y progreso para la República Dominicana.

Al dictar la conferencia “El 26 de Julio revisitado”, sobre los pormenores del ajusticiamiento del dictador Ulises Heureaux en 1899, en la Cámara de Diputados, con motivo de la conmemoración del 119 aniversario del magnicidio, el director de Diario Libre resaltó el valor de los dos héroes de la gesta, convertidos luego en presidentes de la República: Ramón Cáceres Vásquez y Horacio Vásquez Lajara.

El investigador, quien disertó con el auspicio de la Asociación de Mocanos residentes en Santo Domingo, manifestó que ambos héroes eran primos, unidos además por una amistad que solo los avatares de la política pusieron en entredicho y que esos lazos familiares y sus afectos fueron la causa eficiente que impulsó la participación protagónica de Cáceres en el hecho patriótico de sangre.

“He escrito en otra parte que la conspiración para asesinar a Lilís comenzó temprano y envolvió a tanta gente, en un ambiente tan pequeño, que uno se pregunta cómo fue posible mantenerla en secreto por tanto tiempo. No es que Lilís no supiera que intentaban asesinarlo. Lo extraño es que, como atraído por un sino fatal, dejara pasar el tiempo y que se desencadenaran los acontecimientos como si intentara probar, una vez más, que él, triunfador siempre, era también capaz de ganarle a la hora final”, dijo.

Tejada, quien fue presentado por el intelectual mocano José Rafael Lantigua, explicó: “La de Lilís fue una dictadura del positivismo, de la ideología del progreso, tan en boga a finales del siglo diecinueve, pero fue también una dictadura criolla, quizás la más criolla de ellas”.

Además, recordó que los profesores Valentina Peguero y Danilo De los Santos afirmaron que el carácter típico de esa dictadura se lo dieron “los años de duración... su relación con los cambios socioeconómicos que se efectuaron en las dos últimas décadas del siglo; su vinculación a los intereses del naciente imperialismo de los Estados Unidos; y el lilicismo como sinónimo de sagacidad política criolla, continuismo, pacificación y despotismo caudillista”.

Causas del ajusticiamiento

Tejada explicó que la dictadura de Lilís se caracterizó por el desorden financiero y la violencia y agregó que la cadena de endeudamiento, iniciada con el empréstito Hartmont, de 1869, se amplió durante el gobierno, por medio de la empresa holandesa Westendorp y que, al quebrar ésta, con los turbios negocios de la San Domingo Improvement Company, empezó la intervención financiera de los Estados Unidos en el país.

“ A Lilís le cabe el dudoso honor de haber permitido la intromisión de los Estados Unidos en las finanzas dominicanas y, a través de ellas, en toda la vida nacional”, enfatizó.

Aseguró que en empeño en obtener recursos se debía a que Lilís necesitaba dinero para financiar las obras de infraestructura que justificaran su permanencia en el poder y para mantener aceitada su maquinaria de opresión política, por medio de la compra de opositores y el pago de delaciones.

“En su afán de allegarse recursos, Lilís comprometió los ingresos aduanales, la principal y casi única fuente de recursos del Estado dominicano, al poner las aduanas en manos de comerciantes criollos o de las empresas extranjeras”, afirmó.

Indicó que en esa loca carrera el tirano creó una inflación galopante en el país, que generó amplio descontento.

Conspiraciones

Afirmó que, aunque contra Lilís se había conspirado siempre, todos los intentos habían fallado. “Sin embargo, un testigo agudo del clima del país, el padre Romualdo Mínguez, que pastoreó por muchos años la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Moca, le confió a un sorprendido Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, huésped suyo en las fiestas patronales, tan temprano como en octubre de 1895, que ‘en Moca será adonde tendrá Lilís su fin, porque aquí están los hombres más valientes del país’”.

Tejada, miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia, agregó que para 1899, las “papeletas de Lilís” estaban totalmente devaluadas y el país vivía en descontento.

“Es para febrero de este año que Horacio Vásquez se entera de que por su oposición al régimen, Lilís había ordenado su eliminación física. Enterado su primo Mon Cáceres de la situación, surge el plan de eliminar a Lilís. Todavía no se sabía el cuándo o el dónde, pero la suerte estaba echada”, afirmó.

Escenario del magnicidio

El historiador aportó muchos detalles sobre el magnicidio, tras relatar que en julio de 1899, ante el deterioro de la situación económica, Heureaux decidió visitar las ricas provincias del Cibao para calmar los ánimos y restablecer la confianza con su presencia, al mismo tiempo que recaudaba fondos por medio de préstamos con los comerciantes locales para apuntalar la moneda.

Contó que Evangelista López (La Cigua), amante y confidente de Heureaux en Moca, le envió un mensaje con un niño, en que le advertía de la conspiración y le pedía que abandonara rápido el pueblo, pero que Lilis, creyendo que se trata de una solicitud de dinero de la barragana, no leyó la nota y le envió unas papeletas.

Relató que finalmente el tirano fue mortalmente atacado y que el periódico El Cibao de Santiago, a donde fue llevado su cadáver, señaló en una crónica que el cuerpo presentaba nueve balazos: seis en el pecho, uno en el occipital y dos en la espalda.

Dijo que los mocanos involucrados en la conspiración fueron Ramón Cáceres, Horacio Vásquez, Manuel Cáceres, Pablo Arnaud, Casimiro Cordero, Ramón de Lara, Jacobito de Lara, Luis Ma. Cabrera, Dioclesiano Cabrera, Domingo Pichardo, José Brache, Damasito Cabrera, Manuel (Ico) Montalvo, Francisco Pérez, Juan M. Contín, Blas de la Maza, Vicente de la Maza, Doroteo Rodríguez, Azael Rodríguez y Andresito Gómez.

Sostuvo que Manuel de Jesús Viñas agrega a esta lista a José B. Amarante, Chuchú Martínez, Santiago Jiménez, David de León y Fellito Montalvo y a “uno de los Contín”, cuyo nombre no especifica, pero que se trataba de Eduardo Contín, y que otra lista agrega a Baldomero Almonte.

“Aparte del general Heureaux, hubo dos muertos más, consecuencia inmediata del ajusticiamiento: El primero de agosto fueron fusilados por las tropas gubernamentales al mando de Perico Pepín, Fidelio Tapia, peón de la finca de Horacio Vásquez, y Francisco Solano (Tito), que formaba parte del grupo de conjurados”, puntualizó Tejada.

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