Usuarios del metro dejan de pasar penurias en "voladoras"

Continuó este fin de semana con cientos, el metro-turismo

Familias hacían filas ayer para comprar la tarjeta de abordaje.

SANTO DOMINGO. Cero estrés, ni preocupaciones porque se llegará tarde al trabajo, la universidad, la escuela o una cita con el médico. Tampoco inquieta que la vestimenta resulte rota por un sprint que sale de los asientos, nada confortables de una voladora, llegar sudados o desgreñados.

Y es que ahora ni se suda, ni hay que aguantar empujones para abordar el moderno medio de transporte que es el metro. Tampoco hay que soportar el clásico "péguense como anoche" o "si no te pegas te bajas y pagas un taxi".

Lejos también queda el "musicón" estilo discoteca que llevan la mayoría de guaguas desvencijadas, que a pesar de sus condiciones catastróficas competían cual carrera de la Fórmula I, toda la avenida Máximo Gómez, en procura de llenarse a "toda capacidad", entiéndase hasta en el techo.

Los que usan el metro se están ahorrando a los vendedores ambulantes de Skimice (o esquimai como ellos pregonan), el alcanfor, los accesorios para celulares, las naranjas, galletas, golosinas, agujas e hilos y decenas de mercancías que se comercializan debajo de los semáforos.

En la Gómez con Ovando, tradicional esquina para los villamelleros abordar sus conchos o voladoras, ya no hay amontonamientos para hacerlo y tampoco se sufre cuando una vez en el vehículo -guagua o carro- otro vendedor o vendedora te pega en las narices tres aguacates, dos lechosas, un paquete de berenjenas, ajíes, mandarinas...y en fin una larga lista de productos.

Ahora los villamelleros de origen o los forasteros, (como les llaman a los que fueron acogidos por esa laboriosa comunidad) se sienten respetados, quedando atrás la desconsideración del "pichert" o cobrador de la guagua cuando en tono indecente te gritaba: "sube mami que hay asiento", cuando para él mismo no había lugar ni en el pasamano de la puerta.

Y es que el metro ha cambiado el estilo de vida de muchos. ¿Que no era el momento para la inversión? En Villa Mella no piensan lo mismo.