Rastro del dinero

Muchas de las mayores fortunas del planeta tuvieron orígenes oscuros, habiendo surgido de favores gubernamentales, expropiaciones forzosas, acaparamiento de productos, fraudes financieros, uso de informaciones privilegiadas, plusvalías por obras públicas, tráfico de influencias, expoliación del medio ambiente, explotación de personas, supresión de competencia, evasión de impuestos y otras prácticas de dudosa moralidad. La forma como algunas de esas riquezas fueron rodeadas posteriormente de una aureola de prestigio social, puede hacer palidecer de envidia a los más osados delincuentes de la actualidad.

El secreto ha sido un acompañante valioso de esas fortunas, y en ese aspecto los paraísos fiscales han jugado un papel importante. Si de los llamados papeles de Panamá puede extraerse una lección, es que la informática, la revolución digital y el avance de las comunicaciones han hecho más vulnerable ese secreto. Ya no hay que recoger toneladas de expedientes, notas y documentos de gran peso y volumen. Basta seguir el rastro del dinero, las transferencias bancarias, las operaciones de los fondos de inversión o las compras y ventas de activos. Y, por supuesto, ayuda mucho poder escanear archivos comprometedores.

Personas y empresas de todo el mundo, incluyendo a nuestro país, figuran entre los clientes del bufete legal panameño cuyos registros fueron expuestos. La frontera entre lo que es legal y lo que es ético no está trazada en blanco y negro. Es con frecuencia difusa, imprecisa, sujeta a criterios interpretativos. Buscar la forma de reducir cargas tributarias, evitar supervisiones o librarse de reglamentaciones puede no contravenir ninguna ley, pero aún así el recurso a mecanismos de ese tipo no suele ser aplaudido por la inmensa mayoría de la población que no tiene acceso a ellos. Es una señal más de las disparidades que aquejan a las economías en esta era de globalización financiera.

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