Mares y océanos, también nuestro medio ambiente

Enrique Pugibet
El planeta Tierra, nuestro único planeta, es un ambiente de mares y océanos, pues mares y océanos sustentan en gran parte la vida sobre la Tierra. Las fotografías tomadas desde los satélites, a las que tan acostumbrados estamos, nos demuestran que la Tierra es efectivamente el planeta azul. Mares y océanos cubren siete décimas partes de su superficie. La biosfera -parte del planeta en la que hay vida- se extiende por los mares y océanos.

La humanidad ha explorado, explotado y colonizado los últimos rincones de la masa terrestre. Sin embargo nuestro conocimiento de los mares y océanos sigue siendo muy limitado. Aunque disfrutamos mucho en la orilla de las playas, navegamos los mares y nadamos en sus aguas, extraemos alimentos de sus profundidades y transportamos cargamentos por sus vastos horizontes, sabemos muy poco de la vida y la situación que impera debajo de la superficie. Sin embargo, los mares y océanos han formado parte integral del mundo contemporáneo y configurarán el futuro. La utilización de las rutas del Atlántico, primero por Colón y luego por Vasco da Gama, para llegar a América y a las Indias, son aspectos protagónicos de la modernidad. Los mundos antiguo y medieval eran mediterráneos y en ellos sólo los litorales o pequeños mares jugaban su papel. El Océano era el gran desconocido, con sus monstruos y peligros insuperables. El dominio del Atlántico y la incorporación de América a la civilización occidental cambiaron el panorama universal.

Es paradójico que el ser humano sea tan dependiente de un medio al que conoce tan poco. Gran parte del movimiento mediático que se refiere a las profundidades oceánicas y a sus habitantes está, lamentablemente, sesgado y muchas veces totalmente fuera de la realidad. Por muchos años el sensacionalismo ha primado, pintando al mundo submarino como peligroso, oscuro y plagado de animales salvajes que se encuentran al acecho de buzos, bañistas y desafortunados que caen al mar. De hecho los principales perjudicados han sido los tiburones, las morenas, las orcas, las mantas e, irónicamente, el propio ser humano quien se ha auto-excluido de una de las experiencias más enriquecedoras que se puede tener: asomarse bajo la superficie del océano y conocer un universo multicolor, cautivante y decididamente mágico.

Por extensión y por volumen, los océanos, el agua salada de nuestro planeta no sólo es el material más abundante, sino el que da carácter a nuestro hogar cósmico: La Tierra, no sólo conforma parte de todo, sino que es el motor y el mecanismo que hace funcionar las cosas tal y como las conocemos. Siempre en constante movimiento, el océano es lo que hace habitable la Tierra. Influencia en el clima y el tiempo, configura la química planetaria, regula la temperatura y es la base de la vida en todas sus variedades. Casi toda el agua de la Tierra está allí, junto con la mayoría de las criaturas vivientes, con toda su biomasa y diversidad genética y los numerosos procesos ecológicos que sostienen esa vida.

La biodiversidad marina y costera comprende una enorme variedad de especies y numerosos hábitat costeros y de mar abierto. Los ecosistemas costeros, tales como estuarios, humedales, y bosques de manglar, contienen una enorme diversidad. Los arrecifes, que se encuentran entre las estructuras más grandes y antiguas creadas por organismos vivientes, constituyen el hogar de algunas de las más densas concentraciones de especies conocidas, al igual que constituyen complejas redes para la interacción entre especies. Hasta los sedimentos blandos de la profundidad marina, localizados a miles de metros bajo la superficie, en la oscuridad y sometidos a enormes presiones, se estima que son lugares donde habitan miles, o millones de especies como crustáceos, moluscos y gusanos adaptados no solo para vivir en esa oscuridad y a altas presiones, sino que además resisten temperaturas cercanas al punto de ebullición.

Los océanos en conjunto y sus diversos hábitat: manglares, salitrales, marismas, praderas de hierbas y algas marinas y arrecifes de coral, han sido importantes en nuestras vidas y son pilar para su desarrollo y evolución. Punto de comunicación constante. Almacén de alimento y tesorero del mayor potencial energético y eléctrico conocido y a la vez sirven como recurso recreativo para millones de personas. Entre sus funciones ecológicas figuran el almacenamiento y la circulación de nutrientes, la regulación del balance de las aguas, el amortiguamiento de las tierras y la protección contra la erosión causada por tormentas y oleajes. Además, los ecosistemas marinos filtran un gran número de contaminantes. Los océanos juegan un papel esencial en la regulación del balance hidrológico y climatológico del planeta. A través de procesos biológicos como la dinámica fotosintética del océano, que elimina el gas invernadero principal de la atmósfera (dióxido de carbono) y produce entre un tercio y un medio del suministro de oxígeno a nivel mundial.

Los ecosistemas que se encuentran en la costa o dentro de la tierra, como los arrecifes, estuarios, lagunas y las aguas costeras de poca profundidad, son particularmente valiosos para las poblaciones humanas. Estos ecosistemas figuran entre los sistemas biológicos más productivos del mundo, ya que proveen zonas de cría y desove para un sinnúmero de peces e invertebrados. También amortiguan a las costas de tormentas y filtran contaminantes del agua. Para muchos países, de un cuarto a un tercio del producto bruto interno deriva de las áreas costeras a través de la pesca, el transporte, la recreación e industrias relacionadas.

Pero por vastos que sean, los océanos no son inexpugnables, son un recurso agotable. La abundancia del mar, que ha alimentado la vida en la Tierra durante milenios, no es ilimitada. Las estadísticas muestran que las principales reservas marinas de pescado en el mundo están en peligro, amenazadas por la sobre pesca y la degradación del medio ambiente. En las ultimas décadas las poblaciones de peces con valor comercial, como el bacalao, la merluza, las sardinas y los lenguados han disminuido hasta en un 95%. De acuerdo a la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se calcula que más del 70% de los peces en el mundo está siendo explotado al máximo de su capacidad o incluso ha sido agotado por completo.

Virtualmente todas las especies de peces comerciales en todos los océanos y mares están seriamente agotadas, y la diversidad biológica marina lentamente está siendo destruida como resultado de la sobreexplotación de las especies, la alteración física del ecosistema, la contaminación, y las especies invasoras de aguas distantes. Además, una cantidad incalculable de aves, mamíferos marinos y tortugas de mar quedan enredadas o entrampadas cada año entre los desechos y redes de pesca. La pesca es fundamental para la subsistencia y la seguridad alimenticia de millones de personas en especial en el mundo en desarrollo. La comida marina representa un quinto de la proteína animal y el cinco por ciento del total de proteínas de la dieta humana. La producción global de peces excede la de ganado vacuno, ovino, aves o huevos. La pesca, practicada de manera sostenible, puede y debe asegurar la disponibilidad de alimentos a escala universal y constituir un medio de vida para las generaciones presentes y futuras. Pero lo cierto es que sobreexplotamos muchos bancos de peces y en casi todos hemos alcanzado el límite sostenible. El incremento dramático en el uso de técnicas destructivas de pesca está aniquilando también a mamíferos marinos y destruyendo ecosistemas enteros.

Tres de cada cinco personas en el mundo viven a casi 60 kilómetros de un océano, sin embargo pocos países están preparados para deshacerse en su territorio de los residuos que generan estas personas en tierra y los arrojan al mar. Todavía se siguen arrojando al mar grandes cantidades de basura y desechos.Los mares y océanos no pueden absorber indefinidamente la cantidad de desechos que los seres humanos vierten en sus aguas. Los residuos generados por actividades realizadas en tierra son vertidos en el mar a través de los ríos y sistemas de conducción. Los residuos industriales llevan hasta el entorno marino sustancias nocivas que amenazan la reproducción de peces y crustáceos, todos los cuales corren peligro de dejar de ser utilizables como alimento para el ser humano.

A todo esto hay que sumar la destrucción de humedales donde se crían especies marinas y la perturbación del ecosistema como consecuencia de la intensa utilización de la costa por parte del ser humano. Con frecuencia, el desarrollo de las costas supone un mayor impacto humano. Los complejos turísticos e industriales creados a orillas del mar, con el consiguiente aumento de las aguas residuales, de la erosión y la sedimentación en los espacios marinos donde habitan los peces, las aves costeras y los cangrejos, crean graves problemas relacionados con la reducción de la biodiversidad que a menudo pasan desapercibidos.

El más significativo discernimiento que surge de las investigaciones oceanográficas y científicas recientes, ha sido la influencia de los océanos en el clima. Cualquier acontecimiento meteorológico importante como un huracán, una tormenta, una inundación o una sequía, es generado por condiciones oceánicas. Los océanos y la atmósfera están estrechamente vinculados y juntos forman el más dinámico componente de nuestro sistema climatológico. Influenciando en el clima un cambio aparentemente menor en sólo uno de los comportamientos del océano puede producir importantes variaciones climáticas en grandes áreas de la tierra. El calentamiento del globo tendrá un impacto en los sistemas de circulación de los océanos con efectos difíciles de prever.

Por supuesto, siempre podemos hablar de desarrollo sostenible como una solución para que los océanos se conviertan en una fuente permanente de alimentos para nuestra sociedad, sin embargo, esto nunca llegaría a ser una solución si no educamos y damos a conocer un hábitat que conforma la mayor parte de nuestro planeta. Es paradójico que el ser humano sea tan dependiente de un medio al que conoce tan poco. Los océanos son relativamente inaccesibles para su estudio y, por ende, el ambiente marino es mucho menos conocido que el ambiente terrestre. Desvelar los secretos del mar es poseer los conocimientos de la vida y la subsistencia en este planeta. Poder prever las catástrofes, aprender a aprovechar la energía de los océanos son algunos de los retos vigentes en nuestra sociedad. Investigarlos nos reportará información sobre nuestro pasado y posible futuro. Entender holísticamente el medio ambiente marino y su comunidad viviente es importante para que se puedan tomar decisiones apropiadas con el fin de proteger sus recursos. Además se requiere de una reconsideración de los océanos. Esa nueva visión debe enfatizar el punto de que los océanos y las criaturas que viven en ellos son parte vital y necesaria para la vida sobre este planeta. La necesidad de mantener la salud de los océanos y la abundancia de sus industrias pesqueras, junto con el sabio y seguro uso de todos sus recursos, debe ser aceptado y honrado por todos los países, para beneficio de las futuras generaciones.

La grandeza del mar y los misterios que él contiene hacen que a veces se nos dificulte apreciar su vulnerabilidad, las limitaciones de sus recursos y su poca capacidad de recuperación. Muchas sociedades aún operan bajo la presunción de que los océanos ofrecen recursos ilimitados y que poseen una capacidad infinita de recuperación frente a las presiones y el cambio ambiental. Por vastos que sean, los océanos no son inexpugnables. No pueden absorber indefinidamente la cantidad de desechos que los seres humanos vierten en sus aguas. La abundancia del mar, que ha alimentado la vida en la Tierra durante milenios, no es ilimitada. Hoy tenemos la urgente necesidad de mejorar nuestro conocimiento de los océanos para alcanzar un aprovechamiento sostenible de los mares y los océanos en beneficio de todo el planeta

La relación del hombre con la naturaleza se ha percibido como de depredación incontrolada, sin embargo crece la conciencia de los problemas por la sobreexplotación incontrolada de los recursos. Se empieza a reflexionar sobre las consecuencias de la intervención humana a escala planetaria. La necesidad económica debe ir de la mano con la reflexión filosófica sobre cómo deben ser las relaciones del hombre con la naturaleza: básicamente basadas en el respeto y la responsabilidad que como especie tiene frente a su mundo. Conocer y preservar, además de utilizar, son ahora complementos esenciales. El conocimiento sobre los océanos implica un diálogo entre la técnica, el sentido del hombre y su relación con la naturaleza. Todos los hombres debemos reflexionar sobre nuestro puesto en esta naturaleza planetaria donde los mares y océanos contienen una de las perspectivas del sostenimiento del hombre como especie.