?Equilibrio industrial
En la economía dominicana, igual que en muchas otras alrededor del mundo, la participación de los servicios dentro del conjunto de actividades productivas ha venido aumentando paulatinamente, habiendo llegado a ser el sector preponderante. Primero le tocó a la agropecuaria ver cómo su porcentaje del total disminuía, dejando nuestra economía de ser “eminentemente agrícola”, como se solía describirla decenios atrás. Y luego correspondió a la industria discurrir por un camino similar, sin que el desarrollo de las zonas francas pudiera impedirlo.
Los cambios en la composición del PIB responden a diversas causas, entre ellas los adelantos tecnológicos, las modificaciones en las preferencias de los consumidores y los costos relativos de producción. Ha sido notable en ese sentido el declive en la importancia de los recursos fijos, como son los yacimientos mineros y las tierras de labranza, en la determinación de la estructura productiva de un país, ya que el crecimiento de los servicios ha incrementado la movilidad promedio de los factores utilizados, dado su mayor empleo de recursos humanos intrínsecamente más móviles.
Por lo regular, esos cambios de composición no despiertan inquietudes ni hacen disparar alarmas, ya que se les vislumbra como procesos naturales por medio de los cuales las economías se adaptan a las variaciones ocurridas, tanto propias como en sus entornos. No faltan analistas, sin embargo, que les asignan una mayor relevancia, atribuyéndoles un rol en las perspectivas de avance técnico, aumento en la calidad de vida, nivel de seguridad económica y capacidad para la creación de empleos.
Esos analistas deploran especialmente los descensos en la participación del sector industrial, sobre todo si éstos dan lugar a una más elevada dependencia de bienes e insumos importados, tal como ha sucedido en nuestra economía. Argumentan que ese proceso debilita seriamente los vínculos intersectoriales, limitando los apoyos recíprocos.