La infancia herida a bala
Las armas del país mutilan a centenares de niños y matan a decenas. Ellos, los protagonistas de esta historia, sobrevivieron.
El sonido las delata antes del impacto. "¡Pum!", tumban cuando atraviesan el zinc de hogares diminutos. "Yiii", chillan cuando estallan en fragmentos asesinos contra verjas de metal. Las balas se anuncian, aunque el trueno del disparo se haya ahogado a cuadras de distancia.
- Nosotros pensamos que era una piedra que había caído al techo -dicen los que estaban dentro del hogar.
- Cuando explotó, hizo un chirrido como el de un vehículo al que se le van los frenos -cuenta una testigo que vio a su sobrino de cinco meses recibir el impacto de las astillas.
- Yo estaba en mi casa preparándome para acostarme, y siento la ráfaga. Digo: "¡Dios, cuánto tiro!" -relata la tía de la adolescente herida.
Las balas se anuncian, sí. El problema es que no dan tiempo a escapar.
* * *
Jessica Paulino pasa las manos por los rizos de su hijo Jeremis. Hace un año y medio, la cabeza del niño estaba pelada y cubierta por vueltas sobre vueltas de un vendaje grueso y blanco. Sus grandes ojos marrones estaban achinados con la hinchazón post-operatoria.
Tras casi dos meses en cuidados intensivos del hospital Darío Contreras de la capital, finalmente lo 'bajaron' a sala. Entonces, la abuela Florangel notó algo extraño:
- Jessica, como que el niño no ve.
- Ay mami, ¡no me diga eso!
"La bala le entró por aquí", indica la chica que este año terminó bachillerato en la escuela Juan Bautista Saparrat. Una cicatriz se asoma blanca entre las ondas de la cabeza de Jeremis. Herida por arma de fuego, en región tempora pariental izquierda sin salida, reza el diagnóstico médico. Edad del paciente: 2 años. "Se la sacaron por este otro lado", intenta mostrar Jessica mientras su hijo se menea. "Le dañó el nervio óptico y ahora ninguna guardería quiere aceptarme al niño porque dicen que requiere cuidados especiales".
* * *
En República Dominicana hay armas de fuego: 205,952 registradas, y un número indeterminado de artefactos ilegales que ningún organismo se atreve a estimar. De acuerdo con las cifras oficiales, hablamos de una escopeta, pistola o revólver por cada 43 habitantes.
En República Dominicana, también hay muertos por armas de fuego: 1,618 en el año 2010, 68 de los cuales son menores de edad. A mayo de este año, el total de homicidios por esta causa alcanzaba los 684. De ellos, 24 eran niños.
Los heridos siempre son más. En términos matemáticos y según el promedio que indica la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Estados Unidos -y que puede aplicarse a República Dominicana-, hay que multiplicar por tres. Las personas que arrastran cicatrices de bala en el país son el triple que sus muertos, y eso afecta también a los más inocentes: los niños.
* * *
Durante 2010, murieron 68 menores de edad a manos de armas de fuego. El número de heridos triplica esa cifra.
9 de febrero, 2010. Los Mina.
En la estrecha casa de los Paulino, sus seis habitantes se preparaban para dormir. En la única habitación del hogar, los hijos y nieto de Florangel ya estaban en cama. Scarlett, la menor de tan sólo 9 años, compartía espacio con Jeremis. La abuela del pequeño salía de la ducha y Jessica preparaba el biberón de leche al niño cuando vino el ¡pum!
Eran las 10:30 de la noche y para todos, se trataba de una piedra. El grito de Scarlett dio el aviso:
- ¡Mami, mami! ¡Mira, sangre!
Florangel encendió la luz y tomó a Jeremis. El pequeño soltó un quejido. Vestida solo con su bata, se apresuró en lavarle la cabeza y salir a la calle con Jessica rumbo a la Maternidad Infantil San Lorenzo. Fue ahí que comprendieron que se trataba de una bala perdida: "Yo no imaginé que podía ser eso. Pensé que se había partido con algo", recuerda Jessica. De la Maternidad los enviaron al hospital Darío Contreras, donde ingresaron de urgencia al niño para removerle la bala.
En el mismo centro hospitalario ingresaron a Karin Cruz, el 16 de enero de este año. De 17 años, la chica se vio en medio de una balacera cuando compartía un chimi en el sector de Los Frailes II. Era medianoche de sábado, había gente, había tapón. Los ánimos se caldearon entre un motorista y un hombre en yipeta, a tal punto que los choferes intercambiaron tiros.
"Parecía un far west", dicen los testigos. Dos cartuchos se vaciaron durante el enfrentamiento en el que resultaron heridas cuatro personas. Dos balas dieron sobre el cuerpo de Karina: una rozó su talón, y la otra se alojó en su columna. "No me la han sacado porque si lo hacen, podría quedar inválida", cuenta la chica.
* * *
No tienen nombre. Salen de la nada y aterrizan de improviso, pero nadie sabe quién las disparó ni por qué. No tienen nombre, pero se las llama "balas perdidas", y su única diferencia con los tiros erráticos que dañan a inocentes, es que no se conoce su origen.
Por eso, su cifra es diminuta e irrelevante. Porque en cualquier momento, se descubre al autor del tiro al aire que mató a un niño o mutiló a una familia, y deja de apellidarse "perdido". A final de cuentas, son tan dañinos como los disparos que hirieron a Karina Cruz.
¿Por qué, entonces, la clasificación? Porque a las víctimas de balas perdidas, el Ministerio de Interior y Policía ofrece ayuda. El destino del resto de los heridos queda a manos de la justicia, para que determine los gastos que los culpables deben pagar.
Mientras eso ocurre, la familia de Karina ya ha desembolsado más de 30 mil pesos en exámenes y medicamentos.
* * *
Keudy dormía. En los 20 metros cuadrados de una caja de block y techo de zinc, Keudy dormía entre otras cuatro personas apiñadas en una compacta masa de colchones. Sus abuelos, su madre y una prima, todos, dormían.
En la zona de Alma Rosa II, no hay razones para no dormir. Es un área tranquila, dicen los vecinos, que viven en casas de estructura firme y techos aguerridos. La excepción es el 10 de julio de este año, detrás de un pasaje húmedo y estrecho, en una caja de block sobrepoblada y sin ventilación. La excepción tiene dos años y se llama Keudy de los Santos, un mulato que esa madrugada, a las 3:30 de la mañana, despertó llorando por un ¡pum! que atravesó el techado y el dolor que ese ruido le significó en su muslo derecho.
El miedo y el golpe despertaron también a Eliana Sánchez el 14 de abril de 2009. El pum, la teoría de la piedra cayendo sobre el zinc, la oscuridad y la pasta viscosa de la sangre sobre el tórax. Cuatro de la mañana, correr al hospital, operar de urgencia antes que la bala alcance el corazón. La historia se repite y Eliana, hoy de 10 años, se despierta por las noches con pesadillas y un pánico absoluto a volver a vivir bajo el zinc. Con su madre, Olga Sánchez, nunca más pisaron la casa de la desgracia y hoy viven en una casa de techo de concreto.
* * *
La esperanza vino con una foto. A dos semanas de volver a casa, y después de dos cirugías en su cabeza, Jeremis reconoció a Scarlett en una imagen que le enseñó Florangel.
La evolución ha sido progresiva, y hoy el niño puede mirar a través de su ojo derecho. Con el izquierdo no ve, y tampoco cuenta con visión lateral: para observar a los lados, debe girar la cabeza por completo. Los Paulino, sin embargo, están optimistas: "El doctor nos dijo que los tejidos del niño todavía se pueden regenerar".
Optimistas están, también, en casa de Andrés Nova, el pequeño de cinco meses que en mayo de 2009 recibió las esquirlas de una bala que rebotó en la reja de su hogar. Dormía sobre el regazo de su tía cuando una persecución policial terminó con su brazo rasmillado y su ojo derecho arañado. La familia cree que ese ojo no se está desarrollando como corresponde, pero tienen fe: "Le dejamos nuestros problemas al Señor, Él es quien resuelve", dice Celeste Nova, una de sus tías.
Y se afana, presurosa, porque la vida continúa.
Las armas en República Dominicana
El porte y tenencia de armas está regulada por el Ministerio de Interior y Policía, que establece los requisitos y exámenes que los interesados deben realizar para obtener una licencia. Del total de armas de fuego registradas, el 76% corresponde a pistolas, el 12% a revólveres, el 11% a escopetas y el restante a fusiles y rifles.
Desde esta institución reconocen el problema que significa la "cultura que predomina entre algunos integrantes de la sociedad que exhiben el arma de fuego y la despliegan haciendo alarde y uso de la misma como muestra de una falsa virilidad, provocando con ello, en cambio, temores y daños físicos a personas que al recibir el impacto de las balas son heridas o quedan impedidas físicamente de por vida y en otros casos mueren".
Rubiales afirma ante el juez que Hermoso consintió el beso tras Mundial femenino 2023
Jokic anota 40 y los Nuggets vencen 146-117 a Blazers, su séptimo triunfo consecutivo
¿Quién es Armando Benedetti, la manzana de la discordia del gobierno de Colombia?
"Artesanos: Ingenio de manos", documental sobre el arte artesanal, llegará a las salas de cine