Juegos en la crisis

Con la antorcha ya encendida y en ruta por Brasil, el tema de conversación en otras circunstancias hubiera sido la próxima apertura de los juegos olímpicos. Faltando menos de tres meses para su inicio, ellos hubieran dominado los reportajes noticiosos, atraído juiciosas comparaciones con eventos anteriores, y sido material propicio para elaborar predicciones. La economía, sin embargo, se interpuso en su camino.

La crisis política, desatada por el colapso del crecimiento económico, ha desviado la atención de los brasileños hacia la posible suspensión temporal de las funciones de la presidenta del país, su reemplazo por un rival político, su enjuiciamiento por el Senado y su eventual separación definitiva del cargo. Se desconoce quién estará sentado en el palco presidencial el día 5 de agosto, fecha de inauguración de los juegos.

Según el Comité Olímpico Internacional, las instalaciones deportivas no son motivo de inquietud, estando ya completadas en un 98%. Más preocupante es el transporte, pues la línea 4 del metro de Rio de Janeiro, diseñada para enlazar las principales ubicaciones de las competencias, no estará lista de acuerdo a lo programado. Pero lo peor es el ambiente de confrontación que mantiene dividida a la población en bandos políticos antagónicos.

Es tal el predominio de ese ambiente que lo que hubiera debido ser la mayor amenaza para los juegos también ha pasado a un segundo plano. Se trata del zika y sus efectos sobre el número de visitantes y la protección de las delegaciones deportivas. No se ha registrado un descenso significativo en las reservas de hoteles, en los vuelos de las aerolíneas o en el estimado de llegadas por vía terrestre.

Las coloridas y fastuosas ceremonias de apertura suelen girar en torno a tópicos de interés nacional, como fue James Bond en los juegos de Londres. Hay quienes preguntan si Petrobras y los sobornos serán parte de la coreografía de este año.

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