Río Masacre agoniza; extracción de arena desde Haití amenaza su existencia

La falta de regulación en Haití permite que la extracción de arena continúe

Haitianos cruzan a Dajabón por el puente sobre el río Masacre. (Archivo)

Lo que antes fue un símbolo natural de vida y frontera, hoy se convierte en escenario de un crimen ecológico silencioso y sostenido. El río Masacre, afluente que divide a la República Dominicana y Haití, está siendo depredado diariamente por la extracción indiscriminada de arena del lado haitiano, en una práctica que amenaza con alterar de forma irreversible su equilibrio natural.

Desde el año 2021, y sin que exista control efectivo, cientos de camiones cruzan y operan en territorio haitiano cargando arena extraída directamente del caudal del río, en jornadas que se extienden tanto de día como de noche. La escena, repetitiva y alarmante, deja tras de sí un paisaje cada vez más erosionado y vulnerable.

Durante un reciente recorrido se pudo constatar la magnitud del daño: al menos 25 camiones cargados de arena y cerca de 30 trabajadores haitianos, utilizando cubetas, trasladaban el material de manera continua hacia camiones, en una operación que no se detiene.

Un daño que trasciende fronteras

Este proceso ocurre en las proximidades de la zona de La Sal, en Los Miches, del lado haitiano, más allá del muro fronterizo en construcción, lo que limita cualquier acción directa de las autoridades dominicanas.

Aunque el río nace en territorio dominicano, específicamente en Loma de Cabrera, la línea divisoria impide la intervención del Servicio Nacional de Protección Ambiental (Senpa), dejando el ecosistema a merced de una explotación que no reconoce límites ni consecuencias.

Expertos advierten que esta práctica está provocando un deterioro progresivo del ecosistema, afectando la biodiversidad, aumentando la turbidez del agua, alterando los niveles freáticos y modificando el paisaje natural del río.

Crisis, impunidad y desesperación

Más allá de la arena, lo que se pierde es mucho más profundo: se erosiona la vida misma del río y el sustento de las comunidades que dependen de él.

La compleja situación política, social y de seguridad que atraviesa Haití agrava el problema. La falta de control institucional del lado haitiano permite que esta actividad continúe sin regulación, impulsada en muchos casos por la necesidad económica de quienes participan en la extracción.

Sin embargo, el impacto no distingue nacionalidades. El daño ambiental es compartido y sus consecuencias serán irreversibles para ambos países si no se toman medidas urgentes.

El río Masacre, con una extensión de 55 kilómetros y desembocadura en la Bahía de Manzanillo, enfrenta hoy una de sus mayores amenazas. De sus 9 kilómetros fronterizos depende no solo la geografía, sino también el equilibrio ecológico de toda una región.