Los fieles que pidan la misa en latín deben aceptar la autoridad del papa

El Vaticano siempre les ha exigido que para volver al redil de Roma tienen que reconocer el Vaticano II.

Benedicto XVI

CIUDAD DEL VATICANO..- El Vaticano publicó hoy las  normas para celebrar la misa en latín, entre las que destaca que los fieles que pidan la celebración de la Liturgia Romana con esa forma
"extraordinaria" deben aceptar la validez del Misal salido del Concilio Vaticano II y la autoridad del pontífice.

Casi cuatro años después de su entrada en vigor y como estaba  previsto, la Santa Sede ha fijado ahora las normas ("Instrucción") para la aplicación de la Carta Apostólica "Summorum Pontificum",
aprobada el 7 de julio de 2007, que facilita la celebración de la  misa en latín.

Cuando aprobó la "Summorum Pontificum", Benedicto XVI pidió a los obispos que en los siguientes tres años le mandaran un informe para conocer cómo había funcionado y les aseguró que si salían a la luz "dificultades serias" se buscarían soluciones.

La Instrucción, precisó hoy el Vaticano, es el resultado de esos  tres años "de rodaje".

El documento recuerda la historia del Misal Romano hasta su  última edición -la promulgada por Juan XXIII en 1962 pocos meses antes del comienzo del Concilio Vaticano II y que aún contemplaba la
misa de san Pío V, conocida como tridentina- y el aprobado por Pablo  VI en 1970, el actual.

En el "Summorum Pontificum" se precisa que el Misal salido del Concilio Vaticano II "es y permanece" como la forma "normal" de la liturgia y que el de la Misa en latín es el "extraordinario".

Con la liberalización de la misa en latín, el papa Ratzinger tendió la mano al movimiento cismático del fallecido arzobispo francés Marcel Lefebvre, férreo defensor de la tradición y la liturgia tridentina, que no reconoce el Concilio Vaticano II, y algunos de sus miembros tampoco la autoridad del pontífice.

El Vaticano siempre les ha exigido que para volver al redil de Roma tienen que reconocer el Vaticano II.

Para que no queden dudas, en la Instrucción se señala que los fieles que pidan la misa en latín "no deben apoyar o pertenecer a  grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de
la forma ordinaria y/o a la autoridad del papa como pastor supremo de la Iglesia universal".

Según el texto, ello estaría en total contradicción con el  objetivo de "reconciliación" del "Summorum Pontificum". 


El texto señala que la Comisión Pontificia "Ecclesia Dei", encargada de las relaciones con los "lefebvrianos", es la responsable de que se garantice la misa en latín a todos los fieles
que lo soliciten.

Los obispos diocesanos serán los competentes a la hora de aplicarla y se les exhorta a ser "generosos" y a "acoger" a los  fieles o sacerdotes que soliciten celebrar la misa tridentina.

La Instrucción insiste en la necesidad de que el sacerdote que  oficie la misa en latín debe conocer suficientemente esa lengua y alienta a los obispos a que ofrezcan en los seminarios formaciones
adecuadas.

Cuando haya ordenaciones sacerdotales, el rito que se usará es el  actual, y sólo podrán utilizar el misal tridentino los institutos  que dependan directamente de "Ecclesia Dei".

Benedicto XVI liberalizó el uso de la misa en latín con el objetivo -según dijo- de llegar a "una reconciliación interna en el  seno de la Iglesia".

Con esas palabras tendió la mano a los "lefebvrianos", que  propiciaron un cisma en 1988 al ordenar a cuatro obispos sin el   permiso de Juan Pablo II.

Según el pontífice, el "temor a que se menoscabe y se ponga en  duda" la autoridad del Vaticano II no existe, ya que el Misal salido   del concilio, "obviamente es y permanece en la formal normal de la
liturgia ordinaria" y el de 1962 es la "extraordinaria".