Vicisitudes de una lechuza

Primeros polluelos de lechuza Cara Ceniza nacidos en cautiverio.
El nacimiento de los dos primeros polluelos de lechuza Cara Ceniza en el Zoodom -primer éxito reproductivo de esta especie en el continente- fue una experiencia inolvidable. La investigación científica -aunque muchos crean lo contrario- es muy parecida a la creación artística. Ambas requieren de una buena dosis de imaginación y el placer que producen cuando se superan las dificultades es idéntico. Por eso dice Mario Bunge que "quienes alaban las artes por imaginativas y desprecian las ciencias por su supuesta aridez no pueden haber ido más allá de la tabla de logaritmos."

Al iniciar el proyecto, tratamos de formar la primera pareja reproductiva. Pero en nuestra pequeña población de 7 individuos sólo había un macho. Como las lechuzas son monógamas, había que decidir cuál hembra sería la afortunada pareja del fundador de nuestra dinastía.

La hembra potencialmente reproductiva se escogió entre las que ya habían puesto huevos. Se eligió la que presentaba una mayor calvicie incubatriz, área del vientre que pierde las plumas durante la incubación para calentar los huevos con la piel. Dejamos solos a los cónyuges, seguros de que teníamos la mejor de las parejas posibles.

Pero a las dos semanas se evidenció nuestra ineptitud como casamenteros. No había ningún interés entre los miembros de este matrimonio por conveniencia: no interactuaban entre sí, ni la hembra mostraba interés por el nido.

Cuando todo parecía indicar que el divorcio por incompatibilidad de caracteres era inminente, una de las otras hembras puso huevos y los incubaba con un celo tal, que era innegable su dominio sobre el resto de las vírgenes.

¿Qué hacer entonces? La decisión era difícil pero sólo teníamos dos opciones. O dejábamos al macho en su aviario y le ofrecíamos una nueva esposa, o mudábamos el macho al aviario donde incubaba la hembra, y retirábamos las otras cuatro.

Optamos por esta última aunque era un riesgo mayor, ya que podía ocurrir que el macho fuera atacado. En las lechuzas casi siempre las hembras son más grandes y fuertes y en casos de violencia familiar, a los varones les toca la peor parte. Para reducir el riesgo, le dejamos a la hembra sus huevos infértiles a fin de distraerla.

Preocupados por la integridad física del macho, los observamos durante dos noches. Todo salió bien, y a los 5 días retiramos los huevos infértiles.

Una semana después, la hembra puso otra vez y comenzó a incubar. A los 32 días descubrimos -emocionados- dos cascarones en el suelo del aviario. Nos acercamos a inspeccionar el nido, pero no encontramos rastros del polluelo. ¿Qué pudo haber pasado? Cuando se trata de lechuzas primerizas nunca se sabe.

La hembra pudo haber eliminado un polluelo nati muerto o devorado a su recién nacido. La inexperiencia y el estrés pueden ser la causa de esta conducta anómala. Curiosamente, la hembra, que alegó inexperiencia para criar a sus polluelos, no necesitó ninguna ayuda durante la cópula y puso 4 huevos fértiles.

Cuando el segundo huevo comenzó a eclosionar, lo pusimos en una incubadora. Nació un polluelo saludable y bullicioso, al que alimentamos con ratones triturados en un procesador y condimentados con calcio y vitaminas, cuatro veces al día: a las 8:00 a.m., a la 1:00 p.m., a las 5:30 p.m. y a las 11:30 p.m. Un trabajo agotador que sólo lo compensa la satisfacción de ver convertido en una hermosa lechuza lo que al nacer no era más que "una brizna de sueño y llanto". guerrero.simon@gmail.com

Al iniciar el proyecto, tratamos de formar la primera pareja reproductiva. Pero en nuestra pequeña población sólo había un macho.