La obra más monumental y moderna en los años 50

A pesar de haber sido construido hace 57 años, el hotel El Embajador sigue siendo un edificio imponente.

Este edificio fue una expresión de las transformaciones que sufrió Santo Domingo a mediados del siglo pasado, las cuales definieron en gran medida el perfil urbano de la ciudad que hoy conocemos.

Aunque fue construido hace 57 años, el edificio que aloja el emblemático hotel El Embajador sigue siendo una estructura imponente y un importante referente arquitectónico de la ciudad de Santo Domingo, ya que fue uno de los primeros edificios monumentales de estilo moderno levantados en el país.

El hotel, que se terminó de construir en 1955 y fue inaugurado el 12 de febrero del siguiente año, fue diseñado por el estadounidense Roy France, considerado un importante arquitecto modernista en su época. La construcción estuvo a cargo de la Marrit Champman y Scott Corporation, que también se ocupó del mobiliario y decorado de las instalaciones.

El primer hotel turístico de lujo del país tuvo un costo de cinco millones de pesos, y para su construcción se aplicaron las técnicas más modernas utilizadas en el mundo en ese momento. Sus trabajos se concluyeron en tan sólo 11 meses.

Pablo Díaz, director de marketing y comunicaciones de Occidental en el país, cadena que maneja actualmente el hotel, considera que el tiempo record de construcción se logró debido a que no se escatimaron ni esfuerzos ni recursos, "porque este edificio fue un capricho del dictador Rafael Leónidas Trujillo, quien incluso se reservó para él y sus allegados las dos últimas plantas".

Díaz explica que con El Embajador se agrega a la estructura urbana un diseño único y monumental, con instalaciones de lujo distribuidas en ocho pisos, que incluían 310 habitaciones con balcones individuales y un penthause, todos amueblados al estilo provenzal. El acabado exterior fue en color blanco, con las particiones de los balcones en verde.

El edificio también incluía patio español, canchas de tenis, casino, club nocturno, salón de coctel, tiendas y una "concha acústica" junto a la piscina, que sirvió como teatro y pasarela de moda al aire libre. En sus inmediaciones también se construyeron un campo de golf y un campo de polo, de los que eran asiduos el playboy Porfirio Rubirosa y Ramfis Trujillo, el hijo mayor del dictador.

Casi todos los materiales utilizados en la construcción y decoración fueron traídos de Nueva York, Miami y Nueva Orleans. Se adquirieron los mejores mármoles, cortinas y lámparas, muebles y complementos.

Según refiere Pablo Díaz, el hotel fue administrado en principios por la Ambassador International y luego, en 1957, fue adquirido por la cadena Intercontinental Hotels Corporation, que lo operó hasta 1977, cuando lo vendió a un grupo de inversionistas orientales. Finalmente fue comprado por Occidental Hoteles, en el 1982, cadena que lo administra en los actuales momentos.

EN EL MARCO DE LA FERIA DE LA PAZ

La construcción del hotel El Embajador formó parte del conjunto de obras que se realizaron en Santo Domingo para celebrar la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, con la que se conmemoraban los 25 años en el poder del dictador Rafael Leónidas Trujillo. La misma fue concebida como una exposición universal con pabellones, teatros, avenidas, fuentes y parterres para albergar presentaciones de varios países.

Las instalaciones, que incluían 71 grandes edificios, sin contar el hotel, costaron 30 millones de pesos, tanto como la tercera parte del producto interno bruto nacional del momento.

MANTENIMIENTO Y REMODELACIÓN

Pablo Díaz confiesa que el mantenimiento de una estructura de casi 60 años resulta muy costosa e implica un mayor esfuerzo que en una actual, sobre todo si existe el interés de que las instalaciones permanezcan en óptimas condiciones.

"Los arreglos son constantes en el hotel, pero hay que reconocer que la estructura física es muy sólida, y que donde hay que poner mayor atención es en lo que está dentro, como son aires acondicionados e instalaciones de electricidad y de plomería", señaló Díaz.

El director de marketing y comunicaciones asegura que el interés de la cadena es conservar la línea clásica que siempre ha tenido, "porque no queremos perder el corte europeo que le caracteriza, similar a los grandes hoteles clásicos de Europa, y que creemos ha marcado las tendencias en materia de hoteles en el país".

Dice que donde más han intervenido es en las habitaciones, las cuales se han actualizando pero manteniendo su línea clásica, mientras que las columnas, los pisos, lámparas, elementos decorativos, marcos de puertas, cornisas y hasta parte del mobiliario han tratado de conservarlos lo más posible en las áreas comunes, sobre todo en el lobby.


"La administración actual del hotel está interesada en conservar todo lo posible los materiales y los decorados de la época, ya que estamos hablando de un edificio de 57 años, que hay que empezar a guardar, porque es pura historia" señala.

Díaz explica que en todos sus años de existencia el hotel sólo ha sufrido una remodelación profunda, en 1998, la cual implicó una inversión de alrededor de 10 millones de dólares, y lo mantuvo cerrado casi nueve meses. En esta ocasión se crearon el Royal Club, en el piso ejecutivo, y los salones de convenciones, y se remodelaron todas las habitaciones, el lobby, el casino y el área de piscina. "Se cambiaron formas y se redistribuyeron espacios, intentando siempre conservar lo más posible las áreas verdes, la entrada y el lobby como era en la época".

Actualmente, sostiene el ejecutivo, se contempla la remodelación y actualización de las plantas 2, 3 y 4, y del centro de convenciones, pero por fases, porque no creen conveniente cerrar el hotel como se hizo anteriormente.

Uno de los proyectos que también tienen pendiente es el de la remodelación de la fachada, porque según Díaz, el hotel tiene una estructura piramidal muy interesante, pero es muy antigua. "Tenemos unos estudios para hacer una restauración pero es complejo y de un alto costo".

EXCELENTE UBICACIÓN

El edificio quedaba en las afueras cuando fue construido, pero con la expansión paulatina de la ciudad ha logrado colocarse en una excelente ubicación, específicamente en la zona residencial de Bella Vista, a una esquina de la Winston Churchill, una de las avenidas que delimita el polígono central del Distrito Nacional.

Para Pablo Díaz el hecho de que el hotel haya conservado muchos de sus árboles centenarios y que sus jardines aún exhiban el verdor de antaño, y que además esté muy próximo a uno de los más importantes pulmones de la ciudad, como es el Parque Mirador del Sur, "es un lujo que no pueden permitirse muchos hoteles de ciudad."

"El hotel está en medio de un verdadero oasis - dice - y si uno lo ve desde el aire es impresionante. Aquí sentimos el clima siempre fresco, así como la tranquilidad y el sosiego que siempre ofrecen las áreas verdes".

También señala que como están en una de las mesetas que forma el farallón del litoral sur de la ciudad, tienen el privilegio de ver el mar desde los pisos más altos del hotel, y hacia el norte, las torres que se han levantado en los últimos años, las cuales dan a la urbe un aspecto muy moderno.

En el libro editado por la cadena Occidental para conmemorar el 50 aniversario de la construcción del hotel El Embajador, se reseñan algunos comentarios aparecidos en la prensa de la época, entre los que se cuentan el realizado por Eudoro Sánchez y Sánchez en el periódico El Caribe, quien destacó las grandes proporciones del edificio, "la belleza que le dan perfiles y carácter", "el confort y el lujo del que está dotado" y el primor de sus artesonados".

 El periodista Francisco Comarazamy, por su parte, en un artículo del mismo periódico, se refiere a El Embajador como "el lujoso establecimiento de severa y hermosa, y a la vez sobria, arquitectura, y señala que desde sus 310 ventanas se podían ver dos grandes espectáculos: uno viejo como el mundo, el Mar Caribe, y otro nuevo, la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, que se celebró el mismo año en que fue inaugurado el hotel.