El maltrato psicológico es el más difícil de detectar

La sutileza que caracteriza al abuso psicológico hace que éste sea difícil de detectar por sus víctimas en un primer momento.
Imaginemos una caja vacía que se va llenando de minúsculos puntitos de colores. Primero uno, luego dos, luego tres. Son tan pequeños, que la primera sensación que nos da es que se pierden dentro del amplio espacio de la caja. Volvamos dentro de unos meses, y veremos que se han ido sumando hasta convertirse en una franja de color que se empieza a notar. Si la caja sigue cerrada, dentro de unos años los puntitos se habrán convertido en una espesa masa que llena la caja por completo.

Ahora llamémosle a la caja, cerebro; a su propietario, víctima, y a los puntitos de colores, los ataques cotidianos y pequeños que van lanzando los abusadores psicológicos. El proceso en el que los puntos se van convirtiendo en la masa espesa, es el tiempo durante el cual va progresando el poder del abusador, y la imagen de que se mantenga cerrada, indica la parálisis que sufre la víctima, y que a su vez hará que la "caja" termine llenándose por completo.

Diversas expertas que describen el denominado "maltrato psicológico", coinciden en señalar que se trata de un proceso muy complejo que resulta muy difícil de identificar por las víctimas que lo padecen, dado que sus principales características son la sutileza y un fuerte poder de manipulación a toda prueba.

"Por medio de palabras aparentemente anodinas, de alusiones, de insinuaciones o de cosas que no se dicen, es posible desestabilizar a alguien o incluso destruirlo sin que su círculo de allegados llegue a intervenir", señala la victimóloga y criminóloga francesa Marie-France Hirigoyen en su libro "El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana".

La psicoterapeuta en Análisis Transaccional, dominicana y radicada en Barcelona, Mercedes Pappaterra, subraya también la palabra sutileza como clave e ilustra el funcionamiento típico del sistema de maltrato psicológico diciendo que se pueden utilizar frases que tienden a minar la autoestima de la víctima: "Oye, pero nada más a ti se te ocurre decir una cosa así".

"No se trata de un tono agresivo, se trata de un fondo agresivo, y esto es lo que confunde. Es ridiculizar, humillar tus puntos de vista, desautorizarte en público. Todo eso hace muy difícil que las agresiones puedan ser detectadas", puntualiza.

Poco a poco, la víctima va pasando a sentir sensaciones que identifica, pero que no es capaz de relacionar claramente con su vida en pareja.

"Estas actitudes van tomando sitio con el tiempo, van atrapando a la víctima en la situación. La víctima dirá que se siente atrapada, desvalorada, triste, sin energía, y no será capaz de definir bien lo que le pasa y mucho menos por qué", recalca Pappaterra.

Uno de los puntos que dificulta que los demás sean conscientes de lo que pasa es que el perfil de un abusador psicológico es una persona completamente integrada a la sociedad, que muchas veces suele ser amable y simpático hacia el exterior y puede incluso ostentar la definición de "buen marido".

"Ningún abusador es cien por ciento malo e incluso puede tener sus buenos momentos", comenta la psicoterapeuta norteamericana Jill Murray en su libro "Relaciones Destructivas".

La invisibilidad del abuso aísla a las víctimas



Al contrario de lo que normalmente ocurre con los casos de violencia física, con la violencia psicológica se

suele ver a la víctima como la débil y el maltratador, en muchos casos goza del cariño o la admiración del círculo de conocidos.

Estos elementos, sumados al estado

de confusión y parálisis en que paulatinamente van cayendo sus víctimas, así como la ausencia de secuelas tangibles equiparables a los moratones o los golpes, van dejando a la víctima sola. En ese estado, se termina por devastar la autoestima y el ánimo de las víctimas hasta llegar a la depresión clínica y en algunos casos, al suicidio.

A pesar ello, todas las víctimas pueden recuperarse si primero identifican el problema y lo reconocen, cosa

que generalmente ocurre gracias a la intervención de algún especialista de la conducta humana.

Consecuencias

Fase de dominio

La renuncia (evitar el conflicto).

La confusión (no saben cómo

quejarse. Como si estuvieran

anestesiadas).

La duda (no pueden creer lo

que tienen ante sus ojos).

El estrés (tensión interior).

El miedo

El aislamiento.

A largo plazo

El choque (cuando toman conciencia de la agresión).

El desequilibrio (en general

presentan un estado de ansiedad

generalizada, un estado depresivo

o trastornos psicosomáticos).

La separación. Ante una amenaza

cada vez más clara, las víctimas pueden reaccionar de dos maneras: someterse y aceptar la dominación; rebelarse y combatir con la idea de marcharse.

La evolución. Primero liberación,

otras pueden desarrollar un

estrés postraumático.


Lo que tienen en común los abusadores psicológicos

Hirigoyen define las características

básicas de los denominados "perversos narcisistas"

El sujeto tiene una idea grandiosa

de su propia importancia.

Lo absorben fantasías de éxito ilimitado y de poder.

Se considera "especial" y único.

Tiene una necesidad excesiva de

ser admirado.

Piensa que se le debe todo.

Explota al otro en sus relaciones

interpersonales.

Carece de empatía.

Envidia a menudo a los demás.

Tiene actitudes y comportamientos arrogantes.

Por su parte, Jill Murray indica que

los abusadores "sabían lo que hacían cuando les hicieron daño", ya que, indica, "el abuso es un comportamiento adquirido" que los abusadores han practicado en algún otro lugar para llegar a dominarlo lo suficiente como para hacer daño.

Las expertas señalan que seguramente producto de una infancia dolorosa marcada por muchas carencias, estos personajes se vuelven seres sin sentimientos, que sólo expe- rimentan rabia o emoción a través de su egoísmo. Sin embargo, enfatizan, sus historias no son una excusa para que esas personas no hayan hecho nada por superar sus problemas y dejar de hacer daño a los demás.