Procesos de transición

El presidente argentino Mauricio Macri ha dicho que el gobierno bolivariano debe permitir en Venezuela un proceso de transición, y la canciller venezolana ha descrito al gobierno de Macri como una página oscura de la historia argentina. Pero si la transición económica en la Argentina está encontrando fuertes resistencias, un proceso similar en Venezuela sería mucho más duro.

No sólo el deterioro económico ha sido más agudo, sino que la supresión del sistema de precios como brújula para la asignación de recursos productivos ha avanzado más.

Los economistas no tienen una receta única para todos los casos. Algunos abogan por medidas drásticas, a ser tomadas en un lapso corto de tiempo a fin de aprovechar la percepción de que se requieren grandes cambios, alterando a su paso las expectativas de consumidores e inversionistas.

Otros, más cautelosos, prefieren un enfoque más gradual, con cambios paulatinos que se vayan aplicando luego de haberse puesto en marcha paliativos para sus efectos más traumáticos.

La transición argentina es facilitada por el bajo endeudamiento externo dejado por el gobierno anterior, resultante de la exclusión del país de los mercados financieros internacionales por su disputa con algunos acreedores, lo que permite al gobierno de Macri contratar nuevos créditos ahora. En Venezuela, la economía y el petróleo son las dos caras de la misma moneda, y las penurias de este último no ayudan a que la primera cuente con los fondos requeridos para poder transformarse.

Casos como ésos hacen recordar el proceso de transición de Alemania Oriental hacia una economía de mercado. Reactivar su aparato productivo sobre bases competitivas ha tomado años y se lleva a cabo gracias a la inmensa cantidad de recursos aportados por Alemania Occidental para la reunificación nacional. Aún hoy en día hay quienes dicen que ése fue un encomiable logro político, pero no tan buen negocio.

gvolmar@diariolibre.com