Arte de la improvisación

Permite a quienes lo practican ir tomando decisiones sobre la marcha.

Algunas personas tienen una habilidad muy especial. Son capaces de hacer frente a desafíos y situaciones complejas con muy poca preparación previa. Confundida a veces con la dicha de tener suerte, el arte de la improvisación permite a quienes lo practican ir tomando decisiones sobre la marcha, según vayan sucediendo las cosas, y requiere, sobre todo, de un gran sentido de adaptación y una alta dosis de confianza en sí mismo. Se manifiesta en estudiantes que alegan salir bien en los exámenes sin estudiar mucho, en comediantes que divierten multitudes sin depender de un guión escrito, y en empresarios que inician proyectos sin haberlos evaluado con detenimiento.

Pero la improvisación no siempre funciona correctamente. Un ejemplo de ello fue el primer debate entre los candidatos a la presidencia de los EE.UU. Trump, acostumbrado a manejarse con unos cuantos clichés y frases sonoras, descuidó prepararse a fondo, creyendo que podría hacer lo mismo que en los debates para la candidatura de su partido, o en las presentaciones que hacía en una serie de televisión. Los resultados le fueron tan adversos, que decidió cambiar su equipo estratégico.

Muchas empresas dominicanas parecen compartir ese entusiasmo por la improvisación. Desdeñan elaborar planes y prefieren seguir repitiendo las fórmulas que fueron exitosas en el pasado. Confían en su destreza para resolver los problemas a medida que se vayan presentando, hasta que decisiones incorrectas las hacen quebrar o ser vendidas.

El presupuesto nacional solía ser también un objeto de improvisación. Estructurado más como una colección de partidas de gasto sin metas específicas medibles, el documento descansaba sobre una serie de supuestos, cuya finalidad primordial era subestimar los ingresos para dejar el mayor monto posible de recursos a la discreción del Poder Ejecutivo. Hay que reconocer que en esa materia el país ha logrado importantes avances.