Un aula, varios grados

Estudiantes de Primero y Segundo de básica de la escuela Cleotilde Castillo reciben docencia juntos.

 En el país existen 2,168 escuelas multigrado, creadas para acoger a estudiantes de zonas rurales, donde la cantidad de los matriculados es poca, y así evitar que salgan del sistema educativo. Por Tania Molina, Redactora Senior

La profesora Eulogia Javier aprovecha la hora de Sociales, y sienta a sus alumnos en círculo sobre el piso para repasar sus aprendizajes acerca de la comunidad. Levantando las manos, los miembros del grupo hacen gala de lo aprendido conforme la maestra les da el turno. Los niños, once en total, comparten material didáctico, profesor y aula, pese a pertenecer a diferentes grados: primero y segundo de básica.

La escuela Cleotilde Castillo, ubicada en el sector Mata Vaca, de San Antonio, en Guerra, forma parte del programa de las escuelas multigrado creadas por el Ministerio de Educación para acoger a todos los niños y niñas, en especial de localidades aisladas, que están en edad escolar y que, ante lo limitado de la matrícula estudiantil, resultaría infuncional y costoso acogerlos en aulas separadas.

En total existen 2,168 escuelas multigrado a nivel nacional, aunque este número fluctúa por año escolar, según la coordinadora nacional de las escuelas multigrado, Gertrudis Johnson Dishmey. "Como están ubicadas en lugares rurales y aislados, la movilidad social (la mudanza de una familia a otras zonas, especialmente a la urbana) hace que puedan desaparecer en un año escolar o que se creen otras", explica.

Destaca que este sistema contribuye grandemente a reducir la deserción escolar, pues ahora los niños y niñas de comunidades aisladas no tienen que trasladarse 5 y 6 kilómetros para continuar sus estudios, un factor que por lo regular genera cansancio en el estudiante y, consecuentemente, deserción escolar.

Johnson afirma que cuando empezó el modelo multigrado en 1995, la deserción escolar en el país era de alrededor del 28%, pero que en la medida que el sistema se fue integrando, ese porcentaje logró bajar a alrededor del 5% que existe actualmente.

Funcionamiento

Las escuelas o aulas multigrado disponen de una guía de auto aprendizaje diseñada para que los niños puedan realizar sus actividades y compartir con los de grados distintos. Se prepara un material para cada curso, desde el primero a octavo, conforme detalla Johnson Dishmey. Los estudiantes se organizan en grupos, se les deja el material que corresponde a cada uno, y se designa un ayudante de mesa, que velará por el comportamiento de sus compañeros, mientras la o el profesor atiende a otro grupo.

El profesor debe ir rotando de grupo en grupo para asistir a sus necesidades. Para lograr el desarrollo armónico del programa, el educador recibe una formación especial, consistente en unos talleres de ocho horas que imparte el Ministerio de Educación a cada maestro que ingresa a estas escuelas. Además existen los "microcentros", espacios donde los maestros comparten sus experiencias con otros de nuevo ingreso. Bajo estas modalidades se han formado a la fecha 4,500 profesores. Pero Johnson Dishmey aspira a poder organizar un diplomado ante la necesidad de fortalecer la comprensión de la modalidad multigrado.

Mejores aprendizajes

Dentro de las escuelas multigrados existe la modalidad EMI (Escuelas Multigrado Innovadas), que establece los rincones de aprendizajes. Para el año 2000, el estudio "Escuelas Multigrados: ¿cómo funcionan?" realizado por la investigadora Tahira Vargas para el Ministerio de Educación y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), destacaba que los niños y niñas de escuelas EMI tenían mejores resultados en las pruebas de matemáticas y lenguaje. Indicaba que, aunque todos tenían un bajo puntaje en matemáticas (25%) los de la modalidad EMI alcanzaban un 20% de acierto frente a un 9% de los No-EMI.

La tendencia se mantiene en la actualidad, a deducir de la experiencia de Elena Rojas Castillo, directora de la escuela Cleotilde Castillo. "La ventaja es que, como se trabaja con varios cursos a la vez, hay niños que desarrollan su aprendizaje mejor que en una aula normal. Además, por lo regular son pocos estudiantes, y es más fácil para el maestro darle seguimiento más personalizado a cada uno, y eso ha contribuido grandemente a que se logre mejores aprendizajes", sostiene.

A la escuela, que también tiene jornada extendida, asisten 55 estudiantes, distribuidos en tres aulas, cada una con dos grados. Ese centro es uno de 37 que implementan esa modalidad en la Regional 10 de Educación, y que entre todos acogen a unos 1,250 estudiantes.

Ramón Martínez, técnico educativo de la regional, refiere una evaluación sobre las condiciones de aprendizaje de los niños que se hizo en abril pasado, y cuyos resultados arrojaron mejores calificaciones entre los escolares de multigrado que los de escuelas urbanas. Otro aspecto que destaca es la "capacidad de expansión" que tienen los centros multigrado, pues cuando los estudiantes llegan al curso final ofertado, al año próximo se apertura el grado siguiente para que éstos no dejen de asistir.

"Los profesores se manejan con el espacio que tienen, si un aula no era multigrado la convierten en ello". Explica que para la expansión, a veces, sólo se requiere de un maestro que le asigne el Ministerio o que uno de los existentes asuma un grado más.

Pero en el caso de la escuela Cleotilde Castillo, que tiene sus tres aulas con dos grados cada una, ahora procuran que se le faciliten los terrenos para construir otra nueva y poder aumentar de niveles. El proyecto ya fue aprobado y hasta sorteado por el Ministerio de Educación, pero todavía no tiene lugar para levantarse.

"Comunidad que aprende"

La escuela de Mata Vaca se enmarca en el ámbito de acción del proyecto "Comunidad Educativa que Aprende", mediante el cual UNICEF apoya las políticas del Ministerio de Educación tendentes a acoger con una educación de calidad e integral, a todos los niños, niñas y adolescentes de familias excluidas en las zonas marginadas.

El proyecto tiene cinco puntos focales que van desde una educación básica de calidad e inclusiva, estimulación temprana a la primera infancia, permanencia escolar en un ambiente armónico, participación de padres, maestros y comunidad y el fortalecimiento de la gerencia local.

"La idea es incluir a todos los niños. Toda nuestra cooperación en UNICEF va por ese camino. Tenemos que tener una sociedad inclusiva", comenta Sayo Aoki, representante adjunta de UNICEF en el país. Detalla que con el proyecto, que tiene una duración de tres años, esa entidad ayuda al Ministerio de Educación en la elaboración de guías y normas de atención a la diversidad, material para formación docente, estrategias para el abordaje de temas de violencia en las escuelas y sobre la no exclusión de estudiantes.

En el proyecto, diseñado para favorecer a unos 120 mil estudiantes de básica y 100 mil niños y niñas de 0 a 5 años, UNICEF cuenta con la colaboración de la Fundación Orange de España, la cual hace un aporte económico de unos 450 mil euros.

Jesús Guijarro, representante de la Fundación, informa que en apenas un año de ejecución de este proyecto se ha logrado recaudar otros 200 mil euros adicionales, por lo que su apoyo podrá extenderse a otras necesidades educativas del país. "Nuestro compromiso es mayor, a largo plazo para, con UNICEF, plantearnos objetivos y poder cumplirlos para ir sumando", dice.