¿Renacer turístico en Haití?
La República de Haití es el destino turístico menos importante de la región del Caribe y el grueso de los extranjeros que llegan por vía aérea tiene que ver con la reconstrucción de esa nación caribeña o la ayuda humanitaria a los afectados por el terremoto en enero de 2010 y no con vacaciones. Por Juan Lladó
En las actuales circunstancias, parecería una fanfarronada hablar de desarrollo turístico en Haití. Sin embargo, en el plan del nuevo gobierno haitiano figura el turismo como uno de los renglones prioritarios de desarrollo. Además, se han anunciado algunas inversiones importantes para incrementar el flujo de cruceros y recomponer el inventario de habitaciones hoteleras. Habrá que ver si esas iniciativas ponen a Haití en el mapa turístico del Caribe.
Haití nunca ha sido un gran destino turístico. Aunque en los años cincuenta su industria turística se equiparaba a la dominicana, la posterior inestabilidad política y sus cruentas derivaciones conspiraron contra su desarrollo. Haití es hoy el menos importante destino turístico del Caribe y el grueso de los extranjeros que llegan por vía aérea tiene que ver con la reconstrucción o la ayuda humanitaria y no con vacaciones.
Pero los haitianos están proactivos. El presidente Martelly pidió, en el Foro de Biarritz celebrado en Santo Domingo a finales del pasado año, menos dádivas y más inversiones, e hizo hincapié en el potencial turístico (siendo la agricultura, la manufactura y la educación los otros ejes prioritarios de desarrollo). Ha nombrado una joven Ministro de Turismo que se está creando una buena reputación por su capacidad (graduada de la PUCMM) y dinamismo. Mientras, la Comisión Mixta Bilateral Domínico-Haitiana comienza a tratar el tema del desarrollo turístico y a explorar cómo los dos países podrían cooperar en eso.
Haití recibió en el 2011 más del doble de cruceristas que la RD. Labadie, una bahía de su costa norte con espectaculares playas donde atracan los cruceros, está en un proceso de franca expansión. Royal Caribbean, su concesionaria, está también invirtiendo en Milot, el pueblito anfitrión de los que quieren visitar La Citadelle, la reliquia histórica más importante de Haití. En total, la empresa ya ha invertido más de US$100 millones para desarrollar Labadie y sus atractivos y emplea a más de 250 haitianos.
Las perspectivas del flujo de cruceros son alentadoras. En la costa sur haitiana, el Gobierno ha concesionado por 50 años la islita de Grosse Caye a una empresa formada por inversionistas haitianos y dominicanos para desarrollar ahí un megacomplejo para cruceros. Además de los puertos, el proyecto incluiría hoteles, pistas de aterrizaje, centros comerciales, marinas y otros negocios colaterales. A la empresa se le ha concedido también un generoso paquete de incentivos fiscales.
Si ese proyecto se materializa, Haití tendría dos centros de cruceros que eventualmente podrían rivalizar con Bahamas como el primer destino isleño del Caribe. Mientras, en la RD se desarrollaría el puerto de cruceros de Carnival Cruise Lines en Maimón (Costa Norte). Y aunque aletargado, el proyecto del Puerto de Sans Souci sería el otro gran centro de cruceros en el país. Existe, pues, el potencial de que la isla Hispaniola destrone a Cozumel como la meca caribeña de los cruceros, con el enorme beneficio promocional que eso conllevaría.
Es en su costa sur donde Haití tiene, además, las cimientes de una industria de resorts. Tanto en Grosse Caye como en la Isla de la Vaca las playas son excepcionalmente bellas, aunque no abunden los cocoteros. En Vaca ya existen dos pequeños hoteles que han estado recibiendo turistas extranjeros desde hace años (Abaka Bay y Port Morgan).
El complemento es la ciudad de Jacmel, la tercera en población después de Puerto Príncipe y Cabo Haitiano. La pintoresca arquitectura de sus viejas casas de madera le da un encanto muy singular y, con su artesanía, ha sido un magneto para muchos visitantes. La cadena americana Choice Hotels ha anunciado dos hoteles para la ciudad, uno pequeño de 32 habitaciones y otro boutique de 120 habitaciones (Ascend Collection).
En cuanto a Puerto Príncipe, los esfuerzos actuales se concentran en restablecer la oferta hotelera de antes del terremoto. (Dos terceras partes del inventario de 1,500 habitaciones fueron pulverizadas.) El proyecto mayor es actualmente el "Hotel des Artistes", de 250 habitaciones y localizado en las inmediaciones del aeropuerto internacional. Representa una inversión de US$38 millones y abrirá en el 2013. Mientras, el Hotel El Rancho, ubicado en el aristocrático suburbio de Petionville, está siendo restaurado y ampliado a 200 habitaciones. El antiguo Hotel Oasis es otro que está siendo restaurado y se reporta que el Hotel Montana podría también serlo.
En las últimas semanas se ha anunciado que las cadenas hoteleras estadounidenses Marriott y Best Western también sentarán sus reales en la capital haitiana. La primera anunció un hotel de 173 habitaciones con una inversión de US$45 millones, mientras la segunda está reconstruyendo su dañada propiedad de 130 habitaciones en Petionville con una inversión de US$20 millones. El Hotel Karibe de 87 habitaciones ya ha sido reconstruido.
Todo indica, por tanto, que el desarrollo turístico se concentrará en las costas sur y norte, con Jacmel y Cabo Haitiano como centros de apoyo. Hace tiempo que existe un flujo de visitantes extranjeros hacia Cabo Haitiano desde Puerto Plata, muchos de los cuales también visitan La Citadelle. La Unión Europea terminó una carretera que une a Cabo Haitiano con Dajabón y se anticipa que el Gobierno dominicano construirá una carretera para unir a Montecristi con Puerto Plata. Mientras, fondos venezolanos financian la expansión del aeropuerto de Cabo Haitiano. Si tal y como se rumora, los chinos consiguen la concesión de la Isla Tortuga para plantar ahí un megaproyecto turístico, las perspectivas de un corredor turístico entre los dos países en esa parte del territorio parecen muy promisorias.
Mientras, vencer la reticencia de los inversionistas extranjeros continuará siendo un gran reto. La falta de seguridad -tanto jurídica como ciudadana- sigue siendo el obstáculo principal para que Haití atraiga una avalancha de inversiones turísticas.
Son muchos los empresarios que reconocen el enorme potencial que ofrece la cultura del país y sus maravillosas playas, pero eso no es suficiente para conseguir que arriesguen sus capitales. Aun cuando el presidente Clinton se ha empleado a fondo para lograrlo, las inversiones no fluyen.
A los dominicanos, por supuesto, nos interesa sobremanera que el turismo se desarrolle en Haití. No es sólo que así se disminuiría la migración de haitianos desempleados hasta nuestro territorio, sino también que el destino RD diversificaría sus atractivos. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar a que despegue el turismo en Haití. Pero la tarea mayor recae sobre los dos gobiernos, y sobre eso habrá que hacer propuestas concretas.
Haití recibió en 2011 más del doble de los cruceristas que la República Dominicana -que fue de 264,532.
En las actuales circunstancias, parecería una fanfarronada hablar de desarrollo turístico en Haití. Sin embargo, en el plan del nuevo gobierno haitiano figura el turismo como uno de los renglones prioritarios de desarrollo. Además, se han anunciado algunas inversiones importantes para incrementar el flujo de cruceros y recomponer el inventario de habitaciones hoteleras. Habrá que ver si esas iniciativas ponen a Haití en el mapa turístico del Caribe.
Haití recibió en el 2011 más del doble de cruceristas que la RD. Labadie, una bahía de su costa norte con espectaculares playas donde atracan los cruceros, está en un proceso de franca expansión. Royal Caribbean, su concesionaria, está también invirtiendo en Milot, el pueblito anfitrión de los que quieren visitar La Citadelle, la reliquia histórica más importante de Haití. En total, la empresa ya ha invertido más de US$100 millones para desarrollar Labadie y sus atractivos y emplea a más de 250 haitianos.
Las perspectivas del flujo de cruceros son alentadoras. En la costa sur haitiana, el Gobierno ha concesionado por 50 años la islita de Grosse Caye a una empresa formada por inversionistas haitianos y dominicanos para desarrollar ahí un megacomplejo para cruceros. Además de los puertos, el proyecto incluiría hoteles, pistas de aterrizaje, centros comerciales, marinas y otros negocios colaterales. A la empresa se le ha concedido también un generoso paquete de incentivos fiscales.
Si ese proyecto se materializa, Haití tendría dos centros de cruceros que eventualmente podrían rivalizar con Bahamas como el primer destino isleño del Caribe. Mientras, en la RD se desarrollaría el puerto de cruceros de Carnival Cruise Lines en Maimón (Costa Norte). Y aunque aletargado, el proyecto del Puerto de Sans Souci sería el otro gran centro de cruceros en el país. Existe, pues, el potencial de que la isla Hispaniola destrone a Cozumel como la meca caribeña de los cruceros, con el enorme beneficio promocional que eso conllevaría.
Es en su costa sur donde Haití tiene, además, las cimientes de una industria de resorts. Tanto en Grosse Caye como en la Isla de la Vaca las playas son excepcionalmente bellas, aunque no abunden los cocoteros. En Vaca ya existen dos pequeños hoteles que han estado recibiendo turistas extranjeros desde hace años (Abaka Bay y Port Morgan).
El complemento es la ciudad de Jacmel, la tercera en población después de Puerto Príncipe y Cabo Haitiano. La pintoresca arquitectura de sus viejas casas de madera le da un encanto muy singular y, con su artesanía, ha sido un magneto para muchos visitantes. La cadena americana Choice Hotels ha anunciado dos hoteles para la ciudad, uno pequeño de 32 habitaciones y otro boutique de 120 habitaciones (Ascend Collection).
En cuanto a Puerto Príncipe, los esfuerzos actuales se concentran en restablecer la oferta hotelera de antes del terremoto. (Dos terceras partes del inventario de 1,500 habitaciones fueron pulverizadas.) El proyecto mayor es actualmente el "Hotel des Artistes", de 250 habitaciones y localizado en las inmediaciones del aeropuerto internacional. Representa una inversión de US$38 millones y abrirá en el 2013. Mientras, el Hotel El Rancho, ubicado en el aristocrático suburbio de Petionville, está siendo restaurado y ampliado a 200 habitaciones. El antiguo Hotel Oasis es otro que está siendo restaurado y se reporta que el Hotel Montana podría también serlo.
En las últimas semanas se ha anunciado que las cadenas hoteleras estadounidenses Marriott y Best Western también sentarán sus reales en la capital haitiana. La primera anunció un hotel de 173 habitaciones con una inversión de US$45 millones, mientras la segunda está reconstruyendo su dañada propiedad de 130 habitaciones en Petionville con una inversión de US$20 millones. El Hotel Karibe de 87 habitaciones ya ha sido reconstruido.
Todo indica, por tanto, que el desarrollo turístico se concentrará en las costas sur y norte, con Jacmel y Cabo Haitiano como centros de apoyo. Hace tiempo que existe un flujo de visitantes extranjeros hacia Cabo Haitiano desde Puerto Plata, muchos de los cuales también visitan La Citadelle. La Unión Europea terminó una carretera que une a Cabo Haitiano con Dajabón y se anticipa que el Gobierno dominicano construirá una carretera para unir a Montecristi con Puerto Plata. Mientras, fondos venezolanos financian la expansión del aeropuerto de Cabo Haitiano. Si tal y como se rumora, los chinos consiguen la concesión de la Isla Tortuga para plantar ahí un megaproyecto turístico, las perspectivas de un corredor turístico entre los dos países en esa parte del territorio parecen muy promisorias.
Mientras, vencer la reticencia de los inversionistas extranjeros continuará siendo un gran reto. La falta de seguridad -tanto jurídica como ciudadana- sigue siendo el obstáculo principal para que Haití atraiga una avalancha de inversiones turísticas.
Son muchos los empresarios que reconocen el enorme potencial que ofrece la cultura del país y sus maravillosas playas, pero eso no es suficiente para conseguir que arriesguen sus capitales. Aun cuando el presidente Clinton se ha empleado a fondo para lograrlo, las inversiones no fluyen.
A los dominicanos, por supuesto, nos interesa sobremanera que el turismo se desarrolle en Haití. No es sólo que así se disminuiría la migración de haitianos desempleados hasta nuestro territorio, sino también que el destino RD diversificaría sus atractivos. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar a que despegue el turismo en Haití. Pero la tarea mayor recae sobre los dos gobiernos, y sobre eso habrá que hacer propuestas concretas.
Haití recibió en 2011 más del doble de los cruceristas que la República Dominicana -que fue de 264,532.
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