Sobrevivientes de la tragedia de Río Blanco aún esperan casa

Ninguna persona ha vuelto a ocupar la zona que pertenece al río

Villa Armonía agrupa unas 180 casas. Las construcciones, aunque pequeñas, son de cemento. Fuente externa

Jimaní. A casi 6 años de la tragedia que asoló a Jimaní con la crecida del Río Blanco, todavía existen personas que no han podido ubicarse en casas definitivas para rehacer sus vidas. El desborde de 2004 dejó un saldo de más de 400 muertes, y cientos de víctimas que perdieron sus hogares y bienes materiales con la inundación.

El entonces barrio La 40 fue uno de los sectores más afectados. En ese entonces se trasladó a los sobrevivientes a Villa Solidaridad, el sector de emergencia levantado durante el gobierno de Hipólito Mejía para servir como hogar provisional a las víctimas. Después, serían trasladados a una vivienda definitiva en Villa Armonía.

Eso fue lo que efectivamente ocurrió con la mayoría de los sobrevivientes, sin embargo, 15 familias aún permanecen en Villa Solidaridad. Todavía esperan recibir el hogar prometido.

Qué ha pasado

La desorganización en la entrega de las casas -que fue noticia en su momento- es el motivo principal de que hayan quedado sobrevivientes sin un hogar definitivo. Eso, sumado al hecho de que se construyeron finalmente menos casas de las prometidas.

En esto coinciden los entrevistados, que mencionan que durante el proceso de reparto fueron desplazados de las listas de entrega. "Los listados se cambiaron tantas veces que ya la gente no sabía si le tocaba por un lado u otro", dice uno. Valentín Novas, que todavía vive en su casa de emergencia, alega haber sido borrado del listado, a favor de "gente que ni vivía en La 40".

De acuerdo a Marcia Mesa, secretaria general de la Junta de Vecinos que agrupa a los sobrevivientes, no existe en estos momentos ayuda para estas personas. Ellos mismos no se han movilizado formalmente, asegura, porque deben enfrentar primero otras dificultades, como los problemas de desagüe y las condiciones mismas de las viviendas "de paso".

Grisneily Trinidad, otra de las afectadas, explica que le mandó una carta al gobernador para solicitar una casa. Con tres hijos, dice que en el sector se vive "muy mal, hay mucho polvo, tierra, ratones y cucarachas". Aún no recibe respuesta, y sigue habitando la pequeña casa de madera, con dos habitaciones, un baño y una sala.

La voz del síndico

Ramón Novas, el síndico de Jimaní, asegura que él no conocía la situación de estas familias, pues al momento del reparto de las viviendas él no estaba a cargo del municipio: "no sabía que se habían quedado estas personas, que hacían falta tantas casas".

Ante las posibilidades de ayudar a los afectados, explica que es difícil: "En estos momentos no podemos hacer nada, porque faltan recursos. Tendríamos que someter un proyecto con respecto a las casas".

De todas maneras, y descartando algunos rumores que hablaban del retorno de los vecinos al sector de La 40, asegura que hoy "nadie vive allí".

Se secó la zona -declarada de utilidad pública- y se plantaron árboles, que sirven de contención además del muro construido especialmente para esos efectos. "Estamos asegurados", dice Novas, ante la posibilidad de que el río se torne peligroso.

Solidaridad y egoísmo

Mientras unos reclaman el hogar que les parece justo, en Villa Solidaridad algunos se han asentado y han hecho de su casa provisional un sitio de permanencia definitiva. Es el caso del pastor Fidian Orlando Martínez, quien decidió ceder la vivienda que le tocaba en Villa Armonía a quien consideró que lo podía "necesitar más". Con los años, ha remodelado junto a su familia la casa de madera en una de cemento con más habitaciones.

Una práctica totalmente opuesta es la que realizaron unos pocos vecinos del sector ("un par, no más", defiende el pastor). Cuando fueron trasladados a las casas de blocks de Villa Armonía, optaron por vender la casa de emergencia o reubicar en ella a algún familiar, para no perder esa vivienda.