Agua en disputa
En nuestro medio, por ejemplo, es notorio el desperdicio de agua por motivos humanos
Con 21 millones de habitantes en apenas 76,192 km², la isla que compartimos con Haití está densamente poblada, a lo que se añade que una parte considerable del territorio es montañoso y presenta en muchas zonas un estado avanzado de deforestación. El resultado es la existencia de una gran presión sobre los recursos naturales, incluyendo el agua, y es sólo cuestión de tiempo para que esta última pase a ser una de las más agudas causas de conflicto entre ambas naciones. Las pugnas, sin embargo, no sólo afectarán las relaciones de los dos países. También se acentuarán entre comunidades locales, entre la electricidad y la irrigación, y entre las ciudades y las zonas rurales.
Las perspectivas climáticas tampoco son promisorias. Un estudio publicado por el Banco Mundial pronostica que la combinación del crecimiento demográfico y los cambios en el clima provocarán que la escasez de agua se extienda a nuevas áreas del planeta.
Las lluvias se harán más irregulares, con períodos más prolongados de sequías e inundaciones. Será afectada la agricultura, mostrando un descenso en los rendimientos de las cosechas, pero también las zonas urbanas sufrirán debido a la disminución del caudal de agua disponible por persona. El panorama, descrito de ese modo, es evidentemente sombrío, pero lo más relevante es si es posible tomar medidas para prevenir esos acontecimientos. El Banco Mundial cree que sí, pero advierte que será necesario efectuar variaciones fundamentales en hábitos y políticas.
En nuestro medio, por ejemplo, es notorio el desperdicio de agua por motivos humanos. Tuberías rotas, erosión de laderas, contaminación de aguas subterráneas, extracción de arena de los ríos, usos excesivos en fincas y muchas otras formas de pérdidas son frecuentes y flagrantes. Y por ser un asunto de gran impacto social y político, la determinación del precio del agua no se corresponde con los factores reales de costo.