Paraísos posibles: isla santa Catalina

La isla prueba que la planificación urbana y la protección del ambiente son rentables

Vista aérea de Isla Santa Catalina.
Avalón. Isla Santa Catalina, ubicada a unas 20 millas náuticas de las costas de California, estado al que pertenece, cercana a Los Ángeles y con apenas 132 kilómetros cuadrados, es un destino turístico muy apreciado y prueba tangible de que la planificación urbana y la protección del medio ambiente son posibles y rentables.

Al igual que la nuestra, esta isla es un compendio geográfico de montañas y playas, y aunque su topografía no es tan variada, posee características que la hacen única. En Isla Santa Catalina hay áreas de pastoreo de búfalos, zonas de buceo con variedad increíble de peces que habitan entre algas gigantes y lluvias nocturnas de peces voladores.

En Isla Santa Catalina No es posible que cualquier corre mundos sin mas credenciales que ser extranjero o cualquier inversionista local compre un terreno e instale un centro turístico, incumpliendo controles sanitarios o irrespetando las características de la arquitectura vernácula. Los terrenos no pueden ser urbanizados evitándose el dañino impacto ecológico. El 88 por ciento del terreno de la isla está protegido por la organización ecologista The Santa Catalina Island Conservancy. Los propietarios de viviendas y tierras pagan altos impuestos por conservarlas, pero han logrado integrarse a la industria turística de una manera muy efectiva y rentable.

No hay más de cuatro mil habitantes en la isla, y están concentrados mayoritariamente en la capital, Avalón, una ciudad íntimamente unida al mar donde todo gira alrededor del malecón frente a la amplia bahía con una marina y un casino comparable a los de Mónaco.

A Isla Santa Catalina se ingresa exclusivamente por vía marítima. Debe de ser la isla con la población flotante más grande del mundo. Desde Los Ángeles parten lanchas que ofrecen transporte simple a los viajeros que quieren conocerla por la libre y a bajo costo, o más de 20 diferentes tipos de excursiones. No hay una sola pulgada de tierra en Isla Santa Catalina reservada en concesión a ninguna empresa que pueda vedar el acceso a los nativos o a los turistas.

Más de cinco mil personas visitan la isla diariamente generando excelentes ganancias al comer en los restaurantes, rentando equipos de buceo o bicicletas, en excursiones y tiendas de regalos. Prolongar la estancia es un placer muy costoso porque en Isla Catalina hay pocos hoteles y se ha respetado tanto la arquitectura que no se han construido grandes edificaciones sino que se han adaptado como alojamiento las antiguas viviendas. Muchos de los hoteles no tienen aire acondicionado o piscinas, pero si son muy caros e invariablemente hay que hacer reserva con meses de antelación.

Por muy sorprendente que pueda parecernos, esos visitantes no van en busca de ofertas todo incluido para comer y beber sin control, ser animados como retardados mentales o recluirse en un paraíso artificial de molicie. Los visitantes de Isla Santa Catalina buscan y encuentran una arquitectura singular preservada. Un ambiente ecológico equilibrado que protege aire, aguas y especies vegetales y animales endémicas. La gente no va por discotecas, algarabía, falsificaciones. Lo que los visitantes de Isla Santa Catalina disfrutan es caminar, trepar, nadar, bucear, tomar fotos, investigar y nutrirse de historia y vida.

La singularidad mayor de la isla es su manejo ecológico: El número de automóviles contaminantes es reducidísimo. No pasan de 500 y la lista de espera de los habitantes para tener permiso de importación de un auto pequeño es de siete años. ¿Cómo se mueve la gente? Caminando, en bicicleta o en carritos de golf que se alquilan a los turistas.

Toda la basura que se genera en la isla se transporta al continente para su correcta disposición. Cada instalación de servicio turístico tiene controles estrictos de eliminación de excretas. En toda la Isla Santa Catalina no hay una basurita mal tirada, ni nada que pueda irritar o dañar a la naturaleza. Los visitantes lo perciben, lo agradecen y cumplen las reglas. Los habitantes de la isla saben que de ese control depende su bienestar.

Sólo logramos lo que consideramos posible. Isla Santa Catalina es una realidad. Es posible reproducir ese modelo en nuestro país, adaptarlo a áreas que todavía no han sido mancilladas. El turismo ecológico es una oferta que vende. Es más difícil de mantener porque implica educar e integrar a las comunidades, pero sus beneficios, por esas razones, salen de los muros aislacionistas del exclusivismo y la segregación.

*La autora visitó la isla en viaje de trabajo a Los Ángeles, CA, como parte del staff de la Cámara Hispana de Comercio de los Estados Unidos.