"El abultar la nómina pública es un legado del neo-patrimonialismo"

Jonathan Hartlyn es profesor de University of North Carolina. Fuente externa

SANTO DOMINGO. El fortalecimiento del movimiento popular es una de las alternativas que le quedan al país para impulsar el escaso avance democrático en la lucha por el poder político, según el catedrático Jonathan Hartlyn.

Para el autor del libro "La lucha por la democracia política en República Dominicana", esa lenta democratización tiene su mayor escollo en una fuerte tradición neopatrimonialista. A este legado atribuye el exceso de funcionarios designados por el presidente Leonel Fernández. Hartlyn publicó la versión del texto en español, auspiciada por la Fundación Global.

P: ¿Por qué tanto retraso?

R: El proceso importante de democratización comienza en 1961. Ha habido logros trascendentes, pero  accidentados. El país no ha vivido una transición que lleve  a una rápida consolidación democrática. Son procesos zigzagueantes.

Yo trato de explicar el surgimiento del neopatrimonialismo, analizando la experiencia del país en el Siglo XIX en relación con la interacción entre factores domésticos e internacionales.

P: ¿Algún personaje emblemático?

R: En sus términos más extremos, sin dudas sería Rafael Trujillo. El patrimonialismo se caracteriza por la concentración del poder en manos del gobernante, que busca reducir la autonomía de sus seguidores mediante el clientelismo, y por la falta de distinción entre intereses  públicos y privados en el Gobierno.

P: ¿Influye el caudillismo?

R: De manera indirecta sí. El caudillo sería el líder neopatrimonial. En el Siglo XIX muchos líderes llegaban al poder político por las armas y eso inhibió las posibilidades de un desarrollo más democrático. En el segundo capítulo del libro hago un contraste entre República Dominicana, con un desarrollo accidentado, con intervención extranjera y mucho caudillismo; y Costa Rica, que llega a tener una experiencia de plena democracia.

P: ¿Qué se puede hacer?

R: En vez de pensar en un quiebre absoluto, hay que pensar en procesos lentos y paulatinos. Una manera es desde la sociedad. El neopatrimonialismo se nutre de una sociedad con organizaciones sociales débiles, sin mucha capacidad organizativa y una pésima distribución del ingreso. En la medida que se mejore la distribución del ingreso y el nivel educativo, y se fortalezca la sociedad civil, habrá menos campo para el neopatrimonialismo.

Otra forma sería desde arriba, con un estilo de gobierno que rechace el uso del Estado para fines electorales, pero el problema es que desde el poder los incentivos para esta práctica son poderosísimos.

P: ¿Usted coincide con Laura Faxas sobre el movimiento popular?

R: Recién recibí un ejemplar de su libro, pero en las encuestas Demos y Barómetro de América he visto que el nivel de participación en organizaciones cívicas en el país se ha reducido en términos relativos a partir de 1994.

P: Al gobierno se le culpa por abultar la nómina pública ¿qué cree usted?

R: En el libro reseño diferentes gobiernos que han aumentado la nómina pública; se vio en el de (Antonio) Guzmán, pero los de (Joaquín) Balaguer fueron los que más tuvieron secretarios y subsecretarios. No es algo nuevo, es uno de esos legados que se debería tratar de reducir.

Hay progresos, pero plantean la necesidad de otras mejorías, en relación con el financiamiento de las campañas y con el uso y abuso de recursos estatales"