La cocina es la actividad más parecida a la ciencia

La definición operacional se usó primero en la cocina que en la ciencia.

Para cocinar como para hacer ciencia, se necesita definir los pasos en términos operacionales; de ahí, el vínculo. Por Simón Guerrero 

Una de las preocupaciones principales de los científicos es la claridad en el uso del lenguaje. Cuando publican, deben asegurarse de que sus ideas y sus datos sean comunicados de manera precisa e inequívoca, de modo que quienes lean sus trabajos sepan exactamente qué significa cada término usado y en qué consistió cada una de las operaciones realizadas en la investigación.

Este rigor le parece excesivo a mucha gente, pero es lo único que garantiza que otros investigadores puedan verificar los hallazgos de un colega, repitiendo la investigación con variaciones mínimas.

Decía un autor, para destacar el rigor científico, que si vemos pasar una oveja negra y reportamos que vimos pasar una oveja negra, nuestra descripción no sería del todo objetiva. Tendríamos que haber dicho: "Vimos pasar una oveja, uno de cuyos lados es negro; como generalmente las ovejas tienen ambos lados del mismo color, suponemos que el otro lado también será negro, pero no podemos afirmarlo hasta que no lo hayamos visto". Este ejemplo puede parecer ridículo, pero durante mucho tiempo ese fue el caso con la luna, que siempre nos muestra la misma cara. Nadie sabía cómo era la otra cara hasta que pudo ser observada. Sólo podíamos decir: "Ahí está la luna, uno de cuyos lados tiene cráteres".

Cocinar es lo que más se parece a la ciencia , porque los científicos y quienes cocinan como pasatiempo, comparten una práctica común: repetir los experimentos o los platos realizados por otros, para lo cual es imprescindible definir con precisión y claridad todas las operaciones realizadas. Comparten también una secreta pasión por lo que hacen, que los impulsa a realizar nuevas investigaciones o a ensayar nuevas recetas. Para estos fines, las definiciones de los diccionarios no sirven, ya que raras veces dan el significado de las palabras, sino un sinónimo. Si buscamos "perverso", encontramos o un sinónimo: "Sumamente malo"; o una viciosa circularidad: "Que manifiesta perversidad". Este tipo de definiciones no sirven para describir las operaciones que se realizan en un experimento o los pasos que hay que dar para preparar un plato.

Para describir con claridad lo que hace un científico o un cocinero, es necesario otro tipo de definición, la "Definición Operacional", que es un concepto surgido en la física y copiado por otras ciencias. En la definición operacional, los términos se definen diciendo cómo proceder y qué observar. Es un tipo de definición que nos indica cuáles operaciones realizar para obtener lo que estamos definiendo. Definir el hambre como "una sensación de vacío en el estómago debido a la ausencia de nutrientes", no sirve de nada a un experimentador que quiere replicar un experimento con ratas en el cual se manipula la variable hambre. Una definición operacional de hambre sería: "Las ratas estuvieron privadas de alimento durante 72 horas". En esta definición queda claro qué entiende el experimentador por hambre y nos permite producir ratas hambrientas.

Si un aficionado a la cocina muestra interés por el "majarete", por ejemplo, y le decimos que se trata de un plato típico muy rico hecho a base de maíz tierno, leche y azúcar, con esa definición, por muy correcta que nos parezca, no podrá preparar ese postre. Sólo si le damos la receta, que es el mejor ejemplo de definición operacional, podrá hacerlo. De hecho, las definiciones operacionales se usaron mucho antes en la actividad culinaria que en la científica. Tal vez por eso las mujeres, históricamente vinculadas a la cocina desde la infancia, han sido tan exitosas en el quehacer científico, a pesar de los obstáculos y las trabas impuestos por la tradición patriarcal.

(Continuará)