Una comparsa DE galleros

Integrantes de la Comparsa de Los Galleros del sector Invi, de Los Mina, representando la escena que lleva a los desfiles de Carnaval. Héctor Carbucia

Dejando tras de sí un pasado de esplendor y éxitos y de innumerables premios ganados en el Desfile Nacional de Carnaval, la denominada Comparsa de los Galleros es hoy una tradición en vías de extinción que un grupo del sector Invi de Los Mina trata de salvar para la posteridad.

Roberto Jesús Almonte, un carnavalero a carta cabal, se ha propuesto desde hace dos años que los galleros sigan formando parte del carnaval, aún cuando a su entender, a nadie le interesa conservar tradiciones como ésas, "porque se gasta mucho".

Por esas razones, explica Almonte, hasta el momento la suya es la única comparsa de galleros que desfila en el carnaval de la provincia Santo Domingo y que acudirá al Desfile Nacional.

Por ahora, su comparsa sólo tiene 20 integrantes, la mayoría jovencitos, pero él aspira a agrandarla con 125 personas y 100 gallos para el Desfile Nacional de Carnaval, a pesar de no contar con patrocinio y de no cobrar a los participantes, que sólo deben llevar sus "sacos" y hacerles los remiendos que lleva el disfraz.

Hasta hace unos años, expresa Almonte, grupos artísticos de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) tenían una comparsa de galleros que obtuvo mucho éxito y ganó premios, pero fue descontinuada y, hasta 2007, cuando él decidió formar la suya, este tema estuvo fuera del Carnaval.

Orígenes

De acuerdo con lo expuesto con el sociólogo Dagoberto Tejeda, en su libro "Carnaval Dominicano: antecedentes, tendencias y perspectivas", esta comparsa se inspiró en el juego de gallos, que define como "una pasión de la cultura popular dominicana".

El sociólogo explica que la Comparsa de los Galleros es un teatro callejero carnavalesco de la Era de Trujillo, y una sátira y protesta por la represión policial contra los juegos de gallos, que fueron regulados y posteriormente prohibidos en ese entonces.

Los personajes eran representantes de Villa Mella y hablaban un dialecto local llamado pororó, de origen africano. Estas comparsas todavía sobreviven en el carnaval de Villa Mella, provincia Santo Domingo, el Distrito Nacional y Santiago de los Caballeros, agrega Tejeda.

Sostiene que por su falta de vigencia político-social, los galleros han ido desapareciendo como comparsa importante, pues lo mismo ha ocurrido con el juego de gallos que antaño era la gran distracción de la población campesina.

"La estampa tradicional de los galleros es un símbolo de resistencia y de rebeldía del pueblo ante la opresión del Estado. Durante la Era de Trujillo era realmente un personaje subversivo, contestatario, aunque de manera indirecta, porque era el pueblo, defendiendo su derecho a jugar a los gallos", expone Tejeda.

El juego de gallos, según plantea Tejeda en el citado libro, llegó a la isla con los colonizadores españoles, junto con las carreras de caballos, los naipes, las barajas y dados; el billar, la quema de Judas y los fuegos artificiales. "Vigentes en sus lugares de origen, los colonizadores españoles trajeron sus expresiones culturales, sus manifestaciones recreativas, a las que llamaban juegos, valorados en ocasiones por especialistas locales como expresiones de carnaval", agrega.

Mientras, el sociólogo Carlos Andújar considera que la Comparsa de los Galleros es una forma de registrar la migración del campo a la ciudad ocurrida luego de la muerte de Trujillo, "pues no debemos olvidar que el carnaval es una manifestación fundamentalmente urbana, y para esos momentos y aún, resulta muy difícil desagregar lo rural de muchas de nuestras manifestaciones urbanas, como igualmente pasa con la bachata"

Drama y disfraz

La Comparsa de los Galleros representa un drama en el que un grupo de campesinos es sorprendido en medio de un juego con gallos verdaderos por un policía que los reprende y tiene la intención de llevárselos presos. Da un par de macanazos a un jugador jorobado y todo termina en una confusión con corredera de por medio.

Roberto Jesús Almonte representa al policía en su comparsa de galleros. Es un veterano en estas lides, pues es la mascota del Licey, animador del equipo de Los Mina en el torneo de baloncesto, se disfraza de diablo cojuelo y Alí Babá desde que tiene memoria y además dirige el ballet folklórico del Ayuntamiento Santo Domingo Este.

Según explica, el disfraz de los galleros consiste en lentes a base de cáscaras de naranja sostenidos en las orejas por dos alambres, sombrero campesino y chaquetas de hombre llenas de remiendos, "pues en esa época no había máquinas de coser y los sacos se remendaban así".

Además del uniforme con pantalón ajustado, el policía también lleva una banderola en los pies, tipo botas, y los mismos lentes de cáscara de naranja de los galleros.