Gastos de campaña

Los candidatos en las elecciones parlamentarias celebradas en Haití tuvieron que decidir cómo distribuir sus gastos de campaña entre diferentes medios. Dado que el número de aparatos de radio es varias veces superior al de televisores, a que la penetración de las redes sociales por internet es exigua, y a que una gran parte de la población no sabe leer ni escribir, el medio más utilizado fue la radio, mucho más predominante allá que en nuestro país.

Igual que aquí, los candidatos en Haití gastaron también en fiestas y reuniones populares, en las que se repartieron bebidas, comidas, gorras y camisetas, a pesar de que muchos de los que asistían eran menores de edad o simpatizaban por otros candidatos.

Se puso gran empeño en confeccionar temas musicales alegóricos a las candidaturas, compitiendo por lograr el de mayor “pegada”. Ya que los conceptos escaseaban y las promesas abundaban, los estribillos y los ritmos sustituyeron a las ideas.

Muchos de los participantes en los mítines y caravanas recibieron transporte gratuito y un pago por su asistencia, pequeño pero atractivo en vista de la miseria existente. No fue raro que una misma persona recibiera dinero de varios bandos, y que tratara de ir al mayor número posible de eventos. Algunos se quejan, sin embargo, de que al final no les pagaron, o les dieron menos de lo que le habían ofrecido.

A esos gastos de campaña se añadieron otros, menos visibles, encaminados a impedir que los opositores votaran o a persuadir, con ofertas de recompensa posterior, a que se votara por un determinado candidato.

1,800 haitianos fueron candidatos para los 118 escaños de la Cámara y miles más para posiciones locales. Si se mide por el porcentaje de los inscritos que votaron, la efectividad de los gastos fue cuestionable, dada la baja participación registrada. Pero el objetivo de los contendientes no era fomentar la democracia, sino conseguir un puesto.

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