Resultados alternativos
Los países que poseen mercados financieros en que se transan acciones de compañías, utilizan los índices de precios de dichas acciones para medir la pujanza de sus economías. Pero para que esa medida sea fidedigna, el nivel de esos índices debe reflejar las actividades económicas que se llevan a cabo, y no ser consecuencia de manipulaciones monetarias efectuadas para que las acciones suban de precio.
Las políticas de tasas ínfimas o negativas de interés aplicadas por las naciones desarrolladas ha permitido observar, como en un laboratorio, sus efectos sobre otras magnitudes económicas, pues al haber estado vigentes por suficiente tiempo ha sido posible descartar efectos fugaces y eventos concurrentes pero independientes.
Entre esas observaciones figura una relacionada con el comportamiento de las empresas. Al bajar el costo del financiamiento y aumentar la demanda de los consumidores, era previsible que numerosos proyectos pasaran a ser rentables, provocando un alza extraordinaria en las inversiones corporativas. El comportamiento observado, sin embargo, ha sido que muchas compañías han aprovechado la abundancia de dinero para recomprar acciones, haciendo subir su precio en beneficio de los accionistas remanentes. Y ese proceso ha sido acompañado por una menor disposición a emitir nuevas acciones de capital, dado el bajo costo de la contratación de deudas.
Hay que reconocer que la frontera entre políticas monetarias expansivas legítimas, dirigidas a contrarrestar factores recesivos, y aquellas dirigidas a apuntalar y promover un alza continua en el precio de las acciones, no es tan precisa como sería deseable. Para distinguir entre ellas, hay que recurrir a otros índices complementarios, como son la tasa de desempleo, los planes de inversión, el saldo comercial externo, las compras de inmuebles, los inventarios de mercancías, el endeudamiento familiar y corporativo, la movilidad laboral y la confianza de los consumidores.