Rendimientos a la baja
Las protestas tienen un costo, mientras que la percepción de sus beneficios decae con su repetición sin cambios en la situación
Uno de los principios más mencionados por los economistas es el de los rendimientos decrecientes, que se manifiesta en una versión aplicable a la producción en forma de un descenso en la productividad a medida que se aumenta el empleo de un factor como la mano de obra sin variar el de los demás, y en una versión aplicable al consumo a través de una disminución en la utilidad que el uso de un bien o servicio genera a medida que se incrementa la cantidad utilizada.
Otra versión de ese principio podría actuar en lo que respecta a las protestas sociales. En Francia, un año después de empezar las manifestaciones de los chalecos amarillos, su caudal de participantes ha disminuido significativamente, al punto de que para mantener su vigencia sus dirigentes han tenido que aceptar sumarse a los eventos organizados por las centrales obreras. Y, más cerca de nosotros, en Venezuela, la magnitud de las marchas de la oposición al gobierno bolivariano han declinado de manera notoria.
Los analistas de la situación venezolana tienen varias explicaciones, según sean sus preferencias políticas. Los opositores más radicales atribuyen el declive a la pérdida del ímpetu popular provocada por los ceses temporales ocurridos de tiempo en tiempo en las movilizaciones, llevados a cabo a fin de dar paso a negociaciones que al final no sirvieron para nada. Los más cercanos a las autoridades lo atribuyen a una mejora en las condiciones económicas en respuesta a políticas puestas en ejecución por el gobierno. Y otros dicen que se debe a divisiones en las filas del movimiento opositor.
Pero, aparte de esas razones, están los rendimientos decrecientes. Las protestas tienen un costo, tanto económico como personal, mientras que la percepción de sus beneficios decae con su repetición sin cambios en la situación, y eso se aplica a todos los bandos. En efecto, se observa también un marcado descenso en el tamaño de las manifestaciones progubernamentales.