Los guloyas de San Pedro de Macorís
Alegría cocola
Convertidos en Patrimonio de la Humanidad, conforme con la declaración de la Organización de las Naciones Unidas para el Arte y la Cultura (UNESCO), los Guloyas han logrado una trascendencia internacional cuando varias generaciones de dominicanos han sido conquistados por su ritmo y su baile.
Los cocolos macorisanos convertidos en guloyas han convertido en singular música y alucinante movimiento los sentimientos de una comunidad que supo a tiempo trocar sus penas y tragedias en cadencias y tonadas tan aleccionadoras como melódicas. Las letras que definen sus danzas son también mensajes de agudos contenidos sociales en los que la batalla eterna entre el bien y el mal, la opresión de los poderosos y hasta el drama de la mujer son temas recurrentes. No se puede hablar de los guloyas sin mencionar sus lentejuelas y sus espejitos, con los que reflejan una alegría que parece infinita y que no puede ser más contrastante cuando se parte del hecho de que son ellos los hijos de la pobreza y de las miserias que salen de los bateyes. Por esos campos de sudor y lágrimas han llevado ellos durante muchos lustros su carga de esperanza con rostro de alegría. Momise, Guloya, del Buey, los Zancos son parte de su repertorio clásico, que se puede ver en las calles de los serie 23 y también en el carnaval de Santo Domingo.
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