Espiral descendente
Las inversiones bajan, la productividad cae, y la demanda efectiva se reduce aunque las necesidades hayan aumentado.
En las teorías optimistas acerca de cómo pueden los países pobres escapar de su miseria, la acumulación de efectos juega un papel estelar. Se postula que una vez que en esos países comienza un proceso de desarrollo, marcado por inversiones en infraestructura, mejoras sociales, instalaciones industriales e incrementos en la productividad, el proceso tiende a reforzarse a sí mismo. Eso sucede porque se inicia un cambio en la estructura económica que se refleja en la demanda de bienes y servicios, la cual crea oportunidades de negocio que son aprovechadas vía un subsiguiente aumento en la oferta. Es un concepto optimista en el sentido de que las fuerzas del mercado, motivadas por la búsqueda de beneficios, se convierten en aliadas del crecimiento económico, aportando un mecanismo autónomo adicional al puesto en marcha por políticas gubernamentales específicas. Hay, por lo tanto, una consonancia entre factores, automáticos y deliberados, que impulsan la economía en dirección ascendente.
Pero ocurre que esa clase de procesos puede también provocar un desplazamiento en la dirección opuesta. Igual que es posible concebir un comportamiento ascendente, es posible también vislumbrar procesos de deterioro que se tornan acumulativos, sobre todo si van acompañados por el colapso de las instituciones que constituyen el marco de referencia para las actividades económicas. Las inversiones bajan, la productividad cae, y la demanda efectiva se reduce aunque las necesidades hayan aumentado. En esas condiciones, la inestabilidad socava la paz social y las expectativas son dominadas por pronósticos pesimistas.
Entrar en una fase acumulativa ascendente es mucho más arduo cuando no se parte de una situación de estancamiento, sino de una espiral descendente, ya que es preciso primero revertir los efectos de los procesos que condujeron a ella. Ése es el tipo de labor que hay que acometer en el vecino Haití, tarea que desborda la capacidad de nuestro país para afrontarla.