Karl Rove, arquitecto y cerebro de las victorias de Bush

WASHINGTON.- Considerado por unos un genio de la política y por otros un estratega despiadado, pocos disputan la influencia de Karl Rove en la presidencia de George W. Bush, a quien aupó al poder y a quien, tras décadas de lealtad, abandona este mes.

"A finales de este mes, me uniré (...) a las filas de estadounidenses de a pie que te dicen que están rezando por ti", dijo hoy durante una emotiva comparecencia conjunta con Bush en los jardines de la Casa Blanca.

Su partida se produce tras la derrota electoral republicana en los comicios legislativos de noviembre y en medio de una fuerte controversia por su supuesto protagonismo en el despido de nueve fiscales federales, que los demócratas han tachado de una "vendetta" política y que se investiga en la actualidad en el Congreso.

Rove evitó hoy entrar en controversias y dijo tirar la toalla del poder para dedicar más tiempo a su familia, aunque aseguró, eso sí, que seguirá siendo un "fiero" defensor de Bush, a quien le une una amistad de más de tres décadas.

Su relación ha sido, en opinión de un buen número de analistas, la más estrecha entre un presidente y su principal asesor político de la historia moderna estadounidense.

Ese intenso "matrimonio" político se ha traducido en una revolución republicana que muchos equiparan a la que tuvo lugar en las filas demócratas en la década de los 30 con el "New Deal" del presidente Franklin D. Roosevelt.

El "tándem" ha conseguido, por ejemplo, que la religión tenga un protagonismo sin precedentes en la vida política estadounidense y que la apuesta por la guerra preventiva sea la doctrina dominante en política exterior.

Viendo sus orígenes nadie podría presagiar que sus vidas se entrelazarían de forma tan estrecha.

A diferencia de Bush, quien se crió rodeado de poder y riqueza y asistió a las mejores universidades del país, Rove es producto de la amorfa clase media estadounidense, sufrió el suicidio de su madre y nunca llegó a acabar sus estudios universitarios.

En lugar de eso canalizó su energía hacia la política, al enrolarse en las filas republicanas y convertirse en presidente a nivel nacional de la asociación de "Universitarios Republicanos".

Su prodigioso instinto político salió pronto a flote.

Sus compañeros de juventud recuerdan, por ejemplo, cómo en una discusión sobre cuál debería de ser la postura sobre la ONU en las elecciones por la presidencia de los "Universitarios Republicanos" el alto asesor de la Casa Blanca instó a olvidar el asunto: "Los votantes no entienden ese tema", presagió un pragmático Rove.

Su inagotable energía llamó la atención de Bush padre, que intercedió para que el joven Rove obtuviese un trabajo en el Comité Nacional Republicano. Fue así como entabló una relación con los Bush que ha sobrevivido vientos y mareas.

Rove guarda un claro recuerdo de su primer encuentro con el ahora presidente de Estados Unidos.

"Fue en 1973, el día antes de Acción de Gracias", recordó con precisión matemática en un extenso perfil publicado por la revista "New Yorker" en mayo del 2003.

El padre de Bush trabajaba entonces en Washington y su hijo mayor llegaba a la capital desde la Universidad de Harvard para pasar las fiestas con la familia.

Nadie podía ir a buscarlo a la estación del tren y encargaron a Rove que fuese a recogerlo.

"Puedo recordar exactamente lo que llevaba puesto: una chaqueta de la Guardia Nacional, botas de cowboy, pantalones vaqueros (...) Rezumaba más carisma del que debería estar permitido tener", dijo Rove, quien vio en el joven Bush algo por lo que nadie hubiera apostado entonces ni un centavo: madera de presidente.

Poco después Rove se fue a Texas y comenzó una etapa decisiva para él y su futuro jefe.

Allí creó una firma de consultoría con la que lanzó una campaña masiva de correo directo, con la que consiguió que el estado dejase de ser un feudo demócrata y se convirtiese en el nido de fervor republicano que es en la actualidad.

Fue en Texas, también, donde diseñó las dos exitosas campañas de Bush como gobernador del estado y donde acumuló la fuerza necesaria para lanzar a su "creación política" a la candidatura para la presidencia de Estados Unidos.

Para conseguir el ascenso de Bush, Rove no ha dudado nunca en atacar sin piedad a los rivales de su jefe, a quien, a decir de los críticos, le ha valido de cerebro.