Puro gadejo ADRIANO MIGUEL TEJADA 11 8 Siempre se ha dicho que las elecciones son una guerra, pero aquí son consideradas una guerra sucia. La guerra, aún la más cruenta, tiene reglas y hasta existe un convenio sobre uso de armas y tratamiento a heridos, pero en nuestras guerras electorales no hay protocolos que regulen el pleito ni piedad con los combatientes. La razón es muy sencilla: nuestras elecciones no son torneos políticos sino económicos. La victoria o la derrota significan la riqueza, el cambio de status, o la pobreza y el escarnio. Es una pelea darwiniana de vida o muerte por la supervivencia. Una pelea violenta y corrupta de todo se vale, porque ambas tienen la misma raíz. Si se repasa la historia electoral nuestra, con excepción del 1924, donde el candidato civilista Peynado antepuso el interés nacional al propio, aquí es muy difícil encontrar generosidad de espíritu en los perdedores, algunos de los cuales conocían su suerte desde mucho antes del conteo. En cada elección surge un motivo
Siempre se ha dicho que las elecciones son una guerra, pero aquí son consideradas una guerra sucia. La guerra, aún la más cruenta, tiene reglas y hasta existe un convenio sobre uso de armas y tratamiento a heridos, pero en nuestras guerras electorales no hay protocolos que regulen el pleito ni piedad con los combatientes. [...]
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