El pájaro bobo no estimula el apetito, como se cree

Un ejemplar del llamado Pájaro Bobo. Cortesía Eladio Fernández
SANTO DOMINGO. Una de las creencias más perniciosas y absurdas que existe en nuestro país es la que recomienda comer carne de Pájaro Bobo (Saurothera longirostris), ave endémica de nuestra isla, para devolverle el apetito a los niños desganados. Es difícil rastrear el origen de esta aberrante superstición que le ha hecho tanto daño (sobre todo en los campos) a esta hermosa y simpática ave. Es común oír expresiones como ésta en la zona rural: "Este muchacho no quiere comer, hay que cocinarle un bobo"; cuando la causa de la inapetencia es, probablemente, la proliferación de parásitos en su vientre. Tal vez si supieran que se alimenta de lagartos y grandes insectos (las cucarachas forman parte del menú), lo dejarían en paz.

El nombre le viene porque es un ave grande y notoria que no parece temerle a la gente (error fatal) y por eso es fácil de matar hasta con un tirapiedras. El nombre latino alude a su predilección por los lagartos (Sauro) y a su largo pico (longirostris). En Haití y en la región fronteriza le llaman "Tacó", por un sonido que produce.

Los "Bobos" ( En España llaman bobos a los pingüinos) pertenecen a una gran familia (Cuculidae) representada en varios continentes. Los del Viejo Mundo, como los cuclillos, son aves parásitas que no hacen nidos ni incuban huevos ni crían pichones. Los nuestros en cambio son padres dedicados que asumen con responsabilidad la crianza de sus hijos, con la excepción parcial de los judíos (Crotophaga ani) una subfamilia semi parásita, cuyas hembras ponen varias capas de huevos separadas por hojas en un nido comunal, pero sólo nacen los últimos, puestos por la hembra dominante. Las poblaciones de judíos han crecido grandemente, porque que a diferencia de la mayoría de las especies, la deforestación moderada les beneficia. El miembro más famoso de esta familia es el "Corre Caminos" (Geococcyx californianus) inmortalizado por la televisión.

Miden entre 41 y 46 cm y pesa unos 110 g. Ponen de 3 a 4 huevos (De marzo a junio) en un nido muy bien escondido hecho de ramitas. Es común verlo moverse rápidamente alrededor de los árboles, siguiendo la trayectoria de los lagartos a los que persigue.

Su población descendió en más de un 90 % en los Haitises en 20 años (De 1976 a 1996). Felizmente el ave ha logrado adaptarse a las zonas urbanas y semi-urbanas, donde todavía quedan lagartos y cucarachas y los niños prefieren los video juegos a los tirapiedras.

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