Techo: La gran experiencia de mi vida
Hace algunos meses tuve la oportunidad de conocer el proyecto Techo. Conocí de qué se trataba y la labor que realizaban, pero nunca pude conocer realmente la esencia de este proyecto. Hace unas cuantas semanas, recibí una llamada de Inés Rivero en donde me contaba que su hija Maya había recaudado el año pasado, junto a su promoción del Colegio, unos $7,000 dólares en ventas de dulces que serían donados a Techo para la construcción de casas en el país, y quería invitarme como colaboradora para que viviera la experiencia del trabajo de esta organización y, quién sabe, quizás para motivarme a ser parte de ella.
No tengo que decirles ¡acepté de inmediato! Mientras escribo esto se me llenan los ojos de lágrimas solo de recordar lo que tuve el privilegio y la bendición de vivir el pasado de fin de semana. Pude ver cómo una comunidad se une para echar adelante su barrio. Ese fin de semana hicimos 3 casas. En la que me tocó trabajar era para una familia con 4 hijos. Vivían en precarias condiciones. Todos dormían en una misma cama en el mismo espacio en donde estaba la cocina.
Maya llegó con su promoción de 8vo curso y un grupo de padres. Estuvimos trabajando durante dos días, que es el tiempo que dura la construcción de las casas. Hicimos actividades diversas para conocer a todos y escuchar sus historias.
El trabajo de Techo me dejó muy conmovida. Ellos no creen solo en dar una casa a las familias. Se enfocan mucho en la importancia del trabajo en equipo, en motivar a las comunidades a que se integren y que todos juntos trabajen en busca de una meta común.
Desde 2009 Techo ha construido más de 800 viviendas en nuestro país gracias a los más de 15 mil voluntarios que han participado de las construcciones.
Este fin de semana viví una de las más enriquecedoras experiencias de mi vida. Saber que pude mi granito de arena para transformar la vida de una familia comenzando por lo que es más importante para todos: un hogar.