?Cada dos semanas

Ya que los virus no son criaturas vivientes, no podemos atribuirles intenciones como las de las empresas que se benefician con la obsolescencia

Podría compararse a la obsolescencia tecnológica tan estudiada por los economistas. Por causa de la rapidez con la que esta última se lleva a cabo, productos fabricados hace poco tiempo son desplazados por versiones más recientes, las cuales incorporan nuevos componentes y funciones. Muy conocido por los dominicanos es el caso de los teléfonos celulares, en los que la función de hacer y recibir llamadas casi ha pasado a un segundo plano, dada la creciente importancia de otros dispositivos como las cámaras y la transmisión de datos. A esa obsolescencia contribuyen las compañías fabricantes, en vista de que el nivel de sus ventas está vinculado con su habilidad para conseguir que los consumidores decidan adquirir las nuevas versiones.

En paralelo con la obsolescencia tecnológica, y compartiendo varios de sus rasgos, en el ámbito biológico los seres vivientes van experimentando cambios a lo largo del tiempo. Y, también, lo hacen los virus, que no son propiamente objetos con vida, siendo notorios por la velocidad con la que nuevas versiones aparecen.

Ya que los virus no son criaturas vivientes, no podemos atribuirles intenciones como las de las empresas que se benefician con la obsolescencia de sus productos. No obstante, las nuevas versiones proliferan y desplazan a las anteriores igual que si fueran bienes vendibles en las tiendas y, en poco tiempo, son esas nuevas variantes las que predominan. No ocurre, sin embargo, que todas las novedades virales tengan éxito, pues la gran mayoría no tienen mayores consecuencias, y solo unas pocas logran difundirse mejor que las anteriores.

Pero aunque los virus no son procesos económicos, provocan efectos en las economías. Según el organismo británico que estudia el genoma del virus COVID-19, este muta aproximadamente cada dos semanas, lo que hará necesario seguir gastando dinero en vacunaciones periódicas, y acomodar ese gasto adicional dentro de los presupuestos anuales de salud pública.

Doctor en Economía de Columbia University especializado en empresas, mercados, pronósticos y riesgo.