"El día en que yo no era yo"
La autora define como traumáticas sus experiencias en el Consulado dominicano en Nueva York
La periodista dominicana Sonia Rossó, residente en Nueva York, relata en una crónica su experiencia en el Consulado dominicano en esa ciudad, donde acudió a tramitar documentos.
NUEVA YORK. Definitivamente, acudir al Consulado dominicano en Nueva York es una experiencia caótica, frustrante y traumática, en contraste con informaciones recientes que he leído, en las que se habla de los esfuerzos del cónsul Eduardo Selman por lograr la eficiencia de los servicios.
Es insólito que en una sede consular expidan un documento con errores graves que pueden acarrear consecuencias peligrosas al portador en este país.
Mis experiencias en el Consulado han sido desagradables y estoy segura de que mi percepción es igual a la de cientos de dominicanos que van allí en procura de algún servicio. No sé por qué no se denuncia el desorden imperante, pero es una realidad, porque las quejas que he escuchado cuando he ido son infinitas.
En mi reciente visita al Consulado en busca de una carta por pérdida de documentos, mi vivencia fue ingrata de nuevo.
Este documento hay que llevarlo a la Policía en un sobre cerrado que sólo puede abrir un miembro de esa institución. En mi caso, grande fue mi sorpresa cuando abrieron este sobre y en el documento aparezco con otro apellido y otro número de Seguro Social, es decir que "yo, no era yo". Estos errores se cometieron después de darle a la persona que me atendió mis ID (documentos de identificación, incluyendo el pasaporte).
Al igual que hace dos meses, cuando fui en busca de un acta de nacimiento, tuve que presentarme por dos días consecutivos, lo que significa dos días perdidos de trabajo, doble gasto en pasaje y, por supuesto, doble disgusto.
Al acudir esta vez percibí un "chin", menos de caos (dos pizarras electrónicas), para llamar por un número al que busca determinados documentos, como poderes, cartas por pérdidas y otros), pero para casos de pasaporte y acta de nacimiento, persiste el mismo caos. El poquito de orden no sirve para nada, si al final me dan un documento donde yo no soy yo. Eso sí, tengo que admitir, para ser justa, que todo el que me atendió era simpático.
¡Y hay que ver que ahí se recauda dinero!, si por cada picada de ojo hay que pagar en dólares...Nada más parecido al rey Midas que esta sede diplomática. Todo ese dinero podría servir para modernizar los procesos y contratar más personal, por su capacidad y no por cuestiones políticas, claro está.
Odisea anterior
Para "disfrutar" de un caos, solo hay que ir a este Consulado. El desorden es indescriptible. Hay que esperar por un documento de seis a ocho horas; no hay orden numérico para atender los casos, ni llaman a los interesados por el de llegada, y la joven que requiere al solicitante tiene un timbre de voz tan bajo que los que están a la espera tienen que asistirla gritándole a quien le toque el turno.
Para pagar el documento, esperé por dos horas en una fila de unas diez personas, en consecuencia, las quejas de los solicitantes no se hicieron esperar, con los consecuentes improperios impublicables.
Después de casi seis horas de espera, uff!!, por fin me llaman, me dan un papel con un número de teléfono y me dicen que regrese al día siguiente, pero que primero llame para confirmar si el acta de nacimiento está lista.
El que desee sentir emociones extremas que vaya allí, sin tráfico de influencias. Nadie me lo contó, yo lo viví.
Conclusión: cansancio, impotencia y un pie dislocado producto de un hoyo en Broadway. ¡Por Dios, aquí también hay hoyos!!
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