Pedro encuentra la paz en las flores de su jardín y Carolina
El costo de la casa es de 4 millones de dólares
CONNECTICUT. Durante dos horas, los días que Pedro Martínez tiene que lanzar en el Shea Stadium, se sienta solo con sus petunias moradas y sus jacintas amarillas, las flores que hacen que su propiedad parezca un jardín botánico.
Su cerebro no está calculando qué lanzamiento realizar. Su mano derecha no está soltando la pelota hacia un bateador que está tratando de acorralar el plato. Sus coyunturas y hasta su molestoso dedo gordo del pie derecho no molestan en ese momento.
"Si me duele en algún momento, todo desaparece cuando estoy en el jardín", dijo Martínez.
Martínez, el lanzador estelar de los Mets de Nueva York conocido por su intensidad en el montículo, pasa mucho tiempo en el jardín de su residencia de seis habitaciones en el condado de Greenwich Conneticut, hablando con sus tulipanes. "¿Cómo estás tú belleza?", pregunta en un lenguaje poco usual para beisbolistas. "¿No vas a crecer para ser una belleza?".
Martínez, que tiene una marca de 5-0 esta temporada, lidera a los Mets con una de las mejores marcas. Pero después de las lesiones de algunos de sus compañeros, Martínez tiene aún más presión para mantener el equipo en buena dirección, obligándolo a ganar los partidos que abre.
"No me pidan que sea un lanzador en mi próxima vida", dijo Pedro, sentado entre sus flores. "Es demasiado doloroso".
Dijo que lanzar cansa tanto el cuerpo como la mente. Pero para llegar a su nivel- dijo- su vida debe tener equilibrio, un contraste a esa agresión que siente en el montículo. Para encontrar ese balance, maneja 40 minutos desde el Shea Stadium hasta la casa que compró el año pasado, para encontrarse con su santuario.
"No podía sacrificarme o dejarme envolver de la vida rápida que nosotros llevamos sin tener un lugar como este", dijo señalando el terreno donde está su casa.
Junto a Carolina
Sobrevolando esta área el año pasado, dijo que vio los árboles y se enamoró del lugar. Así que compró esa casa valorada en 4 millones de dólares. La comparte con su esposa, Carolina Cruz.
Después de cada partido en Queens, se va a casa donde lo esperan Carolina y su paraíso. Un camino pavimentado se extiende desde la autopista hasta su casa, dos cascadas naturales adornan el lugar. En la distancia se puede apreciar un lago lo suficientemente grande para manipular un bote de remos. Mapaches corretean entre los arbustos y las abejas vuelan sobre los tulipanes. El chirrido de las aves es tan constante que parece una grabación.
En la cochera, su Hummer blanca. En el patio trasero un columpio para sus dos hijos de una relación pasada. Dentro, techos de catedral, ventanales gigantes. La semana pasada el aire estaba lleno del aroma de un sancocho, hecho por una una prima de Pedro.
"Aquí vivo una vida normal", dijo Martínez, quien raramente entra a Manhattan. "No puedo ser siempre como soy en el terreno de juego, cuando estoy fuera, soy más pasivo".
"No se puede ser monodimensional con lo que se hace", dijo Jeff Wilpon, vicepresidente de los Metros y a la vez, vecino de Martínez. "Uno ve sus flores y como ha creado un pequeño paraíso. Son las cosas abstractas que lo hacen tan bueno".
Mientras Martínez está con sus flores, su esposa usa su tiempo libre para leer libros y La Biblia. Cruz, es hija de una pareja que maneja una liga de béisbol, una chica citadina. Ella maneja hasta Manhattan para comprar comida. Tiene planeado unirse a una liga de voleibol en Central Park, escribe una columna acerca de las Grandes Ligas en el Listín Diario.
Carolina dice que la primera vez que escuchó que a Martínez le gustaban las flores le gustó mucho. Pedro dice que ella pensaba que él era un "pariguayo".
"Su corazón está realmente conectado con Dios y la naturaleza, lo acerca a eso y es algo que estoy aprendiendo también", dijo Cruz, antes de sentarse a comer con dos predicadores de Sudáfrica y Miami. "Después de hablar con sus plantas, se puede ver como se le levanta el ánimo".
En Boston, equipo al que perteneció por 7 años, Martínez todavía es dueño de una casa que tiene un pequeño jardín. También la residencia de su familia en Manoguayabo, tiene una gran variedad de árboles.
La casa , el terreno y sus cachorros, este es el nuevo oasis de Martínez. "Siempre he querido tener un hogar, finalmente", dijo el hombre en quien los Mets tienen mucho invertido. "Esta es mi casa, aquí es donde me quedaré".
Martínez, el lanzador estelar de los Mets de Nueva York conocido por su intensidad en el montículo, pasa mucho tiempo en el jardín de su residencia de seis habitaciones en el condado de Greenwich Conneticut, hablando con sus tulipanes. "¿Cómo estás tú belleza?", pregunta en un lenguaje poco usual para beisbolistas. "¿No vas a crecer para ser una belleza?".
Martínez, que tiene una marca de 5-0 esta temporada, lidera a los Mets con una de las mejores marcas. Pero después de las lesiones de algunos de sus compañeros, Martínez tiene aún más presión para mantener el equipo en buena dirección, obligándolo a ganar los partidos que abre.
"No me pidan que sea un lanzador en mi próxima vida", dijo Pedro, sentado entre sus flores. "Es demasiado doloroso".
Dijo que lanzar cansa tanto el cuerpo como la mente. Pero para llegar a su nivel- dijo- su vida debe tener equilibrio, un contraste a esa agresión que siente en el montículo. Para encontrar ese balance, maneja 40 minutos desde el Shea Stadium hasta la casa que compró el año pasado, para encontrarse con su santuario.
"No podía sacrificarme o dejarme envolver de la vida rápida que nosotros llevamos sin tener un lugar como este", dijo señalando el terreno donde está su casa.
Junto a Carolina
Sobrevolando esta área el año pasado, dijo que vio los árboles y se enamoró del lugar. Así que compró esa casa valorada en 4 millones de dólares. La comparte con su esposa, Carolina Cruz.
Después de cada partido en Queens, se va a casa donde lo esperan Carolina y su paraíso. Un camino pavimentado se extiende desde la autopista hasta su casa, dos cascadas naturales adornan el lugar. En la distancia se puede apreciar un lago lo suficientemente grande para manipular un bote de remos. Mapaches corretean entre los arbustos y las abejas vuelan sobre los tulipanes. El chirrido de las aves es tan constante que parece una grabación.
En la cochera, su Hummer blanca. En el patio trasero un columpio para sus dos hijos de una relación pasada. Dentro, techos de catedral, ventanales gigantes. La semana pasada el aire estaba lleno del aroma de un sancocho, hecho por una una prima de Pedro.
"Aquí vivo una vida normal", dijo Martínez, quien raramente entra a Manhattan. "No puedo ser siempre como soy en el terreno de juego, cuando estoy fuera, soy más pasivo".
"No se puede ser monodimensional con lo que se hace", dijo Jeff Wilpon, vicepresidente de los Metros y a la vez, vecino de Martínez. "Uno ve sus flores y como ha creado un pequeño paraíso. Son las cosas abstractas que lo hacen tan bueno".
Mientras Martínez está con sus flores, su esposa usa su tiempo libre para leer libros y La Biblia. Cruz, es hija de una pareja que maneja una liga de béisbol, una chica citadina. Ella maneja hasta Manhattan para comprar comida. Tiene planeado unirse a una liga de voleibol en Central Park, escribe una columna acerca de las Grandes Ligas en el Listín Diario.
Carolina dice que la primera vez que escuchó que a Martínez le gustaban las flores le gustó mucho. Pedro dice que ella pensaba que él era un "pariguayo".
"Su corazón está realmente conectado con Dios y la naturaleza, lo acerca a eso y es algo que estoy aprendiendo también", dijo Cruz, antes de sentarse a comer con dos predicadores de Sudáfrica y Miami. "Después de hablar con sus plantas, se puede ver como se le levanta el ánimo".
En Boston, equipo al que perteneció por 7 años, Martínez todavía es dueño de una casa que tiene un pequeño jardín. También la residencia de su familia en Manoguayabo, tiene una gran variedad de árboles.
La casa , el terreno y sus cachorros, este es el nuevo oasis de Martínez. "Siempre he querido tener un hogar, finalmente", dijo el hombre en quien los Mets tienen mucho invertido. "Esta es mi casa, aquí es donde me quedaré".
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